Irene Cari: “El pensamiento feminista indígena existe y va creciendo”

La presidenta del Foro de Mujeres por la Igualdad de Oportunidades, Irene Cari, es una de las expositoras que participará mañana en un conversatorio sobre feminismos populares y comunitarios en América Latina, en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se conmemora cada 25 de noviembre.

La referenta salteña compartirá el espacio junto a otras mujeres dirigentes, defensoras de los derechos humanos de bases territoriales de Ecuador, Bolivia y Colombia: Hilda Susana Chacha, Ilda Vargas Colmena y Virgelina Chará.

La actividad se desarrollará por medio de videoconferencia y requiere inscripción previa

Organizan la Fundación GeMa (Género y Masculinidades), desde Salta, y la campaña Lazo Blanco, desde Buenos Aires.     

¿Qué compartirá usted en la jornada?

Yo trabajo hace muchos años como activista y militante, desde 1997, cuando estuve en la Universidad Nacional de Salta (UNSa) y pude transformarme en feminista desde los estudios, cuando cursaba la carrera de Ciencias de la Educación. 

Desde ahí no tengo vuelta atrás, después de una gran experiencia de acercamiento a mis derechos. No he dejado de activar, capacitarme y militar por todo lo que hoy tenemos: los marcos legales en nuestra provincia y toda la historia que ha costado enorme esfuerzo de los movimientos feministas como el aborto, la lucha contra la trata, el femicidio, el abuso sexual y la violencia contra las mujeres, que es gravísimo y es el tema que más nos une y nos ocupa a los movimientos de mujeres de todo el mundo.

Este año nos convocamos para unir las voces latinoamericanas y caribeñas en el análisis político de Beijing +25, en defensa de los derechos de las mujeres (NdR: en 2020, se cumplen 25 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing de 1995).

Esto no deja afuera la palabra, las voces y los análisis de las mujeres salteñas, que tenemos experiencias en cuestiones de lucha y de cuánto hemos incidido en las políticas de nuestra provincia, como programas de derechos sexuales y reproductivos y la ley de violencia intrafamiliar... Siempre con un enorme esfuerzo del movimiento de mujeres y de movimientos políticos.

A cada paso, rompimos muchos muros: geográficos, culturales, silencios y machismos conservadores, porque nuestra provincia tiene una fuerte creencia religiosa y nuestras comunidades, fuertes creencias míticas patriarcales.

Esto nos ha unido a las mujeres salteñas para plantarnos y exigir las adhesiones a las reformas de las leyes a nivel nacional: siempre cuestionamos a los grupos políticos para tener los mismos derechos.

¿Qué reflexiones hace para este día?

El 25 de noviembre implica siempre un análisis político como activistas y militantes de cuánto nos hemos desafiado las mujeres argentinas y las salteñas por los derechos sexuales reproductivos, la lucha contra la trata, el femicidio, el abuso sexual infantil... Temáticas que a las mujeres siempre nos han tenido en alerta. 

La paridad política, para mí, como mujer política, sigue siendo una deuda pendiente en todo lo que implican las contiendas electorales. Soy idealista y será otra historia cuando las mujeres feministas lleguemos a un espacio importante en la paridad de género. Hablo de un pensamiento feminista que quiere transformar y revolucionar porque esa es nuestra crítica y nuestros objetivos...

Este año de pandemia afectó mucho a las mujeres...

El 25 de noviembre es una fecha de visibilización, de reflexión y de conmemoración a nivel mundial. Vamos a visibilizar también los hechos más tristes y que han golpeado fuertemente como es la pandemia de COVID-19.

Las mujeres de distintos espacios vamos a cuestionar a un sistema político que en estos tiempos ha golpeado mucho a las mujeres. 

Creo que este 25 de noviembre va a ser diferente para el movimiento de mujeres. El pensamiento feminista va a estar muy teñido y marcado por el contexto que vivimos a nivel nacional y sobre todo en Salta porque ha habido una fuerte represión contra las mujeres que hacemos trabajos territoriales.

¿A qué se refiere?

Tuvieron que pasar cosas para que se construyan mecanismos de protección para que los derechos no queden congelados entre las cuatro paredes porque la desaparición de mujeres y la trata de niñas es cada vez más fuerte en este contexto.

Ha sido develada la inoperancia de la Justicia, que está siendo y va a ser muy cuestionada, así como todo el sistema de protección a las víctimas. 

Lo hemos vivido en la piel y en la vida, porque yo misma fui víctima de una represión y privada de mi libertad por horas y sé de qué se trata este decreto de necesidad y urgencia Nº 255 (NdR: luego de haber sido convertido en ley, ya no está vigente).

Al ver el vacío legal o la ausencia de la Justicia, las mujeres creamos otros dispositivos. Es algo que no debería ser, pero las mujeres avanzamos. 
Un trabajo que hacemos desde hace muchos años en los barrios de Salta la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres lo ha tomado como un descubrimiento. 

Las mujeres nos protegemos entre nosotras en los territorios. No dejamos de crear dispositivos como el autocuidado y los domicilios seguros porque los refugios y los dispositivos de nuestra Provincia no dan respuesta, así como tampoco la Justicia. 

Vimos lo que pasó días atrás con el enorme desalojo que han sufrido les niñes (sic), sus madres y las familias. Cuando hacen denuncias por violencia de género, las mujeres escapan pero, al no haber respuesta, cada dispositivo de atención a las víctimas es como una isla... Por eso no paran los femicidios. ¿A dónde van a ir las mujeres? ¿A dónde van a escapar?

¿Qué caracteriza a los feminismos populares y comunitarios?

Nosotras tenemos una voz en común: los derechos nadie nos los ha regalado. Es un concepto que lo tenemos claro las mujeres que trabajamos en las bases territoriales.

Hacemos un trabajo de cuerpo a cuerpo, de cara a cara, con las demandas que hay en un sistema tan desigual, en una sociedad tan excluyente y discriminatoria... Hacemos este trabajo del feminismo político porque es un posicionamiento de un gran espacio de mujeres que históricamente hemos estado excluidas, así como la diversidad sexual.

Nosotras nos llamamos populares porque trabajamos con la palabra, la voz, la música, los movimientos, con lo que sabemos hacer, que es proteger la vida. Tenemos merenderos, comedores y centros artísticos donde protegemos el desarrollo de capacidades de la infancia, la salud y la educación. 

Los definimos como feminismos populares porque hacemos política. Nosotras no desconocemos que nuestro camino es la transformación de una sociedad más igualitaria y más consciente de los derechos legislativos que cada país ha logrado, pero hay algo que nos une a las mujeres latinoamericanas, caribeñas y a las mujeres del mundo: las convenciones y los tratados internacionales.

¿Existe un feminismo indígena?

Es un gran debate, pero para mí, sí: existe el feminismo indígena. Avanzó tanto la formación, la capacitación... Quizás no tiene la misma expresión, la visibilización y la producción de conocimiento porque hay una fuerte discriminación...

Yo soy parte de las mujeres indígenas porque mi historia viene desde ahí. Me dieron a un convento a los 7 u 8 años para que aprendiera a leer y escribir. Yo hablaba wichí porque vivía en las comunidades y hablaba quechua como mi abuela y mi madre. Ya no puedo hablar porque me dieron de pequeña para que yo pueda “ser alguien en la vida”, como dice mi mamá, y pueda hablar como te estoy hablando porque, si no, no estaría acá.

Es difícil que nosotras, las mujeres urbanas, que tenemos amplia formación, nos podamos acercar y estemos a la par de ellas. Es muy difícil....

Soy militante y comparto muchas experiencias y ellas lo tienen claro. El tema es que hay una discriminación en todos los ámbitos en los que se podría socializar ese pensamiento.

¿Qué vulneraciones tienen las mujeres indígenas?

Una de las mayores vulneraciones es la enorme carga cultural de discriminación y el querer erradicarlas con un pensamiento hegemónico como es la lengua.

Nosotras producimos nuestras propias lenguas pero tenemos fuertes barreras para publicar, para difundir, para escribir, para dar clases... 

Después de 500 años, las maestras luchamos para que el Ministerio de Educación de la Provincia incluya la enseñanza-aprendizaje en lengua wichí, que es la que más se habla en las comunidades, para que sea parte de las aulas desde el nivel inicial hasta la formación profesional bilingüe, sobre todo en el norte de Salta, donde somos una población mayoritariamente de pueblos originarios y llevamos en nuestra sangre la sangre indígena.

Quizás se demore un año este proyecto que acompañan varias organizaciones de mujeres y organizaciones que militan dentro de los cuadros políticos. 

¿Quiere decir algo más?

Hay un pensamiento feminista indígena y va creciendo... En algún momento, tendremos el espacio que se merecen nuestras voces y mis hermanas estarán como mujeres científicas que aporten a la transformación jurídica, sobre todo.

La transformación jurídica es muy importante y es la deuda pendiente en un país federal y democrático. Es un desafío y no dejamos de seguir como educadoras, como docentes bilingües y maestras indígenas creando un espacio grande de encuentros.

Las mujeres de los pueblos originarios tienen conocimientos y producción desde sus sentires, sus reflexiones y su visión de sus territorios. El enorme desalojo que a veces padecen las comunidades es porque los derechos humanos y los derechos territoriales desde la perspectiva de género aún no han llegado. 

Seguro nos va a llevar mucho tiempo, quizás años, pero estamos en el camino del feminismo indígena.

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