Relatos salvajes

Los que siguen son algunos "relatos salvajes", o que podrían llamarse tales, conforme una constante de la Argentina que es enmascarar con alguna pretensión épica altisonante los muchos contrastes, importantes o no tanto, que nos vienen acompañando desde que nos conformamos como nación.

La intención de la nota es la de bajarle el tono a tales "relatos", procurando "rellenar la grieta" con un poco de racionalidad y, tal vez, humor.

No se pretende, por supuesto, que los "relatos" sean exhaustivos, y tampoco que los propuestos conformen a todos los lectores, pero, al menos, se ofrecen algunos, tal vez importantes, que han sido listados con cierto criterio cronológico.

Unitarios y federales

Seguramente es este el primer "relato", construido por Rosas, para poner blanco sobre negro en la diferencia de concepción de unos y otros en la forma de organizar el país, aunque es claro que Rosas no tenía ningún apuro en hacerlo a la vez que su federalismo era bastante opinable, siendo no menos cierto que la organización del país luego de su caída no fue precisamente fácil, en tanto la otra "brecha", la del país interior respecto a la provincia de Buenos Aires y su por entonces capital, aun con muchos esfuerzos y otros tantos logros, nunca logró cerrarse y en muchos aspectos se agrandó.

Como quiera que sea, este "relato", como tal, afortunadamente desapareció con la sanción de la Constitución federal de 1853 y modificaciones posteriores, si bien muchas de sus proyecciones todavía persisten, ejerciendo las provincias hasta el presente un federalismo bastante "descafeinado".

"El régimen falaz y descreído"

Este "relato" tiene que ver con la acusación que la futura Unión Cívica Radical (UCR) le hacía a los gobiernos, especialmente al de Juárez Celman (1886-1890), que estaba señalado como muy corrupto, lo que motivó justamente una revolución que forzó su renuncia en 1890 y que se considera como el origen de la UCR como partido político. Este "relato" fue relativamente breve, pero muy importante por cuanto, si bien realzado precisamente como tal, ponía en evidencia una falla muy seria en el andamiaje institucional de la Argentina cual era el retaceo de la voluntad popular para la elección de sus autoridades, lo que no quita que haya habido figuras valiosas que no eran precisamente "descreídas", como Carlos Pellegrini, Roque Sáenz Peña o nuestro comprovinciano Victorino de la Plaza, quien le entregó los atributos del mando al primer presidente elegido inobjetablemente por la voluntad popular: Hipólito Yrigoyen. Este "relato" mantiene vigencia implícita porque los "derrotados" por la Ley Sáenz Peña nunca se repusieron y hasta la fecha no han logrado conformar una alternativa política que despierte una adhesión ciudadana mayoritaria.

Nacionales y populares (N&P)

Bajo la Organización Nacional y especialmente a partir de la incorporación de la provincia de Buenos Aires, la Argentina participó de la "corriente principal" en materia económica, cual era la economía de mercado y el comercio internacional. Los resultados económicos fueron extraordinarios, al punto de transformar a la Argentina, de país prácticamente inexistente, a formar parte del "club" de naciones más prósperas, llegando incluso en algunos años, en torno al Centenario, al liderazgo en cuanto a PBI por habitante. Sin embargo, el peso cultural de la enorme corriente inmigratoria, unida a la actitud frívola de una parte del "régimen" y el fuerte colapso mundial de la gran crisis de 1929 que afectó profundamente a la Argentina, condujeron al surgimiento de una fuerte ola nacionalista que abrevaba también de concepciones similares en algunos países europeos, como Alemania, España e Italia, entre otros.

Esta corriente es responsable en buena medida del golpe de estado de 1930 y especialmente del golpe de 1943 que abrió las puertas a los gobiernos de Perón entre 1946 y 1955, habiéndose generado una nueva grieta entre los "nosotros, nacionales y populares" y los "ellos, oligarcas, cipayos y vendepatrias". Las proyecciones hacia la economía de este nacionalismo no han desaparecido, aunque las consignas se han traslado desde "los niños bien" originales a la gente de a pie, teniendo fuerte arraigo en una gran parte de la población y algunos sectores de la economía, aunque vienen desdibujándose por imperio de las circunstancias que han agotado la fortaleza de este "relato".

Agro e industria

De la mano de la irrupción nacionalista vino una corriente de opinión que consideraba que "el agro" era el responsable, al menos indirecto, de las crisis externas que provocaban caídas en el PBI y el empleo por el estrangulamiento de divisas originado en la caída de exportaciones junto a la penuria de importaciones principalmente de bienes de consumo. La solución entonces pasaba por producir en el país lo que se importaba, con lo que ya no era necesario tampoco exportar, lo que atrajo enormes contingentes de población reunidos en torno al sector fabril alrededor del puerto. Además de hacer menos necesario el ferrocarril y su mantenimiento (puesto que la población y el consumo, además de los votos, estaban todos en la "Gran Ubre") y desequilibrar la Argentina, el nuevo "modelo", mientras denostaba el agro y le quitaba incentivos para producir y exportar, se complicaba con nuevas crisis.

Esta vez, las crisis eran provocadas justamente por esa carencia de divisas de un agro disminuido, divisas estas que eran absorbidas por la avidez de la nueva industria por importaciones, esta vez de maquinaria e insumos que la industria no proveía. 
Por supuesto, había esta vez un salto cualitativo: las crisis ya no eran importadas; ahora eran nuestras: genuinamente N&P...

Al Fondo, a la derecha...

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido considerado siempre un organismo perverso cuyo único propósito es empobrecer a las naciones de menor desarrollo con sus “planes de ajuste”. 
En realidad, y más allá de que las recomendaciones del FMI no tienen mucho “sabor keynesiano” porque se basan en gastar menos, al revés de lo que se le atribuye a Keynes, quien supuestamente proponía lo contrario, lo cierto es que Keynes sugería, efectivamente, aumentar el gasto público, pero en circunstancias en que el consumo y la inversión privada estaban decaídos por falta de confianza ante la presencia de una fuerte crisis y con un gasto público no mayor a un 10% del PBI. 
Por el contrario, las economías que acuden al Fondo están “sobregastadas” por políticas populistas en la casi totalidad de los casos, con lo que recomendar que gasten todavía más no tiene sentido ni posibilidades porque no disponen de medios con qué sufragar esos mayores gastos, ya que el abultado nivel del existente les provoca inflación por la parálisis de la economía, incapaz de producir más porque no tienen tampoco con qué pagar mayores importaciones ante la crisis de su balanza de pagos.
 Consecuentemente, si la economía pide recursos, es bastante explicable que quien se los va a prestar se asegure de que podrá devolverlos, lo que sólo podrá ser factible si, en lugar de un descomunal déficit, la economía logra un modesto superávit fiscal, al menos, con el que reunir fondos para devolver el capital y los intereses. 
No es muy complicado, ¿verdad? Y hablando de perversidades, ¿qué es más diabólico? ¿Gastar lo que no se tiene, o que el acreedor pretenda que le sean devueltos los fondos solicitados para “salir del pozo”?...
 

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