Carlos Alberto Torres. Un grande entre los tres palos, un ídolo de multitudes, un enemigo de los delanteros, pero principalmente un showman en el campo de juego. O para los que lo vieron jugar, Cata fue el gran arquero que hacía disfrutar del fútbol, pero también infartar a la hinchada en cada intervención “riesgosa”.
Pero quién era este querido arquero que se fue de este mundo hace una semana y que las nuevas generaciones no conocieron.
Nació al final de la década de los 40, Carlos Torres se inició en los años 55 como titular del arco de Central Norte y a partir de allí paseó su jerarquía por varios clubes de nuestro país y de Bolivia.
En Salta jugó en Central Norte, Rivadavia, Peñarol, Gimnasia, Correos, Libertad y Juventud.
Ya en el 72 emigró a Bolivia y jugó en Universitario y en tres años pasó a formar parte de las filas de Municipal, después pasó a Mariscal (Santa Cruz), San José Always Ready, 1º de Mayo (Potosí) para retornar 10 años después a Municipal, donde se fue 4 años más tarde, tiempo en que decidió “colgar” los botines.
Su etapa como jugador también incluyó la Selección de la Liga Salteña de Fútbol, la Liga Jujeña y de Gimnasia y Esgrima de Jujuy.
Y hasta allí ya había construido una fama que hoy se reinscribe en el firmamento. Veloz, oportunista, pero a la vez un verdadero actor en el campo de juego, que iba de las grandes atajadas, hasta lograr parar los corazones de sus hinchas con intervenciones peligrosas que incluían provocaciones a sus adversarios, que lo admiraban, mientras lo querían “comer vivo”.
A partir de los 90 comenzó su etapa como director técnico en el club 1º de Mayo, en donde había sido jugador y logró salvarlo del descenso. Y cerró su paso como DT en el Litoral, del vecino país.
Pero como la tierra tira, volvió a Salta a radicarse definitivamente. Así, sin antes resaltar el buen trato que tuvo del otro lado de la frontera, se embarcó en las aguas del fútbol salteño.
En Salta fue director técnico de Atlético Libertad y San Martín, en una vida intensa donde hizo todo a puro corazón futbolero, ese mismo que un día dijo basta, a los 82 años y no lo dejó aferrarse a la vida. Un recurdo imborrable.

El apodo no se modificó
En marzo de 1992 Torres hizo una revelación que estaba entre cuatro llaves. Aquello del apodo “Cata” venía por la nariz, pero, cuál fue la transformación. “En el año 1978, jugando contra Strongest, en una atajada me di contra el poste y me quebré la nariz. Me operaron y quedé perfecto”, reveló. 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Deportes

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...