Trump y un circo trucho

Realmente, las cosas no pueden ir peor al Partido Demócrata a nueve meses de las elecciones presidenciales en las que se las están poniendo a Donald Trump como le ponían las carambolas del billar a Fernando VII.

Por supuesto que en un período de tiempo que equivale a una gestación humana todo puede cambiar.

El embarazo puede malograrse, pueden ser trillizos o puede resultar que un matrimonio de Alcaudete de la Jara de familias que pueden remontar su pedigrí local a al menos siete generaciones tenga un niño color Alto Volta.

Todo es posible. Pero a día de hoy hay que reconocer que los demócratas están haciendo todo lo posible por perder las próximas elecciones. Donald Trump se pellizca las mejillas varias veces al día porque no da crédito.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump derrotó el intento de derribarle en el impeachment porque, como dijo el senador Ben Sasse de Nebraska, "no se destituye a un presidente por atender primero los consejos de malos asesores y finalmente aceptar el consejo de mejores asesores. Y eso es lo que pasó en este caso".

Pero como vimos en una pancarta desplegada en el Congreso cuando empezaban las audiencias en la Cámara de Representantes, se trataba de destituirlo porque si no, sería reelegido.

Y hay que ser muy tonto para poner ese proceso en marcha sabiendo que tienes todas las posibilidades de perderlo. Perdieron y con ello reforzaron enormemente la candidatura de Trump para el 3 de noviembre.

Y todo ello ocurrió mientras el Partido Demócrata inauguraba el proceso de primarias con el tradicional caucus de Iowa en que batieron una plusmarca mundial: el recuento fue tal desastre que el resultado sigue cuestionado por muchos.

Las elecciones en Burkina Faso son más transparentes que las del Partido Demócrata. Me imagino las carcajadas de Trump y los suyos siguiendo el escrutinio durante días. Y lo que es más relevante, viendo como salía reforzado de Iowa Bernie Sanders, el candidato de ultraizquierda que tantas horas pasó en la Unión Soviética manifestando su solidaridad con los rusos. Los jóvenes norteamericanos que nunca supieron qué era el comunismo que apoya Sanders le siguen ahora como ovejas al matadero, encantados de ir todos en rebaño y bien acompañados. Nunca verán cuál sería el resultado de una victoria de Sanders. Porque si Sanders es finalmente el candidato demócrata, será la mejor garantía de una victoria de Trump.

Y en ese tiempo Trump fue al Congreso a pronunciar su discurso sobre el Estado de la Unión. Ese es, tradicionalmente, el acto en el que se exalta la unión de la república federal tras su presidente.

Es un discurso, no un debate, como tenemos en España. El presidente habla, todos le escuchan, le aplauden repetidamente en diferentes momentos -desde los dos lados del hemiciclo- y cuando se va se puede acudir a los medios de comunicación a manifestar discrepancias. Esta vez no. Cuando acabó, mientras recibía el aplauso de casi todos, la presidenta de la Cámara de Representantes rompía los folios con el discurso de Trump que él mismo le había dado.

Dicen los suyos que estaba furiosa porque el presidente le había negado la mano a ella.

Pero Trump tampoco estrechó la mano de su vicepresidente Mike Pence. Ante los americanos quedaba claro en qué consiste la moderación del Partido Demócrata. Y no pudo manifestarlo en peor momento.

Estos demócratas ponen un circo y les crecen los enanos (con perdón por mi incorrección política).

Ponen un circo y les crecen los enanos (con perdón, y el mayor de los respeto).

 

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