Desigualdad, el  nuevo nombre del  subdesarrollo

América Latina es un territorio en ebullición, y no es por una imaginaria revolución de aroma setentista.

Por distintos motivos, los gobiernos tambalean y este fenómeno no solo ha desencajado al conservador Sebastián Piñera en Chile, sino que puso contra las cuerdas a Lenín Moreno en Ecuador y a Iván Duque en Colombia. Pero al mismo tiempo, la crisis arrastró a Evo Morales y reabrió la gigantesca fractura de Bolivia que parecía ya suturada. Se trata de un sismo social y político que atraviesa las ideologías. La caída del PT, más allá del escándalo Odebrecht y el Lava Jato, debe buscarse en el declive económico de los gobiernos de Lula y Dilma Roussef, desplazados ahora por un indescifrable Jair Bolsonaro. Los casos de Nicaragua y Venezuela, emblema de la rápida decadencia del chavismo, corren por carriles separados.

Una encuesta realizada por IPSOS-Perú, de la que participaron 360 periodistas, analistas y politólogos del subcontinente señala a la desigualdad social (67%) como la principal causa de la crisis.

La consulta se realizó entre el 19 de noviembre y el 9 de diciembre, y ubica como segundo factor de desestabilización la corrupción (63%), seguida de la falta de respeto al sistema democrático (22%).

En la encuesta anterior, solamente los observadores chilenos habían señalado a la desigualdad como el principal problema político. El estallido que comenzó en octubre, en distintas ciudades de Chile, desnudó la fragilidad de los logros económicos y sociales de ese país, considerado hasta la revuelta como modelo regional.

La narrativa política sigue contraponiendo la perspectiva "nac & pop" de los bolivarianos contra el neoliberalismo; más de un concienzudo pensador de izquierda quiere encontrar allí la clave de los problemas, mientras que otros acusan a Donald Trump y a los evangélicos. En 2008, América Latina sobrevivió a la debacle de Lehman Brothers, pero la crisis dejó secuelas graves: Brasil y Argentina no volvieron a tener superávit fiscal y años después, cuando el valor de sus exportaciones cayó, ingresaron en una espiral descendente que los llevó a la recesión. La realidad es que América Latina está pagando el costo de un reacomodamiento del poder planetario pero, sobre todo, sufre la pérdida de un voraz comprador de materia prima como China. Esa fragilidad muestra que las ilusiones de desarrollo global de las últimas décadas no lograron generar sociedades equitativas y de inclusión plena.

También aparece a la vista y con claridad meridiana el derrumbe de los partidos políticos como generadores de proyectos, formadores de dirigentes y canalizadores de las tensiones sociales.

Hace cuatro décadas, en la época en que el golpismo funcionaba como sistema y de los movimientos insurreccionales, la pobreza de América Latina superaba el 40%. En la Argentina de 1974 no llegaba al 6%, pero a partir de entonces creció en proporciones geométricas. La brecha, de ese modo, se fue cerrando y hace cinco años, al cabo de la "década ganada", los indicadores de ambas partes -el país y el continente- se unieron en el 30%.

Las claves

En 2011, el entonces presidente colombiano Juan Manuel Santos arriesgó: "Esta puede y debe ser la década de América Latina". No tuvo en cuenta, en su euforia, el escenario global.

a) Economía: la economía latinoamericana en 2010 mostraba una expansión de 5,8%. Pero nueve años después, la Cepal informa que la tasa de crecimiento en 2019 quedó en 0,1%, y el período 2014-2020 sería "el de menor crecimiento económico en la región en los últimos 40 años".

b) ¿Fin de fiesta? "La región está pagando la cuenta de la crisis global de la última década y no hay un gobierno en América Latina que consiga ofrecer una salida", declaró a BBC Mundo el politólogo Mauricio Santoro, de Río de Janeiro. "Da la sensación de que estamos esperando el próximo ciclo global de materias primas, la prosperidad que va a caer sobre nosotros". Según la encuesta de IPSOS, Latinoamérica terminará entre 2019 y 2020 con el menor crecimiento económico en las últimas 7 décadas. El estancamiento obedece a la caída del volumen de comercio y a la baja los precios de las materias primas. Durante 2019 las economías especializadas en la producción de petróleo, minerales, y alimentos cayeron un -0,2%.

c) Pobreza. Entre 2002 y 2014, la pobreza había bajado del 44,5% al 27,8% y la pobreza extrema, del 11,2% al 7,8% en América Latina. Pero en 2014, la pobreza pasó de 28% de la población a 31% este año, según Cepal. En 2017, 184 millones de pobres, (30,2% de la población), de los cuales 62 millones, (un 10,2%), en la indigencia. Las cifras de 2017 revelaron un incremento adicional de la pobreza extrema y un estancamiento de la tasa de pobreza registrada en 2016.

d) Violencia. Latinoamérica es la región más violenta del mundo. En el continente americano ocurren 37% de los homicidios del planeta, según la ONU en julio. En 2010 el continente americano registraba 15,7 homicidios cada 100.000 habitantes y en 2017 (último año de la medición) la cifra trepó a 17,2. Solo en Centroamérica la tasa llegó a 25,9 y en Sudamérica a 24,2, cuatro veces más que a nivel global. Los expertos de la ONU atribuyen tanta violencia regional al crimen organizado y las pandillas, el narcotráfico, el acceso a armas de fuego, la impunidad y la marginalidad de los jóvenes.

 

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