"Hay muchos casos de violencia de género y chicos adictos"

Nancy López es la representante del pueblo Wichi Weenhayek de la ruta nacional 86. Es una cacique que vive en el paraje Ahajuk (mistol), unos 4 kilómetros al este de la ciudad de Tartagal. Su casa fue construida con unas chapas de tercera, con varios agujeros, postes de quebracho, envuelta en silobolsas y piso de tierra en donde la humedad perfora los huesos. En medio de una lluvia que no perdona, en su casita de plástico que no resiste el embate del agua, dejó algunas consideraciones sobre el desastre nutricional y sanitario que azota a las comunidades originarias del Chaco salteño. Es una referente respecto del conocimiento originarios y estuvo invitada para mostrar el saber del Chaco salteño en Ginebra, como disertante en la ONU y en la Universidad Nacional de Córdoba, entre otras distinciones.

Dijo que es el momento de solucionar la situación de desnutrición. Remarcó que no solo los funcionarios tienen un desconocimiento "sobre lo que está pasando. También vienen personas que no saben nada sobre cómo vivimos, qué comemos, nuestra cultura; nada. Nos meten a todos en una misma bolsa y ni saben que los wichi no somos como los tobas, como los chorotes o tantas naciones que habitamos el monte", afirmó.

Ser escuchados

Su pedido es que se escuche a la gente. "Una parte de la solución es comenzar a dejar hablar a los caciques, a las mujeres, a los referentes que son lo que saben bien a dónde están las prioridades", afirmó.

"Es que las urbanizaciones y las grandes fincas nos están arrinconando. Yo me acuerdo cuando era niña que salíamos a recolectar los alimentos por el monte. Ahora las máquinas y las topadoras arrasaron nuestros territorios, no tenemos trabajo más que el de las fincas, que son pocas y pagan lo que quieren, donde todos los días nos fumigan con veneno para la soja. Ahora quieren urbanizar la ruta 86 con barrios para la gente de Tartagal y nosotros sabemos que esta es una ruta de territorio indígena", dijo Nancy.

Por otra parte, la cacique expuso: "Hay también muchos casos de violencia de género en comunidades donde no hay acceso a la Justicia. Nos dejaron sin la ley indígena en donde se establecía la igualdad entre hombre y mujeres. Por otro lado, ahora tenemos el flagelo del alcoholismo y las drogas. Se vende y se consume paco. Los chicos adictos a la pasta base se sienten tan mal que se meten al monte; se aíslan". "

"Tienen un doble aislamiento y eso hace que las mujeres tengamos miedo de ir al monte a buscar alimentos, como las algarrobas, porque los chicos adictos están desesperados por seguir consumiendo drogas y hacen lo que sea por dinero", contó con preocupación.

Nancy valoró el trabajo de las organizaciones sociales, no obstante entiende que los recursos de éstas son limitados. "No podemos exigirles mucho porque llegan como pueden. No llega el sistema sanitario como debería, no hay medicamentos, tenemos un pediatra que viene dos días a la semana para atender a una comunidad de 400 personas. Tampoco dejan que usemos nuestras medicinas, que vienen de los conocimientos ancestrales de nuestros antepasados. No tenemos paracetamol para la fiebre ni tampoco dejan que usemos los yuyos que hacen bajar la temperatura", planteó.

¿Ni las universidades vienen?, le consultó El Tribuno. "Salvo algunos casos puntuales como los chicos de Antropología de la UNSa, con la profesora Norma Naharro, que en el 2014 acompañaron una resistencia a un desalojo en El Quebracho y otra vez que vinieron con el abogado Rodrigo Solá en una intervención en El Palmar, acá no vienen muchos.

"Cuando se murió el último niño en La Mora I vinieron todos los periodistas y luego se fueron. Eso hacen todos: vienen, prometen y se van. La familia del niño fallecido ya no quería atender a nadie de la prensa porque sintieron eso", lamentó.

 

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