Los vecinos del interior viven en otro planeta

La vida ha cambiado mucho para todos en pocos días. Es duro, pero la realidad nos pone como protagonistas de esas películas que mirábamos en el cine o en la tele azorados por la tragedia de los personajes y decíamos: "­qué horror, pobres!!", mientras masticábamos pochoclos, y después era una peli más en la lista de las ya vistas. Muchos nos dormimos angustiados pensando en la pandemia del coronavirus y nos despertamos queriendo que haya sido un mal sueño, pero no... abrimos los ojos cada mañana de las últimas semanas a la pesadilla de tener que lidiar con el riesgo del contagio o con el encierro. Y hay que poder lidiar con eso. Es difícil, claramente, pero hacer de cuenta que no pasa nada no es una actitud responsable ni coherente. Lo destaco por un fenómeno que se puede observar en los pueblos del interior de Salta, donde a contramano de la cuarentena obligatoria decretada por el gobierno para intentar impedir la propagación del virus, por las mañanas los vecinos hacen de cuenta que no hay pandemia. Salen jóvenes y viejos a la calle con total desparpajo a comprar los víveres, a charlar en la vereda, abren los negocios de comida y también "las pulgas" de ropa y zapatos... Claro, de algo hay que vivir. Eso sí, si el coronavirus nos gana la partida habrá que cerrar los negocios no ya por 15 días, sino para toda la eternidad...

Por exceso de optimismo, por ignorancia, desinformación, o por sentimiento de inmunidad o impunidad, mucha gente en los pueblos cree que el coronavirus no les llegará. Ojalá que así sea, y que no pase como en los pequeños pueblos de China, de España y de Italia, entre otros países, donde se sorprendieron ingratamente con la presencia del COVID-19, que no solo los visitó, sino que se llevó muchas vidas de recuerdo. El brote que se inició en Wuhan en diciembre pasado ya acumula más de 21.000 muertos y más de 462.000 contagiados en todo el mundo. Y las cifras de Argentina no son alentadoras, por cierto, con más de 500 infectados a pesar de los esfuerzos y sin haber llegado al pico de contagios, que está previsto para mediados de abril.

Por eso nadie se explica que ayer, por ejemplo, los presos de la cárcel de Metán estuvieran jugando al fútbol en un canchón, custodiados por policías... Realmente insólita la actitud de los guardianes de la seguridad pública. Se suspendieron los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y ¿no pueden quedarse adentro los presos? ­Vamos! un poco de conciencia. Se le pide a gente que no hizo nada malo que se encierre y los presos juegan al fútbol en la cancha. Qué ejemplo indignante en tiempos de pandemia.

Sepan todos los pueblerinos: no solo las grandes ciudades están afectadas por el coronavirus. Aprovechen los patios de sus casas, los jardines, determinen que uno solo de la familia sea el que sale a buscar provisiones y sean solidarios con sus vecinos más vulnerables y solitarios.

En los pequeños pueblos es más fácil el control del coronavirus, pero solo si se respeta la cuarentena. Lo que no entra por la razón entra por la fuerza, lo dijo el presidente Alberto Fernández, en relación con la obligatoriedad de la cuarentena para todos los argentinos. No dijo: "Para todos menos para los de El Carril, La Merced, Rosario de Lerma, Metán, Gaona, Cafayate, Payogasta...".

Señores, es momento de encerrarse, por nuestro propio bien y el de la salud pública. Si es posible entender el alcance de esta medida sanitaria, bien. Si no es posible, pues de todos modos es una orden y hay que cumplirla por el bien de la sociedad... ¿Hay que enfermar y morir o ver morir para entender? Además no es para siempre, quizás el encierro nos sirva para valorar lo que gozamos cuando reina la salud y podemos respirar sin miedo, y podamos estrechar la mano de los amigos, abrazar a nuestros viejos... Si aún así es difícil cerrar el negocio por unos días, no salir de a dos o tres montados en la moto, chupar una cerveza del pico con el amigo, jugar a la pelota en la cancha, o simplemente quedarse charlando media hora del coronavirus en la vereda con la vecina mientras caen los esputos en la ropa y en el suelo... piensen en los niños que mitigan sus enfermedades encerrados en los hospitales durante meses y años, en los sobrevivientes del proceso en nuestro país que estuvieron encerrados o exiliados, lejos de todo lo querido por años para poder contar la historia, o los jóvenes soldados de Malvinas que fueron llamados a cumplir con el deber aunque eso significara morir... #quedateencasa, es tu obligación, es una orden!

 

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