La escuela digital no tiene marcha atrás

Recuerdo que, hasta no hace mucho tiempo, en mis clases solía dar el ejemplo del cambio que significó para Blockbuster que haya entrado al mercado Netflix.

La primera era una empresa especializada en alquiler de películas y videojuegos que tenía locales en varios países y el contacto físico a través de un mostrador era una variable fundamental del negocio.

En Salta había una franquicia en un renombrado centro comercial. En el año 2004 contaba con más de 60 mil empleados y 9 mil locales comerciales en el mundo con una facturación superior a los 12 mil millones de dólares en su época de apogeo. Contaba además con una estructura organizacional burocrática muy marcada.

En el año 2000 tuvo la posibilidad cierta de comprar una startup llamada Netflix, que comenzaba a aparecer en el mercado, que vendía suscripciones online mensuales y con esa cuota se podían ver la cantidad de películas que se quisiera utilizando una nueva tecnología pero Blockbuster no vio el nuevo modelo negocio y, la decisión de un CEO de la firma cambió el rumbo de su historia... es decir, perdió su lugar en la historia, no supo "subirse a la ola" y perdió todo.

La falta de una estrategia digital y de visión ante los cambios que se venían hizo que la firma, en el 2010 se declarara en quiebra y en 2014 cerrara prácticamente todos sus locales.

Hoy, ya es recuerdo y solo una sola tienda, sigue abierta en Oregón, EEUU, casi de manera simbólica. ¿Qué cambios no supo ver Blockbuster? Ciertamente fue el impacto que iba a tener la nueva tecnología en su modelo de negocio al cual no pudo o no supo actualizar: la distribución digital de entretenimiento on line.

Netflix, hoy, tiene alrededor de 2 mil empleados, una única sede en California, 167 millones -aproximadamente- de suscriptores en el mundo de los cuales casi 5 millones son de Argentina con una facturación aproximada de 150 mil millones de dólares en todo el planeta.

La reflexión que hago es la siguiente: cuando irrumpe una nueva tecnología, y va sumando adeptos en el mundo, ¿se puede volver atrás? ¿la historia vuelve atrás?

Escuela, el día después

Relacionando esta situación con lo que pasa en el área educativa hoy, observo muchas veces que autoridades y docentes quieren volver a la situación de la escuela "antes de la cuarentena" , volver a las clases "clásicas" en el aula esperanzados con que los alumnos los sigan, saquen fotocopias de la "cartilla" , vayan a la biblioteca a buscar algún libro y evaluarlos con pruebas tradicionales escritas "evitando que se copien" ... al mejor estilo de la escuela de la serie de la Familia Ingalls cuando el contexto cambio totalmente por el impacto de las TICs en el sistema.

Lo que hubiera demorado más de 10 años si seguía su curso natural (sin COVID-19) tuvo que actualizarse en menos de un mes, porque era la única posibilidad de mantener el contacto y acompañamiento para con los alumnos de los distintos niveles porque la tecnología, las plataformas y las redes eran los únicos recursos que lo podían hacer posible en una situación de aislamiento total.

Pero claro, esto desnudó otra debilidad que tenía el sistema, y era la cuestión tecnológica y la cobertura digital.

¿Estaba preparada Salta digitalmente?

El COVID-19 puso al sistema educativo en un torbellino de cambios en el mundo, y Argentina y Salta no fueron la excepción.

Los docentes estábamos acostumbrados a otra pedagogía de acompañamiento a los estudiantes relacionada con la presencialidad y el contacto físico: dictar clases frente al alumno en el aula; planificar en hoja papel la estrategia didáctica y los logros; recomendar libros que el alumno tenia disponible en la biblioteca del establecimiento; evaluar haciendo exámenes escritos u orales en las fechas correspondientes pero "cara a cara" controlando que no copien porque se esperaba que recuerden algo de memoria generalmente, porque pensar en evaluar teniendo en cuenta "el proceso" u otra forma que las TICs posibilitan no estaba contemplado y, aun hoy, todavía sigue siendo impensado y no se lo mira como posibilidad; tomar café y conversar con los colegas en los recreos; ir a la Dirección a marcar asistencia y realizar consultas relacionadas con la gestión académica - administrativa; ir al Consejo de Educación para trámites relacionados con designaciones u otras cuestiones; que los chicos saquen fotocopias de los temas dados o consigan la famosa "cartilla", etc.

Si imaginariamente tuviéramos que diseñar un "Perfil de Puesto Docente", antes de la pandemia, y reseñar los recursos que le hacían falta para desempeñarlo con un nivel óptimo, con el detalle de las tareas que debía realizar, cómo hacerla y qué porcentaje de tiempo ocupaba para cada una, tanto las periódicas como las ocasionales; y si además hacemos un repaso de las condiciones de trabajo, tanto materiales, como ambientales, factores de riesgo, responsabilidad y relaciones de trabajo que significan la actividad docente presencial, nada tiene que ver todo esto con lo que tuvo que enfrentar y hacerse cargo luego de la declaración de cuarentena.

El COVID-19 significó cambios profundos en el perfil de las exigencias del “Nuevo Puesto de Trabajo Docente” que aparecía como consecuencia de la virtualidad; este requería de otras habilidades y competencias e implicaba otras condiciones laborales.

El entorno de aislamiento hicieron necesario que el docente pase del aula y la escuela a la intimidad de su casa, elegir un espacio privado que lo comparte con familiares íntimos para continuar enseñando a través de TICs y posibilitar que los alumnos continúen aprendiendo utilizando las mismas. 

Este gesto simbolizó un “salto al siglo XXI” de dimensiones impensadas y sin escalas ya que venía con los recursos, inclusive pedagógicos, del siglo pasado. 

Usar internet, la web, Whatsapp, plataformas educativas y los recursos que ponen a disposición las redes sociales; navegar a través de la pantalla, utilizar Zoom, Meet; las TICs para investigar y resolver problemas, compartir información, mandar y recibir mensajes, obtener, organizar, ordenar y crear información, hacer presentaciones multimedia, localizar y evaluar la información, etc. 

Un nuevo universo 

Las TICs le pusieron un universo de recursos a disposición que hasta antes del COVID-19 tal vez nunca los hubiera utilizado o implementado: trabajar con una PC, notebook, netbook, o celulares conectados a internet y ver la disponibilidad de WiFi; el alcance insospechado de las redes; contar con asistentes digitales, cámaras digitales, hacer videos; utilizar pantallas interactivas; conferencias de video, radio, escaners, mensajería instantánea, E-Books para recomendar libros, bibliotecas virtuales, etc. Sin pensarlo estamos haciendo uso, de alguna forma, de las pedagogías emergentes que tampoco las habíamos aplicado antes de manera intensiva como ahora.

Pero claro, esto hizo, que notáramos falencias que antes, cuando las clases eran en el aula, no las percibíamos del todo. Como que el sistema educativo no estaba preparado para la virtualidad de la enseñanza, en especial en nuestra provincia, la falta de conexión a internet, no tener WiFi, que varios alumnos y docentes no dispongan de un dispositivo o conexión adecuada que permita continuar en medianas condiciones, tampoco las autoridades contaban con un relevamiento en este sentido para tomar decisiones inmediatas que hagan posible la dotación del recurso, la interacción y continuidad, sumado a la falta de una plataforma oficial para la comunidad de gestión estatal principalmente, donde el problema se hizo más notorio, intensificó la problemática del sistema educativo particularmente local que vivimos por estos días. 

Me animaría a decir, que nadie, a conciencia, podía saber el “estado de digitalización” en Salta hasta antes del COVID-19 y si existía un Plan al respecto pero se notaron las falencias inmediatamente tomada la decisión de la cuarentena. ¿Con qué recursos contaba el ecosistema digital salteño? ¿Con cuáles lineamientos y recursos digitales contaban las autoridades educativas para enfrentar la pandemia?

La imperiosa necesidad

Las TICs fueron declaradas una actividad esencial en esta pandemia. En Argentina los accesos a internet fijos en el año 2019 ascendían a 7,5 millones entre los residenciales (93% del total) y las organizaciones (7%) sumado a los accesos a internet móviles de alrededor 32 millones. Es generalizado el acceso a Smartphone y a miles de aplicaciones disponibles; somos el país con mayor cantidad de usuarios únicos de teléfonos celulares. Un índice compuesto de resiliencia digital del hogar muestra que el promedio ponderado latinoamericano es de 30,70 (en una escala de 1 a 100) mientras que los países de la OCDE alcanzan a 53,78 ; Argentina está en el 52,62 significando un muy buen desempeño dentro de los países latinoamericanos. Esto nos dice que medianamente podíamos afrontar moderadamente el desafío de continuar educando. La penetración de internet en los hogares (que en el caso de Argentina representa el 85,24%) pasó a constituir un recurso fundamental para poder afrontar la pandemia. 

La digitalización de los hogares permitiría a la población, y en especial al sistema educativo, continuar realizando una cantidad de tareas que antes requerían contacto físico. Y es acá donde se está presentando uno de los problemas claves: la marginalización de la población en el uso de internet y la dotación de un dispositivo móvil o una PC conectada, los cuales excluye una porción importante de los habitantes de la posibilidad de acceder a servicios que pueden reemplazar algunas actividades que requieren habitualmente el contacto físico dando entrada a un problema que nos aqueja en todos los órdenes que es la desigualdad. Esta necesita de medidas de políticas relacionadas con inversiones y dotación de recursos, para poder atemperar las consecuencias de la falta de cobertura y medios para hacer posible la continuidad del proceso educativo en un contexto de digitalización generalizada que no puede tener vuelta atrás.

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