El abismo económico del mundo

La actual pandemia por el COVID-19 es una perturbación catastrófica en lo sanitario, social, económico, político y cultural y sus consecuencias abarcan una temporalidad por ahora indefinida.

Es imposible saberlo todo y no tiene objeto especular sobre algo que todavía no ocurrió como las consecuencias de un tremendo hundimiento económico durante y tras la pandemia. La economía capitalista no es nunca uniforme y que tiene fluctuaciones de diversa duración muy intensas.

La historia de la economía mundial, al menos desde la revolución industrial, se caracteriza por un progreso técnico acelerado, crecimiento económico continuo aunque desigual y no para todos, creciente globalización y mundialización, división del trabajo cada vez más compleja, construcción de una red de intercambios que ligan a gran parte de la economía mundial con el sistema global.

Todo hoy se parece mucho a lo que sobrevino después del crac de la Bolsa de Nueva York el 29 de octubre de 1929. Regresan las angustias por la seguridad de los trabajadores y la incertidumbre de alcanzar una vejez sin ingresos. El desempleo hoy por hoy es una enfermedad extendida, insidiosa y destructiva sumado a la desaparición del estado del bienestar. Entre otras cosas, deberíamos buscar alternativas para que la tecnología no continúe expulsando trabajo humano, trabajo y trabajadores.

La restauración y la reconstrucción de una economía estable va a requerir un esfuerzo muy grande prolongado en el tiempo.

Vivimos en un mundo frágil, la pandemia lo demostró, desarraigado en medio de un proceso económico y técnico-científico cuyo desarrollo tiene dimensiones desconocidas corriendo serios riesgos de explosión o de implosión sin saber con certeza a dónde vamos.

Evitar una crisis irreversible no es un problema científico o tecnológico, sino político y social.

 

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