Fuerte confesión de Guillermo Pérez Roldán

El tandilense Guillermo Pérez Roldán fue un tenista exitoso que llegó a ser número 13 del mundo a principios de los 90, pero hoy, a los 50 años, reveló que sufrió maltrato físico por parte de su padre y entrenador.
Pérez Roldán está radicado en Santiago de Chile, donde fue entrenador de los locales Nicolás Massú y Christian Garin, y desde allí confesó “una parte” de los maltratos que recibió de su progenitor mientras era su técnico.
“Hubiese preferido tener un peor entrenador y un mejor padre. Me da mucha pena contar esto, pero él fue tan bueno con el sistema de trabajo que creó, que tendría que haber sido (Carlos) Gardel, pero descargaba sobre mí una exigencia tal que perdí un padre”, reveló.
“Quizá hubiera sido mejor que él fuera un gran profesor de tenis y yo un buen abogado, porque esa fue una parte negra de mi vida. Sufrí su maltrato físico y todos lo sabían. La cosa fue conmigo, y con mi hermana (Mariana) al principio. Pero cuando empecé a facturar yo, ella pasó a un segundo plano. Fue un técnico fantástico, pero un padre de mierda”, disparó.
“Y puedo contar también que otra vez perdí un partido, entré en una habitación y mi padre me pegó una piña en medio de la boca con el puño cerrado. Y después, otro día, me metió la cabeza en un baño. Y también me robó entre cuatro y cinco millones de dólares, que fue todo lo que gané jugando al tenis. Mi madre (Liliana Sagarzazu) y él firmaron para sacarme la plata de mis cuentas”, acusó.
“Y otra vez, en 1993, después de Roland Garros, estábamos con mi padre en Génova (Italia), y como tenía el día libre antes de jugar fuimos a ver a Mariano Zabaleta (el también tandilense que en las últimas horas corroboró esos maltratos), que jugaba el Avvenire de Milán. Cuando volvemos, paramos en una estación de servicio y me voy a comprar algo para comer y me pongo a hablar por teléfono. Cuando miro para afuera, dos tipos le estaban pegando a mi viejo”, contó.
“Entonces salí, pegué dos tortazos, me puse hielo en la mano y seguimos. Al otro día, cuando amanezco tenía la mano que parecía con elefantiasis de lo hinchada que estaba. Después vine para Argentina, ya sabía que tenía algo roto, jugué todo el año infiltrado y muy pocos torneos. Después me operé varias veces y nunca quedé bien. Al día de hoy que todavía tengo la mano sin movimiento. Eso me llevó al retiro”, apuntó, graficando que justamente por defender a su padre debió abandonar el tenis.

  • Las agresiones pospartido

Después de ganar Buenos Aires se fue a Itaparica (Brasil), y en la primera ronda le tocó “un muchacho que se llama Tore Mainecke. Jugué en otra superficie, venía de una que era súper lenta, hacía calor, perdí, y después del partido se subió a mi cama y me empezó a pegar con el cinto del pantalón porque decía que no me había movido”, indicó. A ese tenista alemán le ganaría ese mismo año la final de Atenas (Grecia), por 6-2 y 6-3.

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