Los chicos del paraje San Antonio de  Animaná sueñan con tener una bicicleta

Para la mayoría de los chicos que superan los 8, la bicicleta es sinónimo de independencia. Es casi como el sueño del auto que tienen los adolescentes, o como los primeros pasos cuando se cumple el primer año de vida. Poder moverse y trasladarse solos es una vivencia maravillosa para muchos. Sentir el viento en la cara, poder pararse en los pedales y sentir que se vuela. La emoción de andar en bicicleta no tiene comparación.
A fines de 2019, los chicos de la localidad de San Antonio de San Carlos, localidad de Animaná, conocieron a algunos de los miembros de Travesía Biker. Este grupo de 50 ciclistas había llevado adelante una campaña solidaria para ayudar a los chicos de las escuelas de la zona. Así llegaron con el apoyo de la Secretaría de Deportes, llevando alimentos, ropa y calzado. 
En aquel momento, Marcelo Sanella conoció a Lorenza Liendro y sus nietos. Cuatro pequeños que se movía a pie o compartiendo una bicicleta sin cámaras. Amantes de esta practica, los miembros de Travesía no dudaron en movilizar la ayuda para estos chicos. 
Así comenzó la campaña de las bicis para San Antonio. 

 


En este momento, el grupo ya cuenta con 5 bicicletas donadas que necesitan de algunas reparaciones. Pero detrás de estos pequeños, los nietos de Lorenza, hay más niños. Sus amigos. Los 30 chicos que viven en San Antonio y que necesitan “de todo”. 
Lorenza Liendro tiene 52 años y 10 hijos. El mayor nació en 1983 y el último en 2005. La mayoría trabaja e incluso ya formaron sus familias. Ella salió adelante cuidando ancianos. “Gracias a ese trabajo pude ayudar a mis hijos y que todos estudien algo. Los más grandes están terminando la secundaria y haciendo talleres. Una de costura, la otra de folclore, de agente sanitario y así. Pero la situación está muy dura para todos. No solo para mis hijos. Acá no hay trabajo y los que peor la pasan son los chicos”, le contó Lorenza a El Tribuno. 
Los esposos de sus hijas se dedican al pastoreo de animales y mientras siga la cuarentena, poco es lo que se puede hacer. Los chicos no están yendo a la escuela, y hacen todo por internet. “Estudian con el teléfono mientras se puede y sino, buscamos las cartillas, pero lo que más duele es que con la llegada del frío no tienen mucha ropa de abrigo ni calzado”, contó la mujer que confesó, trata de consolar a los chicos recordándoles que no se puede pasar por la cuarentena. 
Mientras, en la Ciudad de Salta, Marcelo sigue adelante con la colecta y la búsqueda de repuestos y partes de bicicletas para que los chicos de San Antonio cumplan su sueño: “andar en una bicicleta que los deje volar”. Los nietos de Lorenza, son Gerardo, Mailén, Iván y Antonio. Son los hijos de una de sus gemelas: Marina.
 

 


Las restricciones para circular y poder reunirse no son impedimento para que los Travesía Biker sigan adelante con su campaña. En este momento, Marcelo Zanella ya logró juntar los fondos para el cambio de cubiertas, pintura y arreglo de frenos de las cinco bicicletas que quiere dejar como nuevas para los chicos del paraje San Antonio.
También están recolectando ropa de abrigo y calzado y espera, con las autorizaciones necesarias llegar en julio a San Antonio. “La situación es muy complicada para las familias de San Antonio. SI bien nosotros queremos llevar las bicicletas, que es nuestro eje de vida, sabemos que además de ropa de abrigo y calzado, hay incluso necesidades alimenticias”, expresó Marcelo a El Tribuno, que recordó que los chicos de estos parajes contaban con escuelas de jornada extendida, donde estaban hasta las 18 y tomaban desayuno, almuerzo y merienda. Hoy la realizada de la cuarentena los obliga a esta en sus casas, sin poder cubrir sus necesidades básicas. 
Aquellos que quieran sumarse pueden comunicarse a través de Facebook con Travesía Bikers, dejando un mensaje. 

 


San Antonio, tan cerca y tan lejos
San Antonio, cuenta con unos 200 habitantes. La luz eléctrica llegó a este paraje rural hace 10 años. Esta comunidad es netamente campesina, conformada por un conjunto de familias dedicadas a la agricultura a pequeña escala. Conservan prácticas culturales ancestrales que se expresan en el manejo agrícola y ganadero, en el manejo comunitario del agua para riego, y en su relación con la tierra. Se encuentra en el municipio de Animaná, en el sector de cerros, hacia el sudoeste del pueblo. Se accede por camino vehicular durante todo el año. 
El 4 de noviembre de 2019 y luego de décadas quedar incomunicados, durante el verano, cuando el río San Antonio cortaba el camino a metros de la comunidad, se levantó un puente.
Es una comunidad dedicada al cuidado de sus tierras agropecuarias, conservando una valiosa diversidad productiva y que lucha por mantener su identidad cultural día por día.
Fuera de las épocas de cuarentena, este poblado contaba con la visita de los turistas interesados en las practicas rurales, pero desde los cierres de las ciudades, la economía de los habitantes de San Antonio se vio muy afectada. 
 

 

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