Los casos de COVID-19 en Salta crecieron en las últimas dos semanas, esto hizo que el gobernador Gustavo Sáenz tome la decisión junto al COE de restringir algunas actividades por el poco “apego” de la gente a cumplir con los requisitos mínimos que se les pide: barbijo, distancia social y, sobre todo, evitar las aglomeraciones, como ocurre en forma habitual en el centro de nuestra ciudad, donde hoy solo se puede acceder con el número de terminación del DNI que corresponde a cada día de la semana, hoy, por ejemplo, los pares.

Pero la gente continúa haciendo caso omiso a estos simples pedidos. Hoy se podía observar en las afueras de una entidad bancaria ubicada en la calle España un “mundo” de personas amontonadas esperando ser atendidas o para ingresar al cajero automático. Ninguna respetaba el mínimo de la distancia social (1 metro y medio o 2), algunos, inclusive, no tenían tapaboca cubriendo parte de su rostro, y otros se quejaban cuando la Policía les pedía “por favor” mantener la distancia entre uno y otro.

El gobernador estuvo a punto de decidir anoche volver a la tan mentada “fase 1” a la que, finalmente, determinó dejar de lado (por ahora) para no perjudicar al 99 por ciento de los salteños que cumple con las medidas dispuestas por el Ejecutivo. “Somos hijos del rigor, no hay nada que hacer, parece que la gente no entiende cuando le hablan, no se inmutan cuando le pedís un mínimo de respeto a las medidas vigentes. Inclusive se enojan cuando se lo hacés notar”, le dijo a El Tribuno una de las personas que esperaban poder acceder al cajero automático del Banco Santiago del Estero. “Después nos quejamos cuando nos sacan la libertad de poder movernos por donde uno quisiera y no ponemos de malhumor. No aprendemos más”, resaltó.

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