El básquet local cumplió y disfrutó hasta donde pudo

Los clubes de básquet pasaron de tres meses sin actividad desde el inicio de la pandemia por el coronavirus, a trabajar con limitaciones en las últimas dos semanas, pero con el nuevo anuncio del Gobierno volverán a paralizarse.
Los clubes siguieron un estricto protocolo de higiene y seguridad y todos los jugadores, tanto de la rama masculina como femenina, se adaptaron a los cambios.
Las líneas marcadas, los espacios ya asignados y los horarios a respetar fueron algunos de los puntos que los dirigentes y entrenadores debieron hacer respetar en los días que trabajaron. En principio, las categorías más chicas fueron las primeras en volver a tener contacto con la “naranja”.
Sebastián Romero, entrenador de las divisiones formativas del Club Villa Soledad, contó a El Tribuno cómo fue la vuelta de los trabajos. “Nosotros volvimos el 22 de junio en tres categorías: mosquitos, de 4 a 8 años; premini, de 9 a 10 años, y mini, de 10 a 12 años. Solo nos permiten turnos con diez chicos, que duran aproximadamente cincuenta minutos, ya que luego de entrenar tenemos diez minutos para despacharlos”, comentó el profe Romero, quien luego detalló cómo fueron los días durante la pandemia: “Estuvimos haciendo entrenamientos virtuales, al principio se prendieron pero después no porque también tenían que seguir con el tema de la escuela”.
Durante las prácticas Romero especificó cómo fue la metodología de trabajo respetando el protocolo.
“Solo realizamos trabajos con pelota, técnicos e individuales. Cada jugador está con su pelota y sus materiales por el momento. Los chicos vienen muy atareados con las clases virtuales de las escuelas y vienen a despejarse. Afuera tenemos pintadas las zona de espera, el corredor de entrada. En la tribuna tenemos marcados puntos cada dos metros, que son las zonas individuales de ellos; antes les dábamos la merienda, ahora les damos una fruta”.
Con respecto a la comunicación con los padres, Romero comentó: “A los padres les hicimos firmar la declaración jurada, por la cual se comprometen a tomarles la temperatura a los chicos e informarlo. Y si están enfermitos, no mandarlos. Cada chico se maneja con su mochila, botella de agua, alcohol en gel, toalla y el abrigo. Y están restringidos los grifos al igual que los baños y vestuarios clausurados”.
Por su parte, Pablo Crauzas, entrenador y coordinador de las divisiones formativas de Independiente, explicó cómo trabajó el rojo en todas sus categorías.
“Cumplimos la segunda semana de entrenamientos en todas categorías con las medidas del protocolo. El club tuvo que pintar algunas zonas, poner cartelería y solo se permite entrenar hasta 10 chicos. Nosotros contamos con una pelota para cada chico y ellos hacen trabajos individualizados”.
El rojo abrió las puertas todos los días y cumplió con los requisitos para la vuelta a la actividad.
“Desde las 9 hasta las 20 está abierto el club, nos amoldamos a los horarios de los chicos. Si bien no se pueden hacer partidos, realizamos juegos en donde no incluye roce. Prácticamente es nulo el uso de vestuarios, salvo alguna urgencia mayor y somos nosotros, los entrenadores, los que controlamos la temperatura”.
Por último, Crauzas remarcó lo atípico que significó entrenar bajo estas normas.
“Sale de lo común, hay que mentalizar al jugador que solo estamos entrenando para mantenernos en actividad y no sabemos cuándo vamos a volver a jugar”, sintetizó.

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