La humanidad está padeciendo una pandemia que por su extensión geográfica y su rápida propagación no tiene precedentes. Esto provoca a los Estados y demás responsables de la salud pública retos insospechados. Se necesitarán cientos de millones de dosis de vacunas. Contamos con varios proyectos de vacuna en desarrollo, e incluso se ha anunciado que mientras se terminan las investigaciones y pruebas necesarias para la aprobación, patentamiento y uso, ha comenzado la fabricación por parte de algunos laboratorios.

La legislación argentina y los tratados internacionales sobre patentes, que otorgan la exclusividad de producción y comercialización del producto a quien lo patenta, prevén la licencia obligatoria por un espacio de tiempo y a cambio del pago de un precio o regalía al titular de la patente, a los fines de multiplicar el esfuerzo, aumentar la capacidad de producción de la industria y hacer llegar la vacuna a la mayor cantidad de personas. Una licencia obligatoria es una autorización que concede una autoridad nacional a una persona humana o jurídica para la explotación de un producto o procedimiento protegido por una patente sin el consentimiento del titular de esta, en casos que se encuentre en peligro el interés público, como en caso de emergencia sanitaria o precios excesivos de medicamentos. Dicha normativa concebida en otras épocas y para otros supuestos, debe ser actualizada, manteniendo los derechos del dueño de la patente, pero agilizando sensiblemente los procedimientos de licenciamiento, posibilitando la licencia automática. El Poder Ejecutivo cuenta con facultades para reglamentar el uso de licencias obligatorias, estableciendo procedimientos sencillos y rápidos en consonancia con la ley y los acuerdos internacionales. Sin solución sanitaria no se podrá encarar integralmente, mediante un plan al que todos debemos contribuír, la superación de las dificultades y perjuicios no queridos que ha traído, indudablemente, el conjunto de medidas a que la calamidad ha obligado.

Las instituciones en su conjunto, tienen un desafío que no admite banderías ni facciones, como asimismo el deber de colaborar con el Poder Ejecutivo para enfrentar con éxito la batalla por la supervivencia . El acceso universal a la vacuna es el camino para lograrlo.

(*) Firman también esta opinión Eduardo Camaño, Oscar Lamberto, Hugo Quintana, Humberto Roggero, Eduardo Rollano, Gilberto Alegre, Julio César Díaz Lozano y Emilio Martínez Gambino.

 

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