El Colectivo de Arte Allá Ellas presenta su primera muestra on line

“Entonces la pandemia” llegó y con ella las conjeturas fundadas en apariencias o indicios. Empezamos a sospechar de la amabilidad del aire. A considerar que así como nos daba vida podía cometer la falta de enfermarnos, podía ser el autor de nuestra muerte.

“Entonces el barbijo”, por la duda del aire. Y “Entonces el aire” se llama la serie de la artista plástica Silvia Katz, realizada durante la cuarentena y atravesada por el contexto de pandemia.

Estos dibujos están expuestos en la primera galería on line del Colectivo de Arte Allá Ellas, compuesto por María Laura Buccianti, Virginia Montaldi, Gabriela Zanandrea y Silvia Katz. Estas artistas visuales están formadas en pintura, grabado, fotografía y performance, con un cuerpo de obra y trayectoria profesional en la escena plástica de más de veinte años.

Trabajan de manera conjunta desde marzo de 2014, y sus encuentros se dirigen a dialogar desde los lenguajes personales, intercambiando experiencias y saberes y sistematizando la producción.

Las obras que hagan, y que irán presentando a su turno, están en venta en la cuenta de Facebook Allá Ellas (Salta).

Por las redes sociales

Los protagonistas de “Entonces el aire” son figuras humanas realizadas en lápiz, acuarela y café. En su mayoría mujeres de largos cabellos, algunos seres alados.

“‘Entonces el aire’ está atravesada por la realidad que nos toca vivir en estos tiempos, una realidad que arrasa con furia de vendaval, que nos hace parte de un paisaje extraño, un mundo impensable hace tan pocos meses. De pronto el peligro nos rodea, respirar el mismo aire que el otro puede ser letal. Entonces hay que recluirse y ahí es donde los paisajes cambian, se transforman en espacios vacíos de personas, en paisajes de ausencia”, detalla Katz sobre su flamante serie.

Todos aparecen desnudos y con barbijos sutiles, devenidos de aquellos que en diversos estilos y hechuras pueblan las calles y ante los cuales el ojo artístico no puede quedar incólume. “También cambian los paisajes humanos, ahora conminados a una única pieza normativa, una indumentaria que nos iguala a todos los habitantes del planeta. Nos cubrimos con un trozo de tela; pero estamos más desnudos, más vulnerables que nunca. Con el barbijo desaparece el rostro, hay una especie de vacío, hay también una ausencia. No me gusta lo que connota la palabra tapaboca, ya la pandemia se encarga de dejarnos mudos, atónitos”, reflexiona Katz.

Acerca del uso de café como material señaló que “nació por puro azar, cuando estaba estudiando en Toulouse (Francia). En un bar, mientras esperaba a un amigo, me puse a pintar con acuarela, y descuidadamente metí el pincel en la taza y de allí a la hoja. El efecto de ese accidente me fascinó y ahí nació mi amor por ese material no considerado artístico per se”.

Los dibujos

Múltiples ideas implícitas provoca “Entonces el aire”, como el buen arte.

En “Desvelo”, una mujer que es humo desde una garra sanguinolenta ¿se siente “fumada” por la situación de pandemia? En “Las razones del viento” ¿la mujer se deja llevar por el viento pandémico y sus consecuencias, que no domina? Un hombre pelado y coronado hace descansar su cabeza, como ocultando sus lágrimas, sobre sus brazos cruzados. ¿El “cordón” que lo sujeta de la espalda no debieran ser alas? “Bendita tapaboca”, una santa sufrida con un halo de sangre posado sobre la coronilla. En “Éxtasis”, un barbijo con sombras fálicas cubre una boca de mujer.

Un hombre alado estirando su espalda, sacando hacia el frente un ombligo que no habrá estado nunca conectado por el cordón que une la placenta de la madre con el vientre del feto, por que no nacen así ni los ángeles ni los demonios... Quién dice que el arte no nos hace elevar las dosis de fantasía que nos bastan cotidianamente en este atribulado mundo.

Una mirada

“La experiencia estética es personal, única e intransferible. Tanto para el que crea como para el que observa la obra, porque hay dos subjetividades, dos emociones y dos percepciones que se encuentran. Lo que hacemos como creadores es observar y reflexionar sobre la realidad y materializarla a través de nuestra obra, con un lenguaje personal”, dice Katz desde su papel creativo. Pero el buen arte no es para nada inofensivo y no hay manera de desactivarle todos los peligros que supone la pasión artística, aquella necesidad de expresar y, en el mismo movimiento, modificarle la realidad circundante a otro.

Efecto del que no están exentos los propios artistas. “No somos meros registradores de lo que sucede, transformamos desde la emoción, desde una poética personal. Cuando el espectador se halla frente a una obra, la va a completar de sentido desde su percepción, conocimiento y emoción; encontrará sus propias palabras para nombrarla, o quizá se establezca una conversación con esa imagen, o tal vez se le vaya develando de a poco. Es como con las relaciones humanas, no permanecen iguales a través del tiempo. Cuando veo las obras de otros artistas que tengo en casa, me cautiva jugar a descubrir cosas que no había visto antes”, afirma Katz.

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