“Era un reto difícil lidiar con una bioserie de alguien que sigue vivo”

¿Cuál fue la escena que más te costó filmar, emocionalmente hablando?

Mi capítulo favorito y el más complicado es el capítulo 11 de la temporada 2 cuando muere su hijo. Yo tenía que visualizar que era mi hija para conectarme con esa emoción, no me puedo imaginar lo que puede ser perder a un hija. Yo perdí a mi padre lamentablemente, entonces evoqué ese dolor con la cara de mi hija y así pude llegar a esa escena.

¿Sentís que ahí se produce como un quiebre de El Chapo?

Sí, porque ahí el personaje se transforma, cambia, se le da la vuelta a la tortilla para empezar un nuevo personaje. Y a mí me dejaron el trabajo de interpretarlo en las tres temporadas y lo hice durante un año completo. Eso me hizo comprenderlo, ponerme en sus zapatos y entender realmente dónde estaba el clímax en el que empieza el declive del Chapo. En la tercera temporada se ve justamente la decadencia del imperio y del personaje. Se empieza a poner mayor y entonces aparece el miedo: miedo a la extradición, miedo a perder a sus hijas, a perder a su familia, a su esposa, etc.

Y hablando de miedo, ¿tuviste temor en algún momento? Más que nada porque el personaje aún vive y sus allegados también...

Sí, por supuesto que sí. Tengo familia: mi esposa y mis dos hijas. Era un reto muy difícil lidiar con una bioserie de alguien que sigue vivo, que tiene familia, hijos y que alguno de ellos puede sentirse afectado por lo que decimos. Se tuvo mucho cuidado, algunas escenas fueron eliminadas por cuestiones de seguridad.

¿Por qué fueron eliminadas, porque eran violentas o porque estaban vinculadas a gente de poder?

Las dos. La realidad es mucho más oscura que la ficción y nosotros queríamos contar qué le pasaba a este personaje, por qué llega ahí y no desviarnos de ese camino. La tercera temporada es justamente muy actual, en la primera era en los años 80, la segunda de los 90 / 2000 y la última hablaba de 2017 y, cuando se estrenó, había aún gente en el poder, entonces teníamos que tener mucho cuidado con lo que decíamos. Más que nada ser respetuosos, porque nuestra tarea no era juzgar sino contar. 

¿Por qué creés que se insiste en mostrar a los latinoamericanos como narcotraficantes en las ficciones estadounidenses?

Tenemos un vecino complicado, y tenemos que lidiar nosotros con ellos y ellos con nosotros... nos tocó tener de vecino a una potencia mundial, un país en el que puedes cumplir sueños y no cumplirlos también. Todo puede ser bueno y todo puede ser malo. Cuando me consultan sobre la idea de Trump de construir un muro para que no pasen más drogas ni inmigrantes, yo me pongo a pensar en eso y me digo: Ojalá lo hagan muy alto, pero muy alto para que no pasen armas a Latinoamérica proveniente de los Estados Unidos.

¿Seguís las noticias de la situación de “El Chapo”?¿Pensás que siente que va a poder salir alguna vez?

Me entero, leo las noticias. Debe ser complicado para él, que tiene unas niñas chiquitas, me pongo un poco en sus zapatos. Está encerrado y no las puede ver, ni verlas crecer. No lo justifico, sino que lo pienso como papá. Siempre vi al personaje como una rata de laboratorio, como en un laberinto, que busca una salida, la puerta, el túnel. La esperanza es lo último que se moría para él.
 

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