Nuestro futuro depende de nosotros

Las causas por las que Salta aún no despegó socioeconómicamente a esta altura del siglo XXI deben buscarse en fuerzas exógenas y endógenas.

Las primeras están íntimamente relacionadas con el planteo político que nos persigue como fantasma desde nuestra independencia: el centralismo del puerto. Sin ahondar en consideraciones históricas harto conocidas por todos, la concentración económica fue el sustento de un poder creciente en desmedro de un extenso y aislado interior.

A medida que el camino real al Alto Perú perdía importancia estratégica y económica, el puerto de Buenos Aires crecía en importancia y monopolizaba todo el trafico con el resto del mundo. El comercio, pero además la ciencia, la cultura, las artes, la mismísima arquitectura, los adelantos en general llegaron de la mano de la inmigración y se quedaron allí condenando al interior a un atraso permanente hasta finales del siglo XX tiempo en que la sociedad del interior durmió un sueño sin cargos.

Esta situación tuvo que ver con el perfil de las sociedades del interior que uno las concibe como en cámara lenta con las largas siestas y vidas reposadas. El silbato del tren irrumpió en esa paz y trajo a borbotones el progreso y las novedades, además de los viajes a la Capital, pero en realidad el tren vino a llevarse al puerto los productos del interior y se estableció un nuevo statu quo que mantenía vasos comunicantes con el Centro.

Es un error imaginar que Buenos Aires en sus edificios de cristal vela por el desarrollo de las lejanas provincias del interior, ese rol y esa responsabilidad están reservados a los hombres del interior que representan precisamente las fuerzas endógenas. 

La cuestión es si los hombres del interior que llegan a Buenos Aires defienden los intereses provinciales ante este desequilibrio socioeconómico. La respuesta es no. Son absorbidos por el sistema de poder de resultas que en su gestión olvidan las reivindicaciones históricas de su terruño.

Es Salta y su gente quien debe planificar su futuro atado al desarrollo productivo, económico, tecnológico, científico y cultural. Y no hablamos de metas, que el PE 2030 las define en abundancia, sino de los caminos del desarrollo real provincial y los responsables de su ejecución.

Por ello el Gobierno provincial debe hacer una convocatoria amplia de fuerzas productivas, políticas, culturales, sindicales, financieras, cámaras, CEyS, Inta, Conicet, sociales, etc., para consensuar un plan de desarrollo y logístico sustentable provincial de diez años en una primera etapa. Contemplando todas las economías regionales, minería, turismo, etc., que deberá compatibilizarse con las metas del plan estratégico 2030.

La realización del plan estratégico 2030 fue el resultado del esfuerzo en el que se logró trabajar más de un año con muchísimas instituciones de la actividad privada.

De algo similar hablamos, pero patrocinado por el Gobierno y su elaboración con la opinión de los interesados, debe ser el producto de la política oficial y de equipos técnicos altamente especializados, retroalimentándose en los sectores mencionados.

Esta es en todo caso la materia pendiente de los salteños en la cátedra del desarrollo, pero el marco nacional dependerá de las gestiones que Salta realice en Buenos Aires. No ya para proyectos singulares cuyo combustible ha sido muchas veces la amistad o las conveniencias económicas de un grupo, sino para dar impulso integral a un plan provincial de desarrollo acordado y defendido por todos los salteños.

Mientras el mundo era un conjunto de islas apenas y deficientemente comunicadas, muchas sociedades vivían la paz y la felicidad del aislamiento. Eso nos pasó a las provincias del interior profundo. Pero cuando el mundo se globalizó y los medios de transportes y comunicaciones fueron fluidos surgieron desafíos de conocimiento, tecnológicos, de competencia de mercados, de escalas diferentes y el atraso de nuestras sociedades se puso de manifiesto abruptamente sacando de la modorra al interior y surgiendo como una necesidad el desarrollo integral de sus sociedades. En ese punto estamos y fundamentalmente desde la educación, es nuestra obligación trabajar por la metamorfosis social y cultural capaz de proveer a las generaciones venideras las condiciones de competitividad que el mundo hoy exige y que resultan condición necesaria de la superación humana rumbo a una auténtica igualdad de oportunidades, capaz de allanar las dolorosas desigualdades que nos aquejan.

El fenómeno apuntado se manifiesta en indigna pobreza y desigualdad de más del 40% de la población salteña, que en su desesperación busca horizontes en la ciudad, desarraigándose y conformando las villas miserias de todas las ciudades argentinas verdaderos ghetos de padecimiento e indignidad en el que terminan nuestros hermanos provincianos. 

El desarrollo del interior es la respuesta válida al problema que hoy acosa a las grandes metrópolis y degrada a miles de argentinos.

Hay mucho por hacer.

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