¿La Argentina? ¡Diez puntos!

La Argentina, en un ranking de cero a diez, muy probablemente apenas llegaría generosamente- al cuatro. 

Más allá del puntaje que corresponda, podrían proponerse algunas ideas para mejorar el que resulte, y si bien las iniciativas a ponerse a consideración serían incontables, quiero proponer diez que seguramente son muy pocas, incompletas e inadecuadas, pero tal vez sean al menos algunas de ellas de importancia estratégica para levantar esa mediocre puntuación. 

Las ideas que se proponen no siguen un orden de importancia -que sería otro tema para debatir-, por lo que se ha elegido un simple listado alfabético, destacando que los puntos no son independientes entre sí al estar muchos de ellos íntimamente relacionados. Asimismo, por cuestiones de extensión, se proponen aquí solamente seis, reservando las cuatro restantes para una segunda nota a publicarse próximamente.

1) El crecimiento de la economía

La Argentina lleva 10 años o más de estancamiento en su economía, lo que, con una población en aumento, implica una caída sustancial en el ingreso por habitante que algunos estiman equivalente al de 20 años atrás. Resulta por lo tanto imperativo que la economía crezca y la forma genuina de hacerlo es principalmente a través de la inversión y las exportaciones, para lo que se requiere un programa económico que en lugar de “combatir el capital”, lo promueva, respetando la libertad de comercio y el derecho de propiedad que consagra nuestra Constitución.
 
2) Desempleo y pobreza

Es casi una obviedad que la pobreza es hija del desempleo, el cual, estrechamente relacionado al estancamiento, viene escalando posiciones. No es menos obvio que la forma de abatirlo es un vigoroso crecimiento de la economía que remite al punto anterior, vale decir, se requiere un programa junto a un compromiso definitivo y permanente de respetar el derecho de propiedad, la libertad de comercio y el alejamiento de ideas estrafalarias y completamente ineficaces sobre el funcionamiento de la economía, como la falsa ventaja del estatismo respecto de la economía de mercado.

 3) Deuda

Dentro del extenso listado de extravagancias de los gobiernos argentinos figura la especial idea de que el endeudamiento que supone el déficit fiscal y los problemas que se le asocian, queda atenuado cuando las deudas que genera el déficit se cambian por la deuda que el Estado contrae con los acreedores. Peor aún, la extravagancia supera cualquier vuelo imaginativo al sostenerse que si el endeudamiento es con el mundo, éste es menos nocivo que si, por ejemplo, se emite directamente dinero para financiarlo. 

Claramente, cualquiera se da cuenta de que, al pagarse el déficit con pesos, si la economía se endeuda en dólares, estos deben cambiarse por la moneda doméstica para efectuar los pagos, con lo que: ¿cuál es la diferencia entre estos pesos “cambiados” y los que se emiten directamente contra un compromiso ante el ente emisor de devolver las cifras solicitadas? 

Por supuesto, la clave es reducir hasta su eliminación el déficit fiscal, pero hasta que ello se logre y, especialmente, si los gobiernos no tienen el menor interés en disminuirlo, endeudarse en moneda extranjera para su financiación es suicida, como palmariamente lo vive y sufre la Argentina de nuestros “imaginativos” gobernantes. Cuestión aparte, claro está, es el hecho de que las deudas deben pagarse y no “defaultearse”, acordando con los acreedores en los mejores términos.

4) Educación

Es también un lugar común que la decadencia de la Argentina se proyecta a la educación, no siendo en cambio claro si esta es causa o consecuencia de aquella, o al revés. 

Sin duda, como se destacó en una nota anterior, no parece que, en términos de calidad institucional -que deja mucho que desear, para decir lo menos-, el nivel educativo tenga algo que ver, porque la Argentina conoció períodos extensos de, cuanto menos, aceptable calidad institucional desde la Organización Nacional hasta aproximadamente mediados del siglo pasado, asociados con muchos años en ese período de elevado analfabetismo. A la vez, con tasas de alfabetización sustancialmente más elevadas desde entonces, la pérdida de calidad institucional -con valiosas excepciones, claro está- ha sido constante, sin que se logren progresos hasta el presente. 

De todos modos, en términos de la elevación de la calidad de vida de toda la población, una sostenida campaña de jerarquización educativa es imprescindible e imperativa para dotar a los jóvenes de mejores oportunidades para el acceso al mercado laboral, lo que contribuirá en un horizonte temporal de mediano y largo plazo a la reducción del desempleo.

 5) Gasto público

Si bien la eliminación del déficit fiscal debería ser una consigna nacional al estilo de aquella romana: “delenda est Carthago” (“Cartago debe ser destruida”, atribuida a Catón el Viejo, circa 150 AC), no es menos cierto que el tamaño del gasto público en la Argentina, al igual que en una gran parte de las provincias y municipios, es exageradamente elevado, con porcentajes respecto al PBI que se aproximan a veces al 50%. 

Sin duda, algunos “empates” son altamente valiosos para las economías, como es el caso del equilibrio en la cuentas externas, donde exportaciones por 100 e importaciones por igual cifra son mejores que “empates” por 50, pero inferiores a otros “empates” de 200, 300 y cuanto más, mejor. 
Sin embargo, en el caso del sector público, aun equilibrando las cuentas, no es lo mismo un gasto de 100 con impuestos equivalentes que gastos por 50 con impuestos asimismo por 50, porque aunque en ambas situaciones el déficit es cero, en el segundo caso se liberan recursos a los contribuyentes que se destinan más productivamente al consumo, el ahorro y la inversión.

Por lo tanto, junto al esfuerzo que la Argentina debe hacer para reducir a un mínimo su déficit fiscal, también debe enfatizarse en la necesidad de bajar a niveles tolerables el gasto público junto a los impuestos, para lo cual un primer paso crítico es el congelamiento del gasto y la suspensión de la incorporación de nuevo personal, reubicando el existente para atender el crecimiento de la economía, especialmente en áreas estratégicas como educación, salud y seguridad.

 6) Inflación

En numerosas notas anteriores se ha analizado el tema de la inflación, destacando que no hay una única causa que la genere y alimente, pero enfatizando que hay dos motivos principales que la provocan, que son el déficit fiscal y la concentración económica en la ciudad y provincia de Buenos Aires junto a un mínimo de otras provincias. 

Si bien es una cuestión empírica establecer qué grado de “culpa” debe atribuirse a uno y otro aspecto, es claro que deben atacarse ambos.

Como propuesta, en el caso de la concentración monopólica, una gradual pero no negociable apertura de la economía y un control de los formadores de precios hasta tanto la competencia internacional discipline del todo a estas empresas, logrando también la reducción del déficit fiscal su parte del cometido de abatir la inflación.

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