El turismo en los Valles Calchaquíes pide auxilio y un plan

Un latido agonizante se percibe desde los Valles Calchaquíes. Siete meses de aislamiento casi bastan para terminar con un pueblo, con una historia de prosperidad construida con arcilla, con música, con sol candente y copas llenas de vino. La llamada “industria sin chimeneas” está exhalando sus últimos suspiros entre las Quebradas de Las Conchas, de Las Flechas, Escoipe, la Cuesta del Obispo y la recta del Tin Tin. Pensar en volver por esos pagos es una añoranza sin horizontes para el turismo. Nadie sabe cuándo ni cómo. Mientras tanto, los artesanos, los gastronómicos, los hoteleros, los artistas, los que cultivan los “yuyos” de allá, los que preparan el arrope de chañar y los bocados de higo con nuez, se debaten entre la incertidumbre y la indiferencia de los gobiernos hacia este sector que reclama, implora, necesita diálogo para creer que hay un futuro. Todos entienden la complejidad de la época, incluso nadie quiere recibir gente en los valles por temor al coronavirus; los controles de ingreso son muy estrictos y el movimiento es mínimo por el momento. Hoy aturde el silencio en los pueblos calchaquíes. Sin embargo, esta quietud es más dolorosa porque hay hambre, muchas deudas y ninguna perspectiva. 

Con este triste escenario, ayer, bajo la consigna “El Turismo en agonía”, hoteleros, empresarios y operadores realizaron una marcha muy concurrida en reclamo de una asistencia afectiva por parte del Estado para sostener el motor económico de los valles. 

Las restricciones impuestas por la pandemia han reducido a cero las actividades turísticas en la provincia y se han manifestado drásticamente en lugares como Cafayate donde todo, pero todo, gira en torno al turismo. Los empresarios turísticos piden, entre otras cosas, créditos acordes a estos tiempos con tasa 0 y a 36 meses del plazo para su devolución; subsidios provinciales para recomponer y hacer frente al déficit salarial de los empleados del sector y para poder realizar el pago de los servicios de agua y luz retroactivo a marzo de este año, teniendo en cuenta además que el gas que se usa en la región es envasado. También solicitan la unificación de protocolos para la reactivación del turismo regional cuando eso sea posible de acuerdo a la evolución sanitaria.

Pablo Kishimoto, presidente de la Cámara Gastronómica y Hotelera de Cafayate, dijo sobre la crítica situación: “Entendemos que el problema es mundial, que nuestro país tiene muchas necesidades y la provincia más, pero se esta perdiendo un pueblo, no un destino turístico y entre todos tenemos que tratar de que se pierda lo menos posible. No le echamos la culpa al Gobierno municipal, ni provincial, pero necesitamos que nos visualicen y dialoguen con nosotros sobre el futuro. No queremos regalos, queremos trabajo, necesitamos un plan”.

Kishimoto agregó: “Nadie está afuera de este drama hoy. El artesano no puede pagar el alquiler y el que alquila no recibe su cuota; el que tiene un hotel no recibe huéspedes hace 7 meses, igual que los restaurantes. Acá, si tenés turismo vivís, si no tenés turismo, no vivís”. 

El empresario explicó: “El reclamo que hicimos no es como Cámara sino como sector. Estamos todos los que vivimos del turismo en el reclamo y pedimos que sea acompañado por las agencias de turismo de Salta capital porque está en juego un destino clave para la provincia. El turismo es una industria esencial en nuestra región, es muy difícil reinventarse aquí, es el tren del turismo en forma metafórica porque genera empleo, paradas, comida, espectáculos, arte, pero cuando el tren para, los pueblos se vuelven fantasmas”. 

Aseguró que “muchos empresarios dejaron de pagar a los empleados el adicional porque tienen cero entrada de dinero, no es mala voluntad, pero entrando al séptimo mes de cuarentena, no se puede esperar otra cosa. A la par, el Estado nacional sigue subiendo las asignaciones sociales pero no actualiza el apoyo al trabajo y la producción (ATP) para los salarios de nuestros empleados. Incluso, en los Valles Calchaquíes el gas es envasado y el costo es mucho más elevado que el natural. Por eso exigimos tarifas diferenciadas en los servicios de energía y agua para compensar las pérdidas”. 

“Acá se está perdiendo un pueblo, no un destino, la gente no va a poder trabajar porque no tiene horizontes con este escenario. Hay que tomar decisiones urgente porque la pandemia va a dejar muchas secuelas a largo plazo”, enfatizó. 

Sobre los resultados de la apertura al turismo interno que se suspendió hace semanas por el reingreso a fase uno, Kishimoto aseguró: “Las aperturas a medias tampoco sirven porque uno termina perdiendo. Poner todo el sistema a funcionar es muy costoso y las tarifas no cubren esos gastos”.

A cerca de lo que proponen, el empresario dijo: “Pedimos trabajar sobre protocolos de reapertura para cuando la realidad sanitaria permita abrir el turismo a nivel nacional y regional. En la costa atlántica ya planean el verano, dicen que van a abrir solicitando PCR, están tirando ideas ya. Nosotros nada”. 

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