Pronósticos con perspectivas futuras

Pronósticos y explicaciones en la ciencia. En la ciencia, se procura que ella logre dos propósitos fundamentales. Uno, tal vez el más celebrado, es la explicación de los fenómenos que están bajo su estudio. El otro es la capacidad de anticipar situaciones futuras también conectadas con su "metier", o sea, su tarea o propósito.

Así, la Física newtoniana explicaba muy bien, no sólo los eclipses que también eran analizados y predichos por otros enfoques previos más rústicos e inexactos, sino también la llegada de los cometas junto a otros enigmas por entonces todavía incomprensibles bajo el paradigma anterior.

Por su parte, la Física relativista podía explicar otros fenómenos desconcertantes para la Física clásica, como el comportamiento "anómalo" de Mercurio, el planeta más cercano al Sol, e incluso predecir algo tan abstracto e indetectable como las ondas gravitatorias, recientemente descubiertas.

El autor de estas columnas, a lo largo de 2019, escribió muchas de ellas poniendo énfasis en un problema que se venía venir, cuál era el de que, al errar el gobierno de la administración Macri en la resolución de la inflación, parecía inevitable que la próxima administración iba a caer en "la otra banquina", como el autor denominaba a las dos corrientes principales que, nombres más o nombres menos, se reparten el gobierno en la Argentina desde 1983, las que podrían ser denominadas "enfoque R", por republicano, (ER), que refiere a las ideas que se constituyeron desde la Organización Nacional y que propone la aplicación de la Constitución sin matices, y por otra parte, el "enfoque P", por populista (EP), que tiene su propia interpretación de la Constitución, esforzándose en cuanto está a su alcance para sortearla e incluso modificarla acorde a su visión, bastante enfrentada a la Constitución de 1853 y enmiendas posteriores. Claramente, las "alvertencias" se cumplieron, y no sólo eso. A poco de las elecciones presidenciales de 2019, el autor de estas notas imaginó dos escenarios, correspondientes, uno a una posible reelección de la administración Macri, por una parte, y el otro referido al triunfo de la fórmula Fernández-Fernández. Tal vez desafortunadamente, las "profecías" para este último escenario (obviamente, el primero no cuenta) se cumplieron con razonable exactitud para buena parte de los pronósticos relativos a las medidas a tomar y sus consecuencias, tales como el no abatimiento de la inflación, complicaciones en el sector externo y otras.

El porqué de las "banquinas"

Sin duda, bien pensado, no hay demasiado mérito en anticipar la performance de un gobierno de tipo populista, si se tiene en cuenta que, en general, quienes se identifican con sus ideas adhieren a eslóganes del tipo de "el imperio", "la voracidad del capitalismo" y otros por el estilo, y consecuentemente, como de ciertos componentes no se hace dulce, tal cual reza el refrán, tampoco de ideas disparatadas puede salir un diagnóstico certero y, mucho menos, un programa consistente de gobierno.

No hace falta abundar en cifras o ejemplos de economías que han practicado las distintas formas de EP, más allá de que algunas hayan estado férreamente manejadas por sus gobiernos: se trate del comunismo soviético, del fascismo o de los variopintos experimentos latinoamericanos del siglo XX, sin excepción todos han terminado proporcionando a sus poblaciones peores condiciones de vida que las que existían bajo los gobiernos "imperiales" y (­qué duda cabe!), la Argentina del populismo recurrente y decadente no es por cierto la excepción.

Más interesante, en cambio, es interrogarse porqué las etapas de ER, específicamente en la Argentina, no han conseguido resolver los problemas que EP genera, aunque en términos generales se consiguieron algunos resultados auspiciosos, especialmente en cuanto al respeto por la Constitución y las normas republicanas de gobierno. En línea con la máxima de Sherlock Holmes según la cual, agotadas todas las posibilidades, la última que queda, por inverosímil que parezca, debe ser la correcta, el autor de estas líneas considera que una posible explicación para los problemas de la Argentina que prácticamente se concentran en la indomable inflación, es que esta, más allá de responder a un exceso del gasto público por encima de los ingresos genuinos para hacerle frente, se origina en la desproporcionada cerrazón de nuestra economía que permite que los distintos sectores productivos que se entrelazan en la producción de bienes y servicios puedan decidir bastante arbitrariamente los precios que pretenden cobrar por ellos, a diferencia de las economías en general en las que la competencia obliga a las empresas a ubicar los precios de modo de no ser barridos del mercado. Si se acepta esta idea, se entiende por qué los planes de estabilización han fracasado sistemáticamente, ya que los principales componentes de los precios (los salarios y los márgenes de ganancia de las empresas, a los que se suma en las últimas décadas el dólar), tienen detrás suyo protagonistas con un poder de decisión formidable: los sindicatos y las empresas, a las cuales la estabilidad de precios "descoloca", ya que los márgenes de ganancia elegidos se erosionan justamente al subir los precios (el ingreso de las empresas pierde poder de compra cuando los precios de los componentes de producción, o el costo de la vida aumenta) y al ingresar en una etapa de estabilidad ya no se puede, por la lógica de las circunstancias, modificar los precios que para algunas empresas habrán quedado "retrasados" (los márgenes se han erosionado) al formalizarse la estabilidad de precios.

Si el punto de vista de este columnista es correcto, las perspectivas a futuro para la Argentina no son muy optimistas.
Es probable, según la estrategia que elija la alternativa ER para las elecciones 2021, que haya un “voto castigo” para el Gobierno actual Fernández-Fernández.
En cambio, es poco probable que en el tiempo que resta hasta las elecciones del 2023 el actual gobierno lleve a cabo iniciativas del tipo de las de otro Gobierno EP, el de Carlos Menem, que justamente se separó de las consignas populistas, pero cuyo plan antiinflacionario, aunque más duradero y no exento de inconsistencias, siguió igual suerte que todos los otros.
En el caso de un recambio de gobierno en 2023 hacia las posiciones ER, nada hace pensar que solamente cuidando que el déficit fiscal no alcance proporciones extremas se logrará abatir la inflación y reiniciar una etapa virtuosa para la Argentina, porque en tanto las causas del endémico flagelo se mantengan, este se perpetuará, como lo viene haciendo desde hace ocho décadas atrás, con lo que la alternativa ER nuevamente sucumbirá y ojalá lo haga como en la etapa 2015-2019, vale decir, en los cuatro años reglamentarios, y no antes, como muchas veces ocurrió en la Argentina.
En cualquier caso, si se aceptara la hipótesis de la imperatividad de la apertura de nuestra economía como forma de abatir la inflación, se requerirá, para alcanzarla y evitar una nueva contraofensiva de los sectores afectados, una amplia coalición de gobierno y una formidable tarea de comunicación y persuasión de muchos actores, tarea que, verosímilmente, algunos economistas, por ética profesional, no estarían dispuestos a acompañar, si se tiene en cuenta que una parte de su “mercado” es el asesoramiento de empresas.
.
 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...