Joaquín Castellanos,  primer gobernador radical de Salta

La historia de la primera gobernación radical de Salta comenzó a gestarse cuando don Hipólito Yrigoyen envió a Salta la intervención federal, que se consumó el 8 de mayo de 1918. Hasta entonces Salta era la única provincia argentina que nunca había sido intervenida por el gobierno central desde 1853.
Por 1918 el gobernador era don Abraham Juan Cornejo, electo dos años antes en representación del partido conservador salteño Unión Provincial. Y Salta cayó en la volteada cuando el gobierno de don Hipólito resolvió intervenir aquellos distritos donde gobernaban los partidos conservadores o del “régimen”, como les decía. Su idea era que las intervenciones debían reparar los daños causados por el fraude electoral y luego reponer el orden democrático basado en el sufragio secreto y obligatorio.
Y así fue que el 27 de abril de 1918 Yrigoyen, con acuerdo general de ministros, dictó un decreto e intervino la provincia de Salta ad referéndum del Congreso Nacional. El texto del documento es políticamente contundente. Menciona el fraude, el nepotismo y los arreglos “comerciales” a lo largo de treinta años, desde 1890.

El documento

El texto que nos da una vista general sobre la política de aquellos años dice: “Debiendo renovarse en breve el Poder Ejecutivo de la Provincia de Salta, y visto el informe del comisionado nacional, doctor Avelino P. Ferreyra y demás elementos de juicio contenido en documentos públicos que testimonian la completa subversión de los principios tutelares de la vida pública de ese Estado y considerando: 
Que de esos mismos antecedentes aparecen comprobados que existen allí, en las diversas formas de la representación pública, una situación manifiestamente inconciliable con el decoro político y la alta cultura alcanzada por el país, habiendo llegado al extremo de que desde hace más de un tercio del siglo los gobiernos se han sucedido en esa provincia sin solución de continuidad, entre ciudadanos unidos por estrechos vínculos de parentesco o intereses comerciales.
Que esas transgresiones han determinado asimismo la completa subordinación de los poderes Legislativo y Judicial, registrándose el hecho de que la casi totalidad de sus miembros están unidos entre sí y respecto de los del Poder Ejecutivo, por vínculos de parentesco y de intereses, a la vez de ser empleados a sueldo del tesoro provincial. 
Que tales anormalidades entrañan la negación de las garantías requeridas para la seguridad y ejercicio de los derechos políticos y privados, como se ha constatado en los sucesivos procesos a que se dieron lugar los actos electorales que se han venido verifi    cando.
Que el Poder Ejecutivo de la Nación debe intervenir cumpliendo su esencial misión constitucional, para realizar el propósito fundamental en que se encuentra empeñado, de hacer efectiva la renovación legal de todos los poderes, a fin de restablecer el sistema institucional de la República”.
Más adelante el Gobierno nacional designa como interventor federal al Dr. Emilio Giménez Zapiola, por entonces camarista de los Tribunales de la Capital Federal. En tanto en el penúltimo artículo dice: “Dese cuenta oportunamente al honorable Congreso de la Nación...”. Firman Yrigoyen - R.Gómez, H. Pueyrredón, D.E. Salaberry- J.S. Salinas Elpidio González - F. A. Toledo Torello.

  Hipólito Yrigoyen.

Los interventores

Concretada la intervención federal, el Dr. Emilio Giménez Zapiola arribó a Salta y asumió el cargo el 9 de mayo de 1918. Pero, pese a que se trataba de un camarista federal de renombre, a poco de andar comenzó a tener problemas. Surgieron apenas declaró en comisión a todos los magistrados del Poder Judicial. Y eso empeoró cuando dispuso ampliar el padrón electoral y convocar a elecciones para el 5 de septiembre de 1918. Las quejas y los inconvenientes se sucedieron con una rapidez inusitada y el 25 de julio de ese año Giménez Zapiola renunció como camarista y como interventor. 
El 29 de julio el Poder Ejecutivo Nacional, mediante decreto, lo declaró cesante: “Visto los términos de la renuncia presentada por el doctor Emilio Giménez Zapiola, interventor de la Provincia de Salta: Se lo declara cesante como interventor, pero el P.E. Nacional rechaza la renuncia como camarista de la Capital”.
Y ese mismo día se designó como nuevo interventor de Salta al Dr. Manuel Carles, quien luego de conversar con el presidente Yrigoyen viajó a Salta. Después de dos días de viaje, Carles arribó a nuestra ciudad el 9 de agosto de 1918. Su mayor preocupación era cumplir con la misión encomendada por don Hipólito: convocar a elecciones a la mayor brevedad. Para ello abrió de inmediato el diálogo con los partidos políticos; amplió el plazo para la confección de los nuevos padrones y en octubre convocó a elecciones para el 15 de diciembre de ese año.

Proceso electoral

En la campaña electoral, que duró dos meses, asomó en el horizonte la figura del Dr. Joaquín Castellanos, del Partido Radical. Hombre de prestigio que por entonces también descollaba en el campo de la literatura, especialmente a partir de la publicación de “El Borracho”, una obra poética de excelente acogida en el ambiente de la cultura y de múltiples reediciones.
Pero Castellanos, además de poeta y orador, era un hombre que cargaba una dilatada experiencia política. Su bagaje procedía desde su participación en la Revolución del 90; de ser amigo y consejero nada menos que de don Leandro Alem y, más aun, a su muerte, orador oficial de la UCR para despedir sus restos. Amén de ello, había sido ministro de Bernardo de Irigoyen en la provincia de Buenos Aires, destacado parlamentario nacional y había sostenido relevantes polémicas parlamentarias con don Lisandro de la Torre.
Pero Castellanos, pese a que hacía poco que había vuelto a Salta, estaba al tanto de todos sus problemas. Sabía de salud, educación, obras públicas y, entre estas, la construcción del tren a Huaytiquina, paralizada desde 1914 entre Rosario de Lerma y Campo Quijano.
Y frente a este prestigioso hombre del radicalismo, la Unión Provincial, “el régimen” al decir de Yrigoyen, plantó a otro comprovinciano de valía, el Dr. Manuel R. Alvarado, político avezado que años después tendría un destacado papel como ministro de Obras Públicas de la Nación.
Pero la “ola reparadora” del yrigoyenismo había llegado a Salta y sobre ella cabalgaba con destreza y experiencia don Joaquín Castellanos, quien en las elecciones del 15 de diciembre de 1918 se impuso sobre Manuel R. Alvarado. En el Colegio Electoral, sobre 44 electores ganó por dos votos.
Pero no todo estaba dicho. No al vicio los del “régimen” habían conservado por más de treinta años el poder en la provincia. Los radicales tenían asegurada la gobernación, pero no era tan así la Legislatura. La ola yrigoyenista no había llegado hasta el hueso ni logrado torcer viejas mañas electorales. Y así, fincas y haciendas de antaño, constituidas en departamentos, seguían dando diputados y senadores a granel. Sus consecuencias, de harta gravedad saldrían a relucir a poco de andar. Pero por ahora solo nos ocuparemos de contar solo dos detalles que brindó la primera victoria radical en Salta.

Dos telegramas

No bien Castellanos resultó electo gobernador, lo primero que hizo fue enviar un telegrama al presidente Yrigoyen, con quien no se había comunicado en toda la campaña electoral. Dice: “Durante el accidentado desenvolvimiento de la campaña electoral, yo me abstuve deliberadamente de dirigir a su excelencia, ni en su calidad de presidente ni como correligionario ni como amigo, ninguna manifestación que pudiera confundirse con las interesadas, usuales en otros tiempos y en otros ambientes...”.
Y más adelante, al despedirse agrega: “La victoria radical en Salta, analizada en sus antecedentes, en su desarrollo y sus finalidades, contiene diversos triunfos morales, cuyo galardón corresponde, en primer término, al pueblo de mi provincia, pero el presidente que hizo lo posible por su liberación, merece por aquel, los honores del vencedor de la jornada. Con tal motivo, le felicita y saluda su amigo, Joaquín Castellanos”.
A poco, el presidente Yrigoyen retribuyó los saludos diciéndole: “Agradézcole muy efusivamente su conceptuoso telegrama que fundamente la psicología moral de nuestras consagraciones públicas y valoro en todas sus características la nobilidad de los móviles que lo han inspirado”.
En otro párrafo, el Presidente dice: “Una vez contesté a los gobiernos del ‘régimen’ al preguntarme sobre cuáles eran las exigencias de la opinión nacional, que no requería sino comicios honorables y garantidos, para ejercer los deberes políticos, desde su base, y llevar a cabo la reparación moral, institucional y administrativa de la República. Vuestra excelencia, en su oportunidad analizó ese apotegma y con su brillante imaginación lo planteó en toda su magnitud”.
Más adelante alude a Salta: “El profundo alegato de la causa pública de esa heroica y gloriosa provincia ha tenido su sanción definitivamente un tribunal de honor y sabiduría tan esclarecido que ha llegado a merecer el reconocimiento de todos los contendientes”. 
Finalmente, el Presidente se despide: “De la legítima satisfacción de vuestra excelencia, deduzca la mía, y en justa identidad inclinémonos ante los altares de la Patria, que nos ha permitido realizar tan fausto acontecimiento. Fdo. H. Yrigiyen”.
Días después, el primer gobernador radical de Salta asumió el cargo el 7 de enero de 1919, es decir hace 102 años. Pero luego de aquellos primeros momentos de júbilo político, la provincia comenzó a vivir situaciones muy difíciles y a punto tal que don Joaquín Castellanos no pudo terminar su mandato.
 

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