Un cuento que sabemos todos sube a escena en una reversión imperdible

El grupo de teatro La Morisqueta puede frotarse las manos ante el inminente estreno de “La bestia y yo”. Inspirado en “Frankenstein”, la novela gótica de la escritora inglesa Mary Shelley publicada en 1818, el guion de esta obra fue creado por la comediante, actriz y dramaturga Graciela Quipildor y se verá sobre tablas esta noche y mañana, a las 21.30, en El Teatrino (Aniceto Latorre y Alvear). “Un científico logrará dar vida a una criatura horrorosa, creada a partir de restos humanos. La bestia convivirá con una familia y su existencia revelará con el mismo grado de verdad la fealdad y la belleza de las que son capaces las personas”. Leyendo esta reseña vuelve a la mente el galvanismo, el cuestionamiento a la moral científica, el atrevimiento del ser humano al jugar con los dones divinos. 

Sin embargo, anticipó Cristina Idiarte, directora de La Morisqueta, “la obra explora la diversidad, los prejuicios, el miedo y las heridas que nos hacen más humanos o nos despojan de nuestra humanidad. Todos estamos a un paso de encontrar dentro de nosotros la pureza y el amor, o la crudeza de nuestra propia monstruosidad”. Entonces este será un caso en el que no faltará la criatura que presenta anomalías y desviaciones notables respecto de su especie y que por ello concita rechazo y animadversión por parte del resto; pero el cuento no mantendrá al espectador en un viaje de sentimientos morbosos y angustiantes como el primigenio, sino en otro pleno de matices, entre los que no faltarán la emoción y el humor.

Puesta a repasar el génesis de “La bestia y yo”, Idiarte señaló que tenía hace tiempo la determinación de abordar la monstruosidad y, a la par, se reconocía una “enamorada” de “Frankenstein o el moderno Prometeo”. Así, sobre esos fundamentos convocó a un grupo de actores, a los que definió como los más noveles de la compañía, para iniciar búsquedas en ese texto. “En el camino nos dimos cuenta de que necesitábamos a alguien que contara ‘nuestro’ Frankenstein, nuestra idea de lo que queríamos hacer, y ahí apareció La Quipi, quien además de ser nuestra compañera y amiga también forma parte de La Morisqueta”, relató Idiarte. 

Añadió que a Graciela Quipildor le habían contado su punto de referencia y sus objetivos. “Ella pudo captar claramente esa intención y al cabo de una semana hay un texto maravilloso que es el que estamos presentando y a partir de ahí fue mucho más interesante para seguir trabajando y empezamos a pensar que nuestra bestia, como decidimos llamarlo al monstruo, tenía algunas cosas que nos unían al clásico como esto de que alguien logre dar vida a una criatura horrorosa creada a partir de restos humanos y que su propia existencia revele la fealdad y la belleza de las que son capaces todas las personas. Nos parecía un desafío increíble”, especificó. 

Sin embargo, el monstruo también es aquel que excede las cualidades y atributos comunes, el diferente. Y La Morisqueta por tradición ha incluido a las diversidades. Por ello, decidieron entablar un diálogo con el delegado del Inadi en Salta, Gustavo Farquharson, para representarla en el futuro en las instituciones educativas, en el marco de una propuesta pedagógica en la que resulte un disparador para abordar temas tabúes como el bullying.

“‘La bestia y yo’ plantea un punto de inflexión que está bueno para que los chicos puedan empezar a reflexionar y hablar. Hablar de Frankenstein en estos tiempos es claramente una mirada hacia el proceso de inclusión que estaría bueno que se sostenga. Nosotros venimos trabajando comprometidos con la inclusión y la diversidad desde hace mucho tiempo, un compromiso como un principio vivo, como un vector esencial, queremos lograr una respuesta por un lado social y por otro lado educativa”, expresó Idiarte. 

Luego especificó que este proyecto escénico posee rasgos y tonos especiales y ricos, por lo que pueden plantearse a partir de él varios sentidos. 

“El otro, el diferente, que sufre los prejuicios de una sociedad que no lo incluye por miedo. La monstruosidad como respuesta y como defensa ante esto. Me parece que son temas que tal vez no se tocan en una preadolescencia o en una adolescencia edulcorada con contenidos demasiado estipulados como la de hoy. Hoy por hoy para ese sector solamente existen Tik Tok, las redes sociales y pará de contar”, señaló.

En este análisis de los rasgos que le dan a la obra un carácter determinado dijo que le sorprendió la ternura que le imprimió La Quipi. “Eso me parece que le da una fuerza increíble. ¡Qué loco que la ternura dé fuerzas, pero es así!”, destacó. Y en su entusiasmo al hablar de este estreno casi se puede adivinar el mismo ánimo que habrá tenido Mary Shelley, cuando en su introducción a la edición de “Frankenstein” de 1831 escribió: “Y ahora nuevamente saludo a mi horrible engendro, y lo aliento a que vaya por el mundo y prospere”... 

La Quipi, ante otro desafío como dramaturga

Refirió Mary Shelley que había gestado la idea de “Frankenstein” durante “el verano boreal de 1816, el año sin verano, el hemisferio Norte soportó un largo y frío invierno volcánico”, debido a la erupción del volcán Tambora. Ella y su marido, Percy Bysshe Shelley, resolvieron visitar a su amigo Lord Byron, que entonces residía en Villa Diodati (Suiza). Contó que después de haber leído una antología alemana de historias de fantasmas, Byron había desafiado a los Shelley y a su médico personal, John Polidori, a componer cada uno una historia de terror. “Quería algo que evocase los temores misteriosos de nuestra naturaleza, y que suscitase horrores inquietantes, de modo que el lector temiese mirar alrededor, se le erizase la piel y se le acelerasen los latidos del corazón”, relató. Doscientos años más tarde, Graciela Quipildor escribiría “La bestia y yo”, inspirada por los textos de Shelley. La Quipi dijo que “había leído el libro hace mucho, y además otras adaptaciones, sin embargo, en la historia que planteé el desenlace es otro”. 
Si para Shelley el disparador fue la propiedad de la corriente eléctrica capaz de provocar contracciones en los nervios y músculos de los seres vivos o de organismos muertos -“Debe reconocerse humildemente que la invención no consiste en crear de la nada, sino del caos; en principio, debe contarse con todos los materiales: la creación puede dar forma a las sustancias oscuras e informes, pero no puede crear la sustancia misma- a Graciela la acometió otro argumento. “Mi visión tuvo que ver con el dilema de: ¿qué es un monstruo? ¿Un monstruo puede amar? ¿Podemos amar a un monstruo? En mi guion, el primer esbozo de un monstruo es aquella criatura que por su origen y apariencia parece alejarse del ser humano y de cierta idea de ‘normalidad’. Lo cual es un reflejo del pensamiento que crea los prejuicios más comunes que conocemos”, señaló. 
Por ello, indicó, “la obra plantea otros conceptos frente a los cuales definir la monstruosidad, no centrados en la apariencia: la humanidad, la empatía y el amor, o la falta total de esos tres elementos”.
Acerca de esa línea del parricidio, de la creación de una criatura que sigue siendo un hijo, a pesar de su abominación, expresó: “En la obra se reflejan muchos de los lazos que nos inventamos las personas frente a ciertas carencias afectivas. La familia que construimos y la verdad es que a veces aparece frente a las personas que amamos. La crudeza de que no podemos amar más a alguien, o el alivio de que el amor viene de personas insospechadas que se vuelven nuestra familia”. Sobre el proceso de escritura destacó que “fue un guión charlado con los actores (Juanse Cobo, Luján Arce, Zoe Subelza y Facundo Creche) mientras se gestaba. Los conocí, les llevaba lo que tenía escrito, me fijaba en cómo se escuchaba el guion leído por ellos, de manera que es una obra prácticamente escrita para ellos”. Aunque la directora y los actores le habían propuesto un final, ella los sorprendió con otro y, con todo, dijo confiar en que los chicos “harán lucir la historia”.

Por último, al analizar la actualización de una obra de más de 200 años, opinó: “Frankenstein es una historia que se puede actualizar porque siempre estamos definiendo qué es lo normal y qué no lo es. Y en experiencias de amor o de dolor, siempre llegaremos a la conclusión de que lo que nos hace humanos, o nos hace monstruos, no puede definirse frente a un espejo”, destacó Graciela Quipildor.
Las entradas para ver “La bestia y yo” valen $1000 y están a la venta en Estación Cultural La Morisqueta (Ameghino 507) y en la boletería de El Teatrino. 
 

 

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