La inflación, ese ogro que desbarata cualquier plan

Los cálculos del Gobierno volvieron a fallar y la inflación sigue desbaratando todos los planes destinados a hacer sostenible la economía. El 3,5% de suba en septiembre complica la estrategia de instalar la idea de que la recuperación económica tras la pandemia vendrá acompañada de un alejamiento del ogro que siempre hizo trastabillar los planes en la Argentina: el indomable costo de vida.

"¿Por qué la inflación está imparable?", fue una de las consultas que representantes de inversores de Wall Street le hicieron al jefe de Gabinete, Juan Manzur, y al ministro de Economía, Martín Guzmán, durante una reunión mantenida en Nueva York.

La pregunta puso el dedo en la llaga: Guzmán había pronosticado un costo de vida del 29% para este año, y va camino de cerrar por encima del 50%.

Ambos funcionarios trataron de llevar tranquilidad a los capitales de Manhattan, los cuales temen que de no haber acuerdo con el FMI los pagos de la deuda con los bonistas terminen resentidos.

La Argentina aún está lejos de un acuerdo con el organismo, por una deuda que supera los US$45.000 millones.

Lo confirmó la ratificada titular del Fondo, Kristalina Georgieva, quien casi se queda sin cargo tras ser acusada de favorecer a China cuando era una alta jerarca del Banco Mundial.

Guzmán sigue trabajando con Georgieva para lograr un acuerdo, pero gran parte de lograrlo depende de que el FMI acepte reducir los sobrecargos sobre el crédito, que representan casi US$1.000 millones, y de que se alarguen los plazos de devolución.

La comunidad internacional se pronunció a favor de esos pedidos realizados por la Argentina a través de comunicados emitidos por el G20, el G24 y el Comité Internacional Financiero.

El ministro de Economía se mueve y obtiene resultados en el mundo de la diplomacia, pero se necesita mucho más para convencer a los acreedores.

El FMI alertó que falta un ancla que permita controlar la inflación y todavía no ve con claridad cuál es el plan de la Argentina para crecer y contar con más reservas para hacer frente a sus obligaciones financieras.

El Gobierno, por estas horas, está más preocupado por los números negativos que arrojan las últimas encuestas de cara a las legislativas del 14 de noviembre.

Esos sondeos indican que la alianza gobernante no solo continúa en segundo lugar, sino que la oposición estaría sacando aún más distancia.

Incluso en la Ciudad de Buenos Aires el Frente de Todos estaría peleando palmo a palmo con los liberales liderados por Javier Milei, que podrían desplazarlo del segundo lugar: sería un golpe duro.

Lo que más preocupa al oficialismo es perder capacidad de maniobra en el Congreso frente a los desafíos que vienen.

Uno está vinculado con el Presupuesto 2022 y otro con el acuerdo con el FMI, que Guzmán ya prometió someter al Congreso.

El cuadro fiscal

El ministro de Economía logró reducir el déficit fiscal en la primera mitad del año, para dar señales al FMI y a los mercados de que la negociación por la deuda va en serio.

"Se logró sin hacer un ajuste", aseguró el jefe del Palacio de Hacienda, cuando salió a responder las críticas de la vicepresidenta Cristina Kirchner.

Pero tras la derrota en las PASO el Gobierno volvió a volcar cientos de miles de millones para poner "platita" en los bolsillos de los consumidores y tratar de revertir el malhumor social.

El problema es que esos fondos son arrasados por una inflación que sigue en niveles superiores al 50% anual.

El presidente Alberto Fernández se los reprochó a los empresarios en el cierre del Coloquio de IDEA.

"Los precios se incrementaron de una manera incomprensible", disparó el jefe de Estado.

Los apuntados no son solo las alimenticias y los fabricantes de productos de limpieza, sino también sectores como textiles y calzados, que se ubican entre los que más remarcaron en los últimos meses.

"Todos quieren recuperar en tres meses lo perdido en la pandemia, es un error", advierten cerca del flamante secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti.

El funcionario no se anduvo con vueltas y lanzó un congelamiento de precios por 90 días.

Es una apuesta arriesgada, pero sabe que si no la intenta ahora que recién asumió, su rol se irá desgastando al ritmo de los índices de inflación. Desde las alimenticias enroladas en la Copal, Daniel Funes de Rioja advirtió que el congelamiento de precios "no se justifica", mientras prepara una contrapropuesta a la advertencia lanzada por Feletti. La Argentina tiene una larga historia de intentos de congelamiento de precios para combatir, en general sin mucha suerte, la escalada inflacionaria.

El Gobierno está a punto de poner en marcha otro, a menos de un mes de las elecciones, y sin un plan claro sobre qué ocurrirá el día 91.

 

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