“La ciénaga”, de Lucrecia Martel, se proyecta hoy en una sala de Salta

El 12 de abril de 2001 se estrenaba en Argentina “La ciénaga”, de Lucrecia Martel, película inaugural de una manera de hacer cine. Con la producción de Lita Stantic y las actuaciones de Mercedes Morán y Graciela Borges en los roles protagónicos, sigue sorprendiendo. Hoy se la verá en el marco de la Semana de Cine.

“Significa un antes y un después en la concepción del cine. Y para toda una generación de realizadores de Salta fue un portal hacia otra dimensión, tan extraña que resultaba familiar. Es por eso que desde la Asociación de Realizadores Audiovisuales de Salta queremos celebrarla. Y disfrutarla en una sala de cine”, dice ARAS en la página de la Semana de Cine. Martel ya había filmado el corto deslumbrante “Rey muerto”, y luego de “La ciénaga” vendrían “La niña santa”, “La mujer sin cabeza” y “Zama”.

El Tribuno convocó a las realizadoras Andrea Rico y Bárbara Sarasola Day y al realizador Alejandro Gallo Bermúdez para que brindaran su mirada sobre el filme que cumple 20 años. 

Escenas que marcan

“Cuando pienso en ‘La ciénaga’ recuerdo el sonido de los hielos en los vasos, las reposeras arrastrándose, las carnes flácidas, el vino cayendo... Creo que ese inicio magistral ya nos coloca en un universo de susurros, de lo no dicho”, dice Andrea Rico sobre qué imágenes se le presentan cuando le mencionan el filme. Y agrega: “También las escenas en la habitación, el ventilador, los cuerpos sudados. Ese espacio de representación que surge como un lugar de encuentro de varias generaciones que, al mismo tiempo, remite a la niñez. Me parece que esa mirada curiosa de niña, de niño está presente en toda la película”. 

Bárbara Sarasola Day señala: “‘La ciénaga’ trasciende la imagen. El trabajo sonoro es de una riqueza tal que se traduce en sensaciones como la humedad, los momentos aletargados de la siesta, las reuniones familiares en torno a la cama en un cuarto, las borracheras diurnas de verano...”.

“Evoca un repertorio sensorial de experiencias encarnadas que aún sedimentan en la memoria desde la primera vez que la vi, hace 20 años”, dice la realizadora.

Sobre lo que le sucede cuando piensa en la película, Alejandro Gallo dice: “Me remite a mi infancia. Creo que ahí radica la riqueza de la película, Lucrecia logró condensar un universo familiar, pero desde una mirada fascinante, extraña, fresca, que no ha envejecido. Verla en el cine cuando se estrenó fue una revelación muy profunda, ya que me vi reflejado y ese reflejo no era lo que esperaba, y me cautivó”. 

“La escena de los niños con escopetas en el monte me transportó directamente a mi niñez; con mis primos hacíamos lo mismo, sin la supervisión de ningún mayor”, agrega el guionista y director.

¿Qué aportó la película?

El filme de Martel hizo un aporte enorme a la revitalización de la producción nacional. Andrea reflexiona: “Según los teóricos, con ‘La ciénaga‘ surge el Nuevo Cine Argentino y salieron varios clones intentando representar una trama en la que ‘aparentemente nada sucedía’. No me gustan las etiquetas, creo que te colocan en un espacio de poca movilidad en la que de alguna manera estás obligada a seguir la corriente”. 

Y continúa: “‘La ciénaga’ propone repensar la forma de contar, hacerla propia y cercana. Ya no era necesario para el cine argentino hablar de grandes epopeyas sino de lo cotidiano, de acercarse y observar lo que sucede a tu alrededor de un modo que nos interpele. Además, en particular para el cine salteño, fue decretar que producir desde el interior, desde una mirada femenina, era posible, abriendo camino a grandes artistas como Bárbara Sarasola Day y Daniela Seggiaro”.

Precisamente, Bárbara sobre lo que significó la película para ella dice: “A mí, en particular, y pienso a todes les que empezábamos a hacer cine, nos hizo dar cuenta de la fuerza cinematográfica de lo cercano y de aquello conocido que nos rodea. La potencia que tiene lo sensorial y narrativo de nuestra región cultural, el poder identificarnos con personajes que hablan como nosotros y las dinámicas relacionales y de la clase que se ejercen en nuestra sociedad”. 

“Y en el cine argentino puso otra forma de sensibilidad, que cineastas de otras regiones tomaron para resignificarla a su propia medida”, agrega la directora de “Deshora” y “Sangre blanca”. 

Alejandro señala: “El llamado Nuevo Cine Argentino que se venía haciendo era porteño, masculino y moralista. ‘La Ciénaga’ llegó para romper todos los paradigmas existentes, por varias razones, por el manejo particular del sonido, por la tensión en las relaciones familiares y también porque no dependía de la rigidez de la trama, del argumento”. 

“La forma en el cine de Lucrecia está en los detalles, la historia se diluye, y ese fue un gran descubrimiento para mí, que estaba estudiando cine en Buenos Aires”, concluye.    
 

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