Yamile Burich: “La música es libre, la música es un sueño” 

Yamile Burich presentó “Bardo”, su séptimo álbum, hace unos meses. Su primer disco, “She’s the Boss”, es del 2009, luego vendría “Black Jack” en 2014, ese año forma el quinteto Yamile Burich & Jazz Ladies, y graban “Ahora!” (2015), “Random” (2016) y en el 2019 editan dos discos “Live At Thelonious Club” y “Alegría”. 
La saxofonista que estudió en Cuba y en Londres participa del Salta Jazz Festival, y habló con El Tribuno sobre la pasión que la llevó -y lleva- a distintos lugares del mundo y de la música. “Nací en Rosario, pero a los dos años mi familia se volvió a Tartagal, donde nacieron mis hermanos. Mi mamá era de Santa Victoria, en el Chaco Salteño, y mi papá era santafesino. Viví en Tartagal hasta los 10 años, y vinimos a Salta capital”, dice, y agrega: “Había arrancado en Tartagal piano a los 5, aquí fui a la Escuela de Música, a piano y, posteriormente, comencé con el Coli Montero clases de saxo”.

¿Qué implicó irte a Buenos Aires?
Terminé a los 17 años la secundaria, y Coli me recomendó estudiar con Hugo Pierre, como impulsándome a seguir. Ya venía tocando en bandas de covers y desde que arranqué con el saxo solo quería tocar. Gracias a ese incentivo, agarré las maletas y me fui a estudiar con Hugo Pierre a Buenos Aires. En esa época no había internet, no había las posibilidades que hay hoy en día, era todo presencial y había que viajar en el colectivo muchas horas para las clases... A los 17, a los 18 empecé a tomar clases con Hugo, viví un tiempo en Santa Fe, volví a Buenos Aires y me fui del país... Siempre fue una búsqueda, aprender, tocar con gente diferente, diferentes músicas de diferentes culturas. El principal motor era aprender, y sigue siendo... crecer musicalmente e irme descubriendo también. Parte de eso es descubrir la voz de uno.

“La única forma de crecer y de aprender es estar arriba de un escenario. Y tener esa oportunidad es muy importante para tocar mejor”.

¿Siempre con el saxo? 
Tocó piano también, fue mi primer instrumento. Toco clarinete y flauta, vientos... Y me considero saxofonista más que nada; toco alto, tenor y soprano. En el último disco, grabé todos los caños. Depende de la música que estoy tocando...

Las formaciones desde “She‘s the Boss” fueron cambiando hasta “Bardo”. 
En el medio armé un quinteto con el que grabé “Alegría”, “Random”. Ese grupo es de mujeres. El primer grupo que armé cuando volví a Argentina (2007) fue el de “She’s the Boss”, hacíamos más que nada swing y bebop, más standars. Toque muchos años con ese grupo, incluso grabamos “Black Jack”. En el medio armé el quinteto con congas, que toca Carolina Cohen. Tocar ritmos latinoamericanos es algo que siempre está en mi cabeza... y con ese grupo grabé varios discos y seguimos tocando. Y pasó lo de la pandemia, y armé otro grupo con el que grabé “Bardo”. Fueron temas que compuse durante la cuarentena. Es pura improvisación (risas). Es también una búsqueda de un sonido, en ese sonido también los músicos que participan tienen mucha importancia. Porque la música se hace -y más el jazz- con el grupo. Uno puede proponer un tema, pero se termina de armar tocándolo...

¿Qué significó un grupo de mujeres en el jazz argentino?
Cuando lo armé fue una casualidad. Nos encontramos con la guitarrista, con la bajista... y la verdad es que pegué mucha onda tocando, especialmente con Patricia Grinfeld, y sentía que íbamos por un mismo lado, que vamos por un mismo lado, de búsqueda musical, de gustos musicales, de referentes. Empezamos a tocar y empecé a proponer temas que había escrito hacía años y que nunca había tocado y sentí un apoyo muy copado de parte del grupo. Y empezamos a grabar los temas y así fueron saliendo los discos, así pasaron siete, ocho años de tocar, de viajar... Tocamos en varios lugares fuera del país, estuvimos en Jazz Al Parque, Bogotá... en Brasil giramos bastante... con este grupo grabé cuatro discos. Y cuando empezamos a tocar en clubes de jazz como Thelonious, Virasoro, salió una nota diciendo que era el primer grupo de jazz formado únicamente por mujeres en el país. Y eso causó un shock en un ambiente en el que la mayoría de los instrumentistas son varones. Fue una cosa improvisada, de tocar con amigas y después seguí para adelante por esta cuestión de sentir que las cosas salían bien, y me sentía más cómoda tocando con mujeres. Sentía que yo funcionaba de otra manera y el grupo, en general; había una energía diferente. Y seguimos... hace poquito tocamos en Virasoro Bar y siempre hay invitadas... en una época tocó la vibrafonista Kate Ortega, colombiana, que grabó en “Alegría”; el otro día vino una trombonista, Laura Molina. Es un lugar de encuentro el grupo que armamos.

La presencia femenina en el escenario desde un instrumento es muy importante... porque las mujeres tocan totalmente diferente a los hombres; no digo ni mejor ni peor, digo diferente, y esa energía hace falta”.

¿Cómo ves el panorama actual?
Ahora hay más mujeres. Cuando hace 8 años armamos el grupo no había tantas chicas y es buenísimo lo que está pasando. Hicimos que muchas chicas vean a mujeres tocando instrumentos y, en cierto punto, fuimos una referencia de género, haciendo algo que en su gran mayoría era de hombres. Obviamente que las cantantes siempre están y estuvieron. El rol de la voz femenina de jazz siempre estuvo y siempre tuvo su lugar; pero ahora creo que hay un nuevo paradigma que una ve, una nueva forma y hay muchas mujeres en el mundo tocando, y muy bien. Y en el futuro ojalá que los escenarios sean mixtos. Esto de que seamos mujeres y que estemos tocando en clubes de jazz creo que fue un buen impulso para que muchas chicas quieran estudiar instrumentos, me lo dicen siempre. En ese momento fue un flash. Y eso está buenísimo, siento como que tengo un montón de alumnas mujeres tocando el saxo, chicas tocando el contrabajo... y está bueno eso. Suma mucho al ambiente y va a sumar mucho en un par de años más, porque la presencia femenina en el escenario desde un instrumento es muy importante... porque las mujeres tocan totalmente diferente a los hombres; no digo ni mejor ni peor, digo diferente y esa energía hace falta. 

Las Jazz Ladies

Sí, en varios géneros musicales se ve a más mujeres... 
Componiendo, liderando sus grupos. Y yo creo que hay una movida importante a recalcar: que las mujeres que estamos tocando y que venimos tocando también está bueno que demos oportunidades a otras mujeres. Yo siento que invito a las chicas a tocar, o armo grupos de chicas y das oportunidades de tocar en un escenario. La única forma de crecer y de aprender es estar arriba de un escenario. Y tener esa oportunidad es muy importante para el crecimiento y para que cada vez haya más chicas y cada vez se toque mejor. Siempre digo que entre nosotras tenemos que ayudarnos. Está buenísimo que haya una ley, pero también depende mucho de las mujeres músicas que cada vez haya más...

Venís con frecuencia a Salta...
Tengo a mis hermanos aquí, tengo a mis sobrinos, y voy y vengo. Vine hace un par de meses y ahora llegué el jueves. Desde que volví a Argentina me instale en Buenos Aires hace como 15 años.

El trabajo es permanente... 
Sí, por suerte, siempre tengo trabajo. Toco tango, toco de música sesionista y, principalmente, con mi proyecto lo que tiene prioridad en mi vida es hacer mi música. Y también doy clases... el trabajo de la música es inmenso.

En qué proyectos estás estos días...
Tengo varios en mente. Grabé un disco junto a la percusionista del grupo, a la guitarrista, Patricia, a Caro, a Seba Broja, en batería, en un sexteto, con dos guitarras, grabé con Ramiro  Franceschin y con Ezequiel Dutil. Y grabé otro disco que va a salir el año que viene con una mezcla entre los grupos. Me parece que el trabajo se va enriqueciendo con el camino que uno va armando y las personas que va encontrando y lo que te pide la música. Pienso en un tema y pienso en tal instrumentista. En el medio, también tengo el proyecto de grabar música de María Elena Walsh, siempre con los grupos con los que vengo tocando. El jazz es esa libertad, para mí no debería existir la palabra género en ningún tipo de sentido... La música es una sola y una hace música. Los encasillamientos son complicados, la música es libre, la música es un sueño y los sueños no tiene límites, el único límite es la imaginación...

¿Por qué María Elena Walsh? 
La obra de María Elena Walsh es enorme, tiene música para niños y tiene música para toda la audiencia, y elegí hacer un 50 y 50 por ciento. La música para niños me parece excelente, hermosa y estoy haciendo arreglos reversionados con diferentes instrumentos, hay bandoneón, cuerdas. María Elena Walsh es una de las mejores compositoras argentinas, es increíble desde las letras, la música, desde las armonías. Ella como artista fue increíble y nos dejó un legado... Cada vez que decido repertorio escucho otra canción que me gusta y la sumo porque es infinita su obra. Es una forma de aprender de tu cultura, también, desde la música de María Elena Walsh, porque es muy argentino lo que hace, hay muchos ritmos argentinos y me parece interesantísima esa obra desde lo melódico, lo rítmico, lo armónico. Y también la música de Piazzolla, estuve en los homenajes por los 100 años y estuve escuchando mucha música y aprendí una bocha. Y creo que por ahí va la cosa...

"Siempre digo que entre nosotras tenemos que ayudarnos. Está buenísimo que haya una ley, pero también depende mucho de las mujeres músicas que cada vez haya más...".

Tus referentes en el saxo...
El Gato Barbieri es un gran referente, Charlie Parker, obviamente. Sony Rollins... Tengo muchos referentes importantes que marcaron mi vida. Yo soy saxofonista, instrumentista, y ahora la búsqueda es muy amplia. Toco jazz porque me enamoré del instrumento, me enamoré del saxo y, obviamente, cuando escuché a Charlie Parker dije “me quiero dedicar a esto”. Y fue un desafío y es un desafío día a día, sigo estudiando todo el tiempo, tratando de tocar por lo menos un 5 por ciento de eso. Y así uno va descubriendo su voz... también hay mujeres, por ejemplo, Sharel Cassity, Melisa Aldana... Kenny Garret es otro referente... Roy Hargrove, trompetista... Y bueno también el Cuchi Leguizamón es un gran referente. ¡Amo su música! y, como el 100% de los músicos argentinos, tengo una gran admiración hacia él. La música no tendría que tener género, es una sola. Encasillar nos hace perder muchas cosas.   

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