VIDEO. Alcohol y drogas entre los niños de Misión Carboncito

 

El alcohol y los “cigarritos” (como le llaman a la droga que se fuma y que, en combinación con El alcohol, ya provocó varias muertes), se apoderan de los niños y adolescentes de Carboncito, una misión wichi de Embarcación que alberga a unas 300 familias que conviven en comunidades. Las “Guerreras del Arco Iris” (Lawu Khanifwutas, en wichi), una organización de mujeres contra la venta de bebidas alcohólicas y drogas en la comunidad de Fwiñol, en Misión Carboncito, marcharon para pedir control de las autoridades sobre este flagelo.

 “Hacemos las marchas porque no podemos creer El abandono en El que están los niños de 6, 7, 8 años. Les venden alcohol y drogas a esa edad. Por eso los chicos se matan, se ahorcan por El efecto de la bebida y la droga. El año pasado han muerto seis jóvenes de la comunidad por culpa de la bebida y las sustancias”.

Una de sus principales referentes, Patricia Ferreira, dijo: “Nosotras las mujeres y madres de la comunidad estamos en fuerte lucha contra la venta indiscriminada de bebidas alcohólicas a nuestros niños y jóvenes, que ven en El vicio un escape a la realidad. Ellos dan pena de verlos, flaquitos, no comen y andan tomados. A las autoridades provinciales, municipales, nacionales, a quién corresponda les pedimos control de la venta. No nos escuchan hasta ahora y se están arruinando la vida”. 
Y en un tramo estremecedor del relato, espetó: “Hacemos las marchas porque no podemos creer El abandono en El que están los niños de 6, 7, 8 años. Les venden alcohol y drogas a esa edad. Por eso los chicos se matan, se ahorcan por El efecto de la bebida y la droga. El año pasado han muerto seis jóvenes de la comunidad por culpa de la bebida y las sustancias”.
Agregó: “Presenté notas a la Municipalidad de Embarcación, al intendete Carlos Funes y a su esposa, la doctora Goycochea que está en El área de Desarrollo Humano del municipio y no pasó nada. También llevamos notas al Concejo Deliberante y los representantes del pueblo son pura indiferencia. En la Policía también dejé un petitorio y nada cambió. Me siento casada y muy ignorada”.  Pisoteada por El destrato, por la discriminación, por la exclusión, Patricia clamó a través de este medio: “Ya no quiero ver a los niños drogados. No comen y se drogan. Dan mucha tristeza, vengan a ver si no creen. La gente dice que hay un joven que vende los cigarritos de droga a 20 y 30 pesos. Los chicos buscan leña, traen aguita, les pagan y con eso compran lo que los destruye”. 

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