Martín, soldado y  heraldo de la Revolución

Las noticias que jalonaron la Revolución de Mayo llegaron a Salta a mediados de junio de 1810, en un ambiente en que todos los elementos estaban dispuestos para la explosión con fuerzas activas que anhelaban la emancipación. Se congregó el Cabildo el 18 de junio para tomar conocimiento de los sucesos que informaba la Junta de Buenos Aires. Al día siguiente, se congregaron las autoridades y los vecinos. Instalada la asamblea, el gobernador intendente Nicolás Severo de Isasmendi, ordenó la lectura de los oficios y la concurrencia pronunció su voto oral y fundado. Al término de la votación, el gobernador proclamó que la provincia de Salta adhería al pronunciamiento de mayo. Restaba elegir al diputado que representaría a Salta ante la Junta de Buenos Aires. Esto devino en una división finalizando el mes sin acuerdo de partes.

El mes de julio de 1810 es de agitación y zozobra. El Cabildo estaba en conflicto con el último gobernador realista Nicolás Severo de Isasmendi, una división entre una nueva causa frente al antiguo régimen.

La hazaña de Calixto

Los regidores son encarcelados, estos resuelven que uno de sus miembros, Calixto Gauna burlando la vigilancia se fugue y parta sin pérdida de tiempo a Buenos Aires para dar cuenta de la firme decisión del pueblo de Salta en adhesión a la Revolución. Gauna realizó su célebre hazaña de llegar hasta la Capital en ocho días a caballo.

A fines de agosto Gauna está de regreso con don Feliciano Antonio Chiclana, delegado de la Junta gubernativa, quien presidió el Cabildo abierto, en carácter de gobernador interino, acto en que se eligió diputado al Dr. Francisco de Gurruchaga.

En la oportunidad, expresa Atilio Cornejo, se invita al vecindario "a su voluntario y liberal donativo para el sorteo de la expedición militar auxiliadora de las provincias interiores".

La colecta arrojó la suma de $3.837, 4 reales y además varias reses, mulas, caballos, arrobas de trigo y maíz.

Fue el inicio de una continuada costumbre de recurrir al vecindario para sufragar los gastos que ocasionaba la campaña por la emancipación. Entre los donantes figuran Saturnino Saravia, el sargento mayor José Francisco de Tineo, el coronel Pedro José Saravia, don Severo y don Rudecindo Alvarado, don José Vicente Toledo y Pimentel y doña Magdalena Güemes de Tejada, entre otros.

Salta en pie de guerra

Salta se pone en pie de guerra. Espera al ejército expedicionario de Buenos Aires, órdenes comunicadas por la Excelentísima Junta Gubernativa. A este efecto, se le entregaron al regidor alguacil Calixto Ruiz Gauna la cantidad de dos mil pesos para el apronte de las mulas de silla y carga necesaria para el ejército.

El año de 1810 fue para Salta año de sacrificios. Los libros de Tesorería registran fuertes erogaciones.

Güemes se alista desde el primer momento como soldado de la Revolución de Mayo y forma una partida de sesenta jinetes de caballería bajo su mando y, poniéndose a disposición de la junta gubernativa, le revela su plan de defensa contra los realistas que amenazaban invadir desde Potosí. El nuevo gobierno comprendió el valor y las condiciones personales de Güemes, a cuyo efecto le confió una misión secreta de interceptar la correspondencia realista.

La primera manifestación popular de la población de Salta, fue la organización de su milicia cívica, con caracteres espontáneos y originales, obrando con independencia y por inspiración propia en sus medios de ataque y defensa. En 1810 se organiza la guardia urbana de infantería para alistamiento voluntarios de jóvenes, llamados entonces nobles o decentes. También surgió de improviso del seno del pueblo una partida de campesinos, con la bravura y energía que demandaba la causa y acaudillada por un oficial destinado a realizar hechos memorables, don Martín Güemes.

El gobernador intendente de Salta don Feliciano Antonio Chiclana, evaluaba la actuación de Güemes el 13 de setiembre de 1810 en los siguientes términos: "El teniente de granaderos de Fernando VII don Martín Miguel Güemes es oficial infatigable, y creo no sería fuera del caso estimularlo a mayores empresas".

De esta manera Martín Güemes asume en Salta el rol de heraldo de la Revolución de Mayo, el hombre de confianza de la Junta ante los pueblos del Alto Perú. Será el encargado de preparar el camino de la expedición libertadora que avanza a las órdenes de Balcarce y de Castelli.

En las jornadas en que se reuniera el capítulo salteño para elegir diputado y adherir a la causa de Mayo, Martín Güemes cumplía la delicada misión de interceptar toda correspondencia entre los realistas del Alto Perú con los de Córdoba, y el plan de contrarrevolución de los mismos. El teniente Güemes era el jefe de la Partida de Observación destacada en la Quebrada de Humahuaca, a cuyo efecto estableció su cuartel general en la casa del Alcalde de dicho pueblo. Colocó centinelas y espías "en todos los caminos a fin de atajar al enemigo". Merced a las observaciones de Güemes pudo conocerse el poder de la reacción realista del Alto Perú y evitar su conjunción con los insurrectos de Córdoba.

La partida de observación que manda Güemes constituía en el hecho, una verdadera avanzada de las fuerzas patriotas, con todos los caracteres de una vanguardia por su acción. Su radio se extendía cada vez más, pues no solamente vigilaba la Quebrada de Humahuaca, y por ende, las comunicaciones con el Alto Perú, sino también todas las demás rutas y en una distancia de 96 leguas de Salta, llegando hasta las mismas trincheras realistas. Con este sistema, cortaron toda comunicación entre los realistas del Norte y los del Sur.

El historiador Antonio Zinny afirma que "las primeras balas que arrojó el fusil republicano sobre los estandartes de Pizarro, fueron disparadas por Güemes". Bernardo Frías afirma que "Salta tuvo así la gloria de salvar la revolución de su primero y mayor peligro, evitando que pereciera la libertad en su cuna; y el inmenso honor de recoger en sus armas, los primeros laureles de la guerra".

El 22 de setiembre de 1810, Güemes da cuenta que el cura vicario de Humahuaca, Dr. José Alejo de Alberro, ofreció en donativo 4 reses, 4 fanegas de trigo y $25 en plata que tenía para su manutención. Además, puso a disposición de la partida de observación el resto de trigos, maíz, charques y cuanto tenía acopiado para la subsistencia de su familia. El cura Alberro ofrecía participar en la marcha sirviendo de capellán a su costa y teniendo por satisfacción solamente su honor.
La partida, expresa el Dr. Luis Güemes, tuvo una organización heterogénea y fue aumentando el número de sus componentes paulatinamente. Comenzó con catorce hombres, llevados luego a veintidós, y más tarde a sesenta. Sus atavíos deben haber sido probablemente también disímiles e improvisados.
El único cuerpo que tuvo vestidos uniformados fue el de los jóvenes distinguidos de la ciudad de Salta,, denominado Cuerpo de Milicias de los Jóvenes Nobles, cuerpo a cuyo cargo quedó confiada la tarea de servir de escolta a Castelli a su arribo a aquella Capital.
 Güemes cruzó con sus hombres las provincias enemigas consiguiendo apoderarse de un diario con toda la información de la vanguardia realista. A la llegada del ejército expedicionario a las órdenes del Gral. Balcarce, Güemes se incorporó con su partida de observación y ocupó Tupiza. En Tarija formó una División de voluntarios, compuesta de distinguidos ciudadanos.
 Después organizó las fuerzas de los valles de Salta y siguió a Jujuy para incorporar a la división tarijeña en Yavi al ejército expedicionario. Luego marcha a buscar el primer gran triunfo de las armas de la Patria: Suipacha.

* Artículo correspondiente al Homenaje por el Año Güemesiano, al conmemorarse los 200 años de su muerte.

** Irene Romero preside la Academia Güemesiana y es titular de la Cátedra Abierta Martín Miguel de Güemes- Ucasal
 

 

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