Carmen, el gran amor el prócer

La mujer que nuestro prócer amó, a la que entregó su corazón y fue la madre de sus hijos, nació en Salta el 21 de febrero de 1797, hija menor de don Domingo Puch de origen vizcaíno y de doña Dorotea de la Vega Velarde. Era la única hija mujer del matrimonio.

La partida de bautismo de la primera dama de la provincia, idolatrada amazona de los gauchos, dice que María Margarita del Carmen Puch Velarde nació un 21 de febrero de 1796, fue bautizada en la Iglesia Matriz de Salta el 5 de marzo de 1797, sitio en el que el doctor Francisco Xavier Ávila, la exorcizó, le puso óleo y el crisma. Fueron sus padrinos don José Vicente Toledo Pimentel y doña Gerónima Martínez de Iriarte.

Don José Vicente Toledo Pimentel era amigo personal de la familia Puch y era dueño de la legendaria hacienda de Yatasto, lugar del encuentro histórico entre San Martín y Belgrano, que ocurriría veinte años más tarde del bautismo.

El padre de Carmen, don Domingo, era natural del pueblo vizcaíno de Olaviaga, en el reino de España. La madre de Carmen Dorotea Velarde se había casado primero con Marcos Morell. En segundas nupcias contrajo matrimonio con Domingo Puch, con quien tuvo cuatro hijos.

Don Domingo fue un hombre de fortuna. Era propietario de los establecimientos agropecuarios El Sauce y El Arenal en Rosario de la Frontera. También era dueño de una extensa fracción de lo que hoy forma parte el pueblo de El Tala en el límite con Tucumán. También era dueño de otra extensa fracción en que se denomina Tagarete Sud, actual canal de la avenida Hipólito Yrigoyen en la ciudad de Salta, que por entonces se trataba de un sitio despoblado con algunas quintas y chacras. Cabe destacar la generosidad que tuvo don Domingo Puch con la causa de la Patria, pues, pese a ser español, fueron numerosas sus contribuciones a las fuerzas patriotas en dinero y en hacienda.

Carmen fue educada en el seno de una familia de una gran cultura. Pasó parte de su infancia y juventud en las posesiones de su familia en Rosario de la Frontera y en Miraflores, en el departamento Anta. Carmen Puch fue descrita cono la mujer más bella de su tiempo. De cutis blanco, de cabellos rubios y abundantemente crespos, ojos de un azul profundo, estatura más bien baja. Era poseedora de belleza tanto física como espiritual. Sus grandes cualidades morales fueron apreciadas por sus contemporáneos: Juana Manuela Gorriti se expresó en estos términos: "Era una mujer maravillosa con todas las seducciones que puede soñar la más ardiente imaginación". Rondeau la llamó "Carmen divina".

El matrimonio con el gobernador don Martín Miguel de Güemes fue gestionado, de acuerdo a lo relatado por el historiador Bernardo Frías por Magdalena Güemes. Así, Macacha se encaminó hacia la casa de los Puch, en la calle entonces de La Merced distante a solo una cuadra y cuarto. En esa mañana preguntó a Dorotea Velarde por Carmen y fue invitada a su aposento. Allí la encontró, sobre una alfombra: la niña jugaba a las muñecas.

Después de los saludos y los cariños, Macacha le anunció: "Te traigo un novio, Carmencita".

Relata Bernardo Frías que "la joven estaba en sazón, y en cuanto oyó el misterioso anuncio se animó su semblante víctima de una porción de emociones nunca sentidas ni reunidas en haz tan copioso como en ese instante". "¿Quién es?", inquirió Carmen, a lo que Macacha respondió: "Mi hermano Martín, ¿lo quieres?". La respuesta de la niña fue sí, una decisión resuelta y rápida.

Güemes representaba ya en aquellas horas la gloria militar más brillante. Era el campeón de hazañas renombradas y el campeón de Suipacha, libertador de la Patria al haber rechazado en 1814 a la segunda invasión española. Martín Güemes gozaba de los prestigios populares, el gobernador era adorado por la plebe, idolatrado por los jinetes del campo. Además, era seductor, la fuerza de su prestigio podía pesar en el corazón de las jóvenes candorosas. Expresa el historiador Abel Cornejo en "La mirada de Güemes. Una historia política" que "cuando la vio por primera vez, enfrente de su hermana Macacha que los presentó formalmente, Güemes sintió como una corriente eléctrica de un rayo. Ante sí tenía a una joven mujer de rostro suave, ojos azules claros y melancólicos, pelo rubio ensortijado y con cierta timidez que le agregaba a su encanto un aire de misterio que la hacía más cautivadora".

El matrimonio se celebró el 10 de julio de 1815, dos meses después de haber asumido Güemes la gobernación de Salta el 6 de mayo de ese año. Martín Güemes tenía treinta años y Carmen diecinueve.

Era uso y costumbre que el gobernador Güemes le comunicó su matrimonio a Álvarez Thomas, director supremo del Estado de las Provincias Unidas del Río de la Plata, quien lo reprendió por no haberle solicitado autorización oficial pertinente para contraer enlace. En el mismo oficio se informaba que Güemes se encontraba investido y en posesión del mando de gobernador, por lo que hubo de convalidar de facto dicha designación que, sin duda, había preocupado a Buenos Aires por la independencia con que había sido tomada.

La nueva pareja habría de sortear numerosos obstáculos y separaciones en los cortos años en que duró el matrimonio, producidas por el curso que tomaban las campañas emancipadoras. Fue Carmen en todo momento una esposa abnegada y heroica.

El matrimonio tuvo tres hijos: Martín del Milagro, nacido el 15 de setiembre de 1816 (luego gobernador de Salta), José Luis, nacido el 21 de junio de 1819 e Ignacio, fallecido en la infancia.

 

 

María Irene Romero es presidenta de la Academia Güemesiana

 

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