La Asociación Cultural Heroínas Hispanoamericanas recuerda a Juana Azurduy de Padilla

En este mes, la Asociación Cultural Heroínas Hispanoamericanas, recuerda los "momentos patrióticos brillantes cuyas fechas se celebran año tras año y en las cuales se despiertan valores heroicos y un grito desde nuestras entrañas que nos recuerda que la Patria es nuestra y que debemos defenderla". El 25 de mayo de 1862 falleció la generala Juana Azurduy de Padilla, la heroína cuya lucha cimentó la construcción de la América libre, su participación fue decisiva para la libertad de los pueblos americanos.


¡FELIZ DÍA DE LA PATRIA!
Si, la Patria de América y tres fechas importantes que nos unen en esta celebración
Un 25 de Mayo de 1809, Sucre entera y con todas sus fuerzas, dio el “Primer grito de libertad en América” allí donde quedó grabada para siempre el eco excelso de las campanas que llevaron adelante los procesos revolucionarios independentistas.
Un 25 de Mayo de 1810: La idea libertaria da sus frutos y nosotros sus hermanos argentinos, comenzamos el camino hacia nuestra independencia; y
Un 25 de Mayo de 1862:  Conmemoramos junto a Bolivia, la muerte de la generala Juana Azurduy de Padilla, la más valerosa heroína, cuya lucha fue el cimiento de la construcción de una América Libre y su participación activa y temeraria, fue decisiva para la libertad de los pueblos americanos”.

Semblanzas de Juana Azurduy de Padilla                                    

¿Quién fue esta heroína que hoy le rinde honores la América toda?

Juana nació en Toroca, un pueblo de Sucre – Capital Constitucional de Bolivia – y otrora llamada La Plata y Chuquisaca, en el año de 1780.
Aunque lejos de su amorosa cuna, nació en medio de torbellinos de deseos de libertad, de un pueblo oprimido por mentes salvajes llenas de ansias de poder, que habiendo recibido respeto y admiración a su llegada, en ese hoy, se burlaban y aprovechaban del terror impuesto por la crueldad de su accionar, siendo tan solo visitantes de una tierra propia del indígena y del criollo, llena de riquezas codiciables.
Juana creció en una familia admirada y envidiable. Aprendía de su madre las enseñanzas de las niñas de su época, sabía las tareas domésticas y humanitarias, en un colegio se enriqueció de conocimientos literarios, aumentando se educación, su fe y su pasión por la vida de los santos que empuñaron su espada en defensa de sus creencias; y de su padre, el hombre que admiró, y del que aprovechó sus enseñanzas para un futuro deseado sin esclavos, adquirió los conocimientos suficientes para ser una gran amazona, para conocer los secretos del campo, sus tareas y cuidados, para tratar a los indios y hablar su propia lengua y para guiar a sus semejantes.
Se enamoró, y con ese entrañable amor tuvo cuatro frutos benditos de su vientre, al que les enseñó todo lo necesario para que sean cuatro niños felices propietarios de su madre.
Un primer grito de libertad dado en América el 25 de Mayo de 1809 por universitarios estudiosos de la Real Academia Carolina que funcionaba en la Universidad de San Francisco Xavier en Sucre, llegó para iluminar su mente, y sus ansias de emancipación y justicia brotaron por sus poros, y entonces comprendió que ella también podía empuñar su espada por sus creencias, porque ella amaba y ese amor correspondido le enseñó el camino para tener un suelo despejado de tiranos, para que sus hijos decidan libres su destino.
Ese ímpetu de juventud, también le trajo dolor, perdió su entraña, los cuatro hijos fueron llevados por la guerra, murieron en sus brazos impotentes, pero por cada aliento que expiraba, su espíritu se cubría de venganza, convirtiéndose de madre amorosa, en madre combativa, pero siempre madre, mujer femenina, porque su vientre parió una nueva luz de vida, para que al menos una de sus descendientes cosechara el fruto más importante de su amor: la libertad americana.
Tenía la plena seguridad de estar protegida siempre, Manuel, su esposo, el padre de sus hijos y Huallparrimachi, el hijo indio que los dos adoptaron por el mutuo amor y respeto que se profesaban, murieron por defenderla de la mano de los tiranos.
Nada tenía de todo lo afectivo para concretar sus proyectos, de todo lo que había soñado darles. Sólo un momento pensó en la desolación, y otra vez su espíritu incansable arremetió feroz al recordar que su lucha, era la lucha que le enseñó su amado Manuel, para la preservación de su ascendencia americana.
Vino a Salta, y se puso a las órdenes del hombre que detenía el avance realista, el hombre admirado, respetado y amigo de su esposo, el Gral. Martín Miguel de Güemes, el que le dio su lugar de Teniente Coronel, grado con que la distinguió el Gral. Manuel Belgrano y que se había ganado en las batallas por su valor y coraje.
Juana con una identidad desconocida, participó en cuanta batalla los patriotas estuvieron, nada pudo hacer el General Güemes para detenerla, su espíritu inquieto y decidido, le exigía venganza por la muerte de los que más amó y cumplimiento de su juramento hacia la libertad de su pueblo.
El General murió en 1821, pero ella siguió combatiendo en Salta hasta 1825, en que murió el último realista que había puesto precio a su cabeza.
Desesperada regresó a la tierra que la vio nacer, abrazó a su adorada hija que tras largos y dolorosos años solo la mimaba en su mente.
Juana caminaba por las calles de su blanca ciudad, era desconocida para algunos, respetada por otros e indiferente para la mayoría.
Quiso recuperar las propiedades de su familia, no pudo, tuvo reconocimientos monetarios, luego perdidos.
Vivió hasta los 82 años. Ignorada o no, en esa época no le importó, siempre caminó con la frente en alto pues veía alegría en el rostro de sus conciudadanos que gozaban de la Independencia que ella, en su fuero interior sabía que había ayudado a conseguirla, abrazó la Bandera Boliviana, pero vivió con el dulce recuerdo de que una vez en combate, muy en lo alto y orgullosa de ello, hacía flamear la primera Bandera Patriota, la bandera blanca y celeste que tanto respetó y amó, por la que perdieron la vida sus seres queridos.
Hoy el territorio está dividido, allá Bolivia, aquí Argentina, pero ella está feliz, cumplió su misión, lucho por ambas que hoy son libres.
Hoy Juana y Manuel de la eternidad volvieron para estar juntos, sus restos mortales descansan en la misma Urna Funeraria colocada en el Salón de los Guerrilleros junto a todos sus amigos, descansan en Sucre, en La Casa de la Libertad, la Casa de América, custodiando por siempre nuestras Naciones.
Gracias Juana por tu humildad y tu grandeza. -

Marta Elena de la Zerda de Jul.
Presidente de la Asociación Cultural Heroínas Hispanoamericanas

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