La obra de Perdiguero abarca el fondo del hombre y de sus cosas

Por Hugo Ovalle

A pesar de que don César Fermín Perdiguero fallece el 22 de diciembre de 1984, Salta hoy celebra un siglo de su existencia entregada a desentrañar el espíritu de su tierra y de su gente, ya como poeta, como por historiador autodidacto, periodista, creador ejecutivo de las más disímiles actividades culturales y, sobre todo, como digno representante de la especie humana.

Es que su obra abarca el fondo del hombre y de sus cosas, como quien construye su vida en las vidas pasadas, presentes y futuras.

Bien podríamos afirmar su calidad creativa al revelarnos los distintos paisajes y climas de nuestra provincia, como así también el movimiento urbano de cada pueblo, especialmente el de la ciudad de Salta, bien podríamos afirmar, dijimos, que su palabra tatuaba lo que aún hoy cantamos, recordamos y decimos casi sin saber que don César Perdiguero sigue aportando muchísimos contenidos al lenguaje coloquial de los salteños.

El poeta

Veamos, entonces, su diversidad cancionística: el lirismo de sus copias en la dura inhospitalidad del monte en "Zamba de Anta", junto a las del poeta Manuel J. Castilla y la música de Gustavo Leguizamón. O ya como defensor de la justicia laboral, acaso, una de las primeras canciones de protesta en sus letras impresas y grabadas con la voz. La música y la guitarra de Eduardo Falú, con quien, aparte de "La tabacalera", también compusieron "La Niña", "Triste para Rosa de

Unduavi", "Huaytiquina", "Canción de Luna y cosecha" e "India Madre", entre otras varias y aún vigentes canciones junto a Fernando Portal, Eduardo Madeo, Julio César Isella, José Juan Botelli, Daniel Toro y Oscar Valle, todos incuestionables compositores de primera línea en el universo

folclórico nacional y latinoamericano.

Y para finalizar esta brevísima síntesis referida a su permanencia autoral, nobleza obliga a recordar que Perdiguero jamás confundió el humor con la burla, menos aún a calificar artistas entre consagrados y en ciernes; pero es necesario demostrar que luego de la inteligente apertura del dúo que conformaba cantando con Eduardo Falú, ya cuando nuestro máximo

guitarrista triunfaba en el mundo, a don César se le adjudicara una copla

que dice:

"Falú anduvo en Europa,

también por Asia,

mostrando su melena

retinta y lacia.

Sí, ay, ay, ay!".

El periodista

Las lógicas e inesperadas omisiones a que nos somete la tecnología en sus redes de comunicación social, nos permite decir que fue en el diario El Tribuno donde Perdiguero desplegó, junto a don Roberto Romero y su familia, la esencia de su personalidad variable, pero siempre signado por

su entereza profesional respecto de su capacidad ejecutiva, tanto en su "Columna Noctambula" firmada con el seudónimo de "Cochero Joven" que repercutía en medios gráficos nacionales, como la revista "Folklore", por ejemplo y sólo para dar cuenta de su proyección en la nación Argentina.

Sin olvidar, por supuesto, el triplete más prestigioso que el país tenia en ese entonces en la unión de las radios El Mundo, Belgrano y Splendid, para transmitir a toda la nación "El Canto Cuenta Su Historia", con libretos de Manuel Castilla y Perdiguero pronunciados por Mentesana, Antonio

Carrizo, Cacho Fontana, entre otros principales locutores argentinos.

Y es, justamente, la ansiedad personal y laboral de don César y don Roberto Romero, de donde emerge la simbiosis cultural del Festival Latinoamericano; pero también de el, La Serenata a Cafayate original y la tan vigente "Noche del Peregrino", ese intercambio solidario entre los

creyentes de la verdadera palabra del Señor y la Virgen del Milagro.

El solidario

No recuerdo exactamente si fue en el Salar de Pocitos o en el Salar de Arizaro cuando el 27 de febrero de 1964 descarriló el tren donde viajaban a Chile los integrantes de una delegación oficial compuesta por autoridades gubernamentales, parlamentarias, gremiales y municipales.

La cuestión es que toda esa mole ferroviaria, desde la máquina hasta el último vagón comenzó a temblar estrepitosamente en una oscura boca de lobo de más de 3.500 km 2 a casi 5.000 metros sobre el nivel del mar.

Donde nada se veía en medio de la nada y solo se sentía los ayes entre el frío paralizador de la cordillera indiferente en la madrugada.

Cuatro de los pasajeros allí callaron para siempre.

Los otros, con vendajes de emergencia, buscaban abrazarse para salvarse entre sí.

Mas ese lamento plural no pudo silenciar la voz de Perdiguero tratando de organizar semejante y trágico caos.

Y ya convertido en líder de la desgracia propia y ajena, se lo oyó ordenar donde y como poner a los fallecidos, hacer más soportable el estado de los heridos y pedir los nombres de quienes estaban en mejores condiciones para ayudar a vencer el pánico de sus compañeros de viaje, como el poeta Manuel J. Castilla y el Músico Gustavo Leguizamón que era, al igual que don César, diputado provincial del gobierno de don Ricardo Joaquín Durand.

"Churo, ¿no?".

 

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