Ganó dos Grammy y eligió Salta para construir una impactante obra

El artista visual argentino Claudio Roncoli inauguró recientemente un proyecto en Salta, más precisamente en el predio del Hotel Cerros de Terciopelo, ubicado en Rosario de Lerma. Se trata de Tiempo Alma, que se sustanció con una doble identidad: es propiamente una escultura y un espacio de reflexión. 
Roncoli le contó a El Tribuno que “bautizó” con ese sugestivo título a su obra, “como si fuera una capilla, aunque extrayéndole cualquier noción religiosa”. De esta manera el objeto tridimensional, que alcanza los seis metros de alto, se presenta como “un espacio de introspección y meditación, donde uno puede estar en paz y reflexionar sobre el constante estímulo de un mundo hiperconectado”.
En esta “pseudocapilla” Roncoli combina arquitectura, escultura y su conexión con lo espiritual, aunque no embebido de lo sacro “para resguardar, a través del arte vuelto espacio, un lugar de silencio para que las personas lo aprovechen de la forma que quieran”.


Quien se preste a la experiencia de pararse bajo la escultura pronto sentirá la mente completamente despojada y los sentidos en sintonía con el crepitar de un arroyo cercano, el murmullo del viento colándose entre la estructura y el frufrú de las hojas de los árboles. 

Tiempo Alma alcanza los seis metros y está hecha con elementos naturales: madera y piedras en el piso. Pablo Yapura
Roncoli se recibió en la Escuela Nacional Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón de profesor nacional de Bellas Artes. A la par de sus estudios artísticos se desarrolló como director de Arte en agencias de publicidad como McCann Erickson, Gowland SA, Grey Direct, S+V, González Taboada Guevara y Promotion SA, entre otras.
Artista multifacético fue galardonado con dos Premios Grammy. En 2017 obtuvo el Latin Grammy y en 2018 el Grammy Americano, por la Dirección de Arte y Diseño de Art Music Packaging.
Ha llevado sus obras a importantes galerías y museos del mundo. Sus murales de gran formato pueden verse en Miami, Nueva York, México, Madrid y Argentina.
Desde 2014 reside en Estados Unidos y en 2016 recibió la Recipient National Endowment for the Arts Grants, Miami (Estados Unidos). 

Roncoli despojó a su obra de cualquier sentido sacro, apuntando a una espiritualidad más universal. Pablo Yapura
Aquí en el Hotel Cerros de Terciopelo también puede verse un mural de su proyecto Empty Project, que inició en 2014. “El profundo impacto que me generó mi encuentro con la vida urbana norteamericana amplió mi percepción del espacio cívico: más específicamente, la disparidad en el modo de organización de las ciudades, donde el punto central norteamericano está ocupado por un centro de consumo, lo cual dista de asemejarse a la organización urbana latinoamericana. En el pasado, las superficies de color eran un territorio para convocar al espíritu. Con la llegada de la modernidad, nos encontramos un eje diferente, que, utilizando un elegante mecanismo de atracción al consumidor, oculta en su interior un cromatismo violento y autoritario, que no pretende enriquecer la experiencia sensorial del individuo ni transformar positivamente su entorno de vida”, describió al ser consultado por sus motivaciones para generarlo. 
“Empty Project comenzó siendo una idea aplicada a las artes visuales. Sin embargo, el soporte bidimensional pronto fue insuficiente para mí y mi idea tan vasta como el tema que intento abordar. Me volqué a pintar murales, producir esculturas y diseñar edificios. Tal como la cultura de consumo que de todo se apropia, Empty Project se manifiesta en cualquier superficie, se expande, comunica y vincula con los individuos”, definió. Luego se prestó a una amable charla con el equipo de este medio. 

¿Cómo se gestó Tiempo y Alma?
Tiempo y Alma se dio durante el año pasado, que estuve atravesando la pandemia en México, produciendo obras para dos museos, y fue tremendo ver a lo lejos cómo Argentina y otros países estaban tan parados, tan detenidos, y ver cómo había cambiado el mundo. Me parece que hacen falta espacios para la contemplación, para bajar un cambio y decir cómo seguimos, qué estamos haciendo y esto se une con Empty Proyect, al que me dedico desde hace siete años en Estados Unidos, en el cual hablo y trabajo cómo las ciudades van cambiando. 
Antes las ciudades se armaban con la plaza en el medio, la comisaría, la iglesia, la biblioteca, todos lugares sociales y culturales. Hoy todo se arma siguiendo un sentido comercial: el estacionamiento en el medio y alrededor de este todos los locales comerciales. Hoy si no consumís un café no podés conocer a nadie. 

¿Qué relación de amistad o laboral, o qué inquietud personal te trajo hasta Salta?
Tengo muchos amigos acá que me invitaban y bueno por mis viajes y por mi forma de trabajar me quedo meses afuera... no podía venir. Cuando llegaba a la Argentina me quedaba en Buenos Aires. Entonces, vine y conocí a la familia Pellegrino y a este hotel hermoso cerrado por la pandemia y empecé haciendo para ellos un par de murales (uno que cubre la galería trasera del hotel y otro, de Empty Proyect, que se encuentra en una construcción contigua) y cuando les comenté sobre Tiempo Alma, me dijeron: “¿Por qué no lo hacemos acá?”. Y yo dije: “¡Qué bueno!”, porque recordé que una amiga me había dicho una vez: “¿Estás en Salta? Mirá que no es solamente la linda, sino también la mística”. Yo tengo todo un tema con las iglesias, catedrales, me parecen construcciones increíbles que ha hecho el ser humano. Aunque soy agnóstico, me gusta entrar, quedarme sentado allí. Por ahí escuchar un tema, leer un libro, por eso a eso la llamo una pseudocapilla.

¿Entonces te inspira hasta aquello que según vos es inaccesible para el conocimiento humano? 
Como artista uno hace lo que es, no se puede escapar de eso. Yo siempre cuento la historia de David Bowie. Él tardó muchos años en sacar su último disco, y cuando le preguntaron por qué respondió que no tenía nada para decir. A veces es bueno que los artistas sepamos cuándo callarnos la boca y cuándo decir algo. En este caso que me llevó dos años pensarlo, salió Tiempo Alma.

¿También influye en tu obra tu condición de expatriado? ¿Vivís algún tipo de choque cultural que condiciona tu trabajo?
Son siete años de Empty Proyecto. Es algo mental, es algo que uno va viviendo. También mudarse, ser un expatriado... Yo sigo contento con Argentina, no me fui enojado, amo a mi país y cuando vengo hago muchas cosas. Es algo entre mental, espiritual y llevarlo a los hechos, que para mí es lo más importante. Sí me siento también extranjero cuando vuelvo. Viajé desde Bolivia hasta Corea. Si bien no voy a comparar porque Argentina es de los países más lindos del universo. Pero sí me resulta muy chocante, cada vez que vengo, la cuestión política y económica. Acá todo se vive muy River- Boca, muy Macri- Kirchner-. Todo es muy pasional y son cambios drásticos. Me pasa con los taxistas, que cada vez que subo me dicen: “¡Qué suerte que vivís afuera!”. Como si vivir afuera fuera una maravilla. No existe un país perfecto. Cada país me ha dado cosas maravillosas, amigos, contactos, hay que buscar lo mejor en cada lugar en donde se esté. 

¿Cómo atravesaste la pandemia en un sentido interno? ¿Fue un año de oportunidades para los artistas visuales?
Creo que fue el año de la contemplación. Primero el de la contemplación interna, en el que las personas nos dijimos: “¿Qué estamos haciendo? ¿Qué ritmo de vida llevo? ¿Por qué tengo que trabajar de ocho a diez horas encerrado en una oficina cuando no hace falta?”. 
Mucha gente estaba sin saber qué hacer y miraba la pared y decía: “No tengo nada en la pared o quiero ver un cuadro”. Entonces los artistas visuales hemos tenido un buen año, pero en el caso de los músicos fue muy duro porque los lugares siguen cerrados. Pero yo creo que fue un año de contemplación en todo sentido.

¿Por qué tu obra tiende a la figura geométrica, a la síntesis conceptual?
Con Empty Proyect geometrizo y sintetizo todos los locales de fast food, les busco la síntesis, lo mínimo, el que le va a poner el techo es el que esté abajo, sentado, ya sea tomando un mate, mandando un whatsapp, leyendo o rezando si quiere. Todos pueden entrar acá y verlo. A veces hay cosas que no tienen que estar completas, yo siempre digo que menos es más. 

¿Qué tanto te dejás influir por el entorno?
Para mí es muy importante el entorno. A mí me habla primero el lugar. Hay lugares que me cuestan más que otros, o a veces cuando me lo piden a la distancia y no vivo ahí, investigo sobre esa ciudad, quién vive, quién no, cuánta gente hay, qué locales comerciales hay, qué cosas culturales hay. Por eso me enamoré mucho de este espacio, porque tiene un diseño de arquitectura que me gusta, con esas plantas cayendo sobre el mural (por el de Empty Project).
Me pareció interesante esa pared gris sin sentido que un arquitecto dejó, seguramente con una función (a mí me pareció que ninguna). La única función es que yo hiciera un mural algún día, como decíamos con la familia Pellegrino, entonces quise plasmar estos cuatro colores, que son los que se usan más en el marketing y los logotipos en todo el mundo: rojo, amarillo, azul y negro.
Cuando surgió este proyecto, lo que hice fue la síntesis y geometrización de los locales de comida rápida en todo el mundo, no solo en EEUU. Porque cuando yo hice un viaje en auto de Miami a Nueva York me fui dando cuenta, cada vez que llegaba a una ciudad, que ya no hay campanarios de iglesias ni relojes gigantes, ahora solamente hay palitos muy largos, que ves a la distancia, y alguna marca de comida rápida o farmacia o estación de servicio y te dabas cuenta por ellos de que llegabas a una urbe. 


¿Cómo te posicionás en esa polarizada discusión de que el diseño gráfico puede -o no- ser arte, vos que venís de ese sector también?
Trabajé 15 años haciendo dirección de arte y diseño en agencias de publicidad, de lo cual estoy muy contento porque aprendí muchísimo. Decir que es un arte es mucho, porque después de todo el diseño tiene un fin, porque un cliente te está pidiendo algo muy específico. En cambio a mí nadie me pide nada. Yo lo que hago lo hago porque es mi pensamiento, mi idea y mi objetivo. Siempre digo que pinto para mí y si nadie me compra un cuadro, seguiré pintando a la noche. El diseñador gráfico tiene otra función. Hoy en día se confunde que todo es arte y todos son artistas y no es así. Yo hace poco di una charla para una fundación, y les comentaba que ser artista es también ser profesional, como un arquitecto, como un médico, como un periodista. Me parece que está bastardeado el tema de ser artista en todo el mundo, no solo en la Argentina, porque cualquiera pinta y sí, cualquiera pinta, pero así también pasa desapercibido...


Sin embargo, abunda por estos lares la concepción de que al artista le sirve cualquier tipo de promoción y que no debe cobrar necesariamente por su trabajo... 
Además esas son políticas culturales de muchos países, en los cuales no hay universidades de arte que enseñen a comercializar tu arte, no hay nadie que te enseñe cómo manejar tu obra, cómo conocer gente, cómo hacer contactos. En toda profesión es importante un poco de talento y un poco de saberse mover. Es así, porque si no salís a la calle no vas a conocer a nadie, ni a tu próxima pareja, ni a tu próximo socio o tu próximo amigo. Pasa lo mismo. Hay toda una magia de que el artista no toca la plata...

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