La crisis se agudiza en locales del macrocentro salteño

La Cámara de Comercio dio a conocer hace unos días un informe en el que reveló que el 12% de los locales del micro y macrocentro, incluyendo tres shoppings, están desocupados, lo que representa 463 propiedades. Sin embargo, advierten que serían más los comercios que tuvieron que bajar las persianas.

Los datos son apenas una muestra de la crisis económica por la que atraviesa el sector. El relevamiento se hizo sobre comercios de las zonas más concurridas de la ciudad, como el micro y macrocentro y el informe advirtió que "se observa una evidente concentración de locales vacíos en aquellas zonas de menor circulación". En consecuencia, el problema sería mayor en áreas del macrocentro.

"Del número que digan, es al menos un 30% más", aseveró Carol Ramos, referente de Comerciantes Unidos, que nació espontáneamente para reclamar contra las restricciones por la pandemia.

Desde Comerciantes Unidos aseveran que todas las semanas se baja alguno de los 500 emprendedores que se habían agrupado en esa organización. "Sigan ustedes, yo los sigo apoyando pero cierro. Ya me están echando, no tengo para pagar", son los mensajes que llegan al chat que comparten en WhatsApp.

Por la apremiante situación, el grupo original derivó en otro de compra y venta de diferentes artículos para que quienes cierran, puedan recuperar "algo" y pagar las deudas.

Uno de los que debieron cerrar es Miguel Cortez, que luego de 5 años bajó las persianas de "Hendrix", un bar que estaba en la zona de la Balcarce. "Se hizo imposible", lamentó el comerciante sobre el final del emprendimiento que encaró junto a su mujer embarazada y que ambos acunaron como "otro hijo".

La limitación de horarios, la poca afluencia a la zona y la carga impositiva, "incluso sin empleados", se volvió insostenible. Miguel terminó repartiendo mercadería y vendiendo el mobiliario. Siete familias que dependían del bar quedaron desempleadas. "Por la pandemia no pudimos trabajar y acumulé deudas, desde sueldos hasta alquiler, impuestos y servicios públicos", dijo sobre la larga lista roja que le quedó. De ser gastronómico, Miguel volvió a su viejo oficio de técnico electricista.

Deudas

"¿Cómo se paga un alquiler si no se trabaja?", preguntó Carol Ramos. La deuda en el negocio implica un ajuste en los gastos de la casa de los comerciantes. Aseguran que tienen que elegir qué pagarán.

Carol, por ejemplo, contó que llegó a abonar solo la inscripción del colegio de sus hijos. Mientras que Maximiliano Carrazana, otro comerciante que tuvo que cerrar sus negocios, no paga la luz de su casa hace meses mientras intenta sacar a flote el único local que le quedó en pie.

La crisis afecta a todo tipo de comercios. Carol es propietaria de un salón de fiestas y aseguró que en ese sector ya cerraron 11 locales. "No sé cuántos quedarán en pie", sostuvo. "Alguien tiene que responder por todos los comercios que se fundieron", pidió.

El registro oficial marcó también que se perdieron mil trabajos en el sector, uno de los principales generadores de empleo en Salta. La comerciante advirtió también sobre aquellos números "invisibles", en referencia a la cadena que se rompe con el cierre de cada negocio: "El otro día vino el señor que hace las bolsitas de los cumpleaños a ofrecer al salón. Le dije que no había nada y se fue. En el caso de los gastronómicos, mueven mucho el comercio de indumentaria", ejemplificó la comerciante.

Tuvo que cerrar cuatro negocios y debe $500 mil 

El comerciante se aferra a lo último que le queda para poder salir a flote.

Maximiliano en su último local, que fue clausurado. Pablo Yapura

Maximiliano Carrazana comenzó trabajando en las primeras panaderías céntricas que además ofrecían cafetería. Aprendido el oficio de panadero, se independizó y comenzó con un local de 2x2 en la Ituzaingó, en el que vendía sándwiches de miga. Llegó a tener cuatro locales en el centro, pero hoy los perdió y acarrea una deuda en alquileres de más de 500 mil pesos. La crisis se extendió también a su casa: “Me habían sacado el medidor de la luz, me prestaron plata e hice un plan de pago, pero hace meses que dejé de pagarlo, no tengo”, contó.

Antes de que se decrete el aislamiento social del año pasado, Maximiliano se proveyó de mercadería para encarar las ventas del inicio de clases. Con la primera restricción perdió toda esa mercadería porque pudo regresar al local recién semanas después. Sin embargo, los que sí pudieron llegar a su local fueron los ladrones. “En plena restricción fueron con un taxi, quedó todo grabado, y se llevaron la cortadora de fiambre. A una cuadra está la policía custodiando el banco”, aseveró.

Para las fiestas intentó reabrir, pero le robaron nuevamente. Eso, sumado a las bajas ventas, terminó en el cierre de los cuatro locales y quedó con deuda de alquileres. “Nueve años estuve en ese lugar y quedé mal con los dueños, pero no tengo”, lamentó.

Para no quedarse en cero, vendió vehículos y emprendió otro negocio: una panadería en barrio Valvidia. Pero la apuesta duró poco. “Alquilé desde mayo del año pasado, pero en octubre el dueño me cambió la llave y le alquiló al panadero. Quedaron adentro las máquinas y cosas que había comprado”, relató el emprendedor. 

La última apuesta de Maximiliano Carrazana fue un drugstore en Catamarca al 700. Intentó con el rubro que ya conoce, el de los sándwiches de miga, pero en esa zona no funcionaba así que convirtió el negocio en un “24 horas”. 

“Me tuve que ir al macrocentro, trabajo para cambiar plata nomás”, aseveró. Hace unos días le clausuraron el local y decidió vender lo poco que le queda.

“Nos quedamos en defensa propia”

Carol Ramos, la representante de Comerciante Unidos, pidió que no haya más restricciones a los negocios. Insisten en que el sector no es riesgoso en términos sanitarios. Sin embargo, aseveró que esto no implica no cumplir con los protocolos de prevención.

“Deben cumplirse a rajatabla. Y el que no lo haga, que sea sancionado. Aquí hablamos de vida o muerte nuestra o de nuestros comercios. Por eso queremos que se cumpla a rajatabla, no vamos a defender lo indefendible”, advirtió.

La comerciante aseveró que el cierre de algunos rubros, como el de los salones de fiesta, lleva a otras situaciones más riesgosas. En el caso de los peloteros, indicó que tenerlos cerrados lleva a que se realicen fiestas en las casas sin ningún control. “Las madres están haciendo los cumpleaños en departamentos con 15 niños adentro”, graficó. 

En cuanto a los gastronómicos, dijo que se quedan después de las 22 horas, que sería el horario límite. “Nos quedamos en defensa propia, para no fundirnos”, resaltó.

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