Raúl, otro ingeniero nuclear del taller del profe Córdoba

Con la emoción de haber alcanzado finalmente el título de ingeniero nuclear y todavía en Bariloche, Raúl Aramayo busca tranquilizarse, resolver cuestiones administrativas que tienen que ver con su nuevo estatus profesional y viajar a Salta. 
“Quiero ir a ver a mi familia. Hace un tiempo que no los veo y necesito compartir con ellos esta felicidad. Por la pandemia no pudieron venir el día que rendí mi tesis”, contó Raúl a El Tribuno. 
Este joven de 25 años hace un par de años que está en el Instituto Balseiro. Su camino para llegar a este objetivo comenzó cuando estaba en tercer año de ingeniería nuclear en la UNSa, entonces tenía 22. En aquella época se puso en contacto con el profesor Daniel Córdoba, que llevaba adelante los talleres de acompañamiento para los estudiantes de las ciencias duras. 
“Recuerdo que para poder rendir e ingresar comenzamos a prepararnos un 28 de diciembre de 2017 y rendimos el 4 de mayo de 2018, en Tucumán. El profe estuvo con nosotros todo enero y febrero, todos los días. Nos acompañaba en la resolución de problemas y análisis. Sin pedirnos un peso. Dejó sus vacaciones por nosotros”, recuerda. 
Y agrega con nostalgia: “Para él esto era su vida, tenía una gran dedicación y nos brindaba todo su apoyo. Es algo que nunca voy a dejar de agradecerle, aunque ahora el no puede saberlo”.
Mientras disfruta de este reciente éxito, Raúl analiza la posibilidad de ingresar a una maestría en el Instituto Balseiro o dedicarse al área de programación.
Si bien existe la posibilidad de irse al exterior y profesionalizarse afuera, en la decisión de este chico pesa el poder estar más tiempo con su familia. Incluso destacó que la mitad de sus compañeros se van al exterior.
El camino para llegar a este centro de estudios no fue nada fácil. Si bien era un estudiante con muy buenas calificaciones, y con disciplina, cuando comenzó los talleres del profe Córdoba fue llevado a otra realidad. “Los talleres que dictaba el profe buscaban que choques una y otra vez contra la pared. A veces te desmotivás, porque venís con que te sale todo y te encontrás con situaciones que no podías resolver”, recordó. 
Tiempo, dedicación y búsqueda de resoluciones fue el camino que eligió y finalmente alcanzó su objetivo. En aquel momento, para el examen de ingreso que se rindió en Tucumán se presentaron 7 salteños y solo quedaron 3.

Otro mundo

El ingeniero asegura que cuando llegó al Balseiro lo que más le llamó la atención es lo bien acondicionadas que están las aulas. Si bien los alumnos son pocos, las aulas tienen grandes pizarrones, y la relación docente-alumno es mucho más directa. “En Salta tenés un profesor para 50 estudiantes, en el Balseiro éramos 43 estudiantes y teníamos 12 docentes por materia. Eso me sorprendió muchísimo”, recordó. Y además destacó que cada profesor encargado de las cátedras es investigador efectivo. “Ellos pueden compartirte sus experiencias y sus ganas de hacer ciencia”, agregó. 
Otro detalle es que el Balseiro tiene además una gran cantidad de estudiantes de otros países de Latinoamérica. 
En cuanto a la presentación de las materias, el Instituto obliga a rendir los finales de todas las materias cursadas. No se pueden acumular materias ni se puede desaprobar un final, porque se pierde la condición de alumno regular y hay que “volverse a casa”. 
En 2020, días antes del arranque de la cuarentena, el Balseiro les comunicó a los estudiantes que vivían lejos que regresen a sus hogares porque no se sabía cómo se iba a poder seguir. “Entonces tuve que cursar a distancia poco más de un año. Y eso complicó uno de los pilares del Instituto, que es la comunicación, porque nosotros vivimos en el Balseiro. Caminás 5 minutos y estás en las oficinas de los profesores para cualquier consulta, y eso se perdió con la virtualidad”, detalló. 
En cuanto a lo económico, una vez que se ingresa al Instituto se cuenta con una beca de la Comisión Nacional de Energía Atómica, que alcanza para vivir en Bariloche. “Si el estudiante quiere se queda en el alojamiento del Balseiro, que es más económico”, dijo. 

El secundario, un paso

Raúl estudió en la Ex Técnica Nº 2 Alberto Einstein. Allí escuchó por primera vez de la existencia del Instituto Balseiro. “Un compañero, al que le gustaba la física, fue el que nos nombró el instituto y en ese momento no le presté mucha atención”, recuerda Raúl, quien hoy vive en el alojamiento para estudiantes del Balseiro. 
En la UNSa, cuando comenzó la ola de salteños que se iban a estudiar al Instituto, fue que el nombre se hizo más conocido, investigó un poco y entró en contacto con el profesor Daniel Córdoba. “Él me asesoró sobre cómo era la preparación, me puso en contacto con otros estudiantes y entonces fui conociendo las experiencias en primera persona”, recordó. 
Raúl dice que no era de los mejores estudiantes en el secundario, e incluso confesó que tuvo que rendir más de la mitad de las materias. “A la universidad hay que entrar sin miedo, a veces uno trae una mochila pesada de la experiencia de la secundaria”, analizó el joven ingeniero, quien advierte que el secundario no marca lo que será la experiencia en la universidad. 
Entre los pilares que pueden tener en cuenta los chicos para poder salir de la universidad con éxito, Raúl Aramayo recomendó fijarse metas cortas, marcar tiempos y crear el hábito de estudio. “Al final se estudia mucho menos de lo que estudiabas al principio, pero sos mucho más eficiente”, describe. 
 

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