El país de los "ni ni"

La economía, la salud y la corrupción son los problemas de hoy, del presente, cuya atención reclama la ciudadanía que sufre la pérdida de poder adquisitivo del salario, las dificultades para conseguir empleo y las consecuencias del intervencionismo estatal que desalienta la inversión. La demora y la lentitud en la vacunación contra el COVID-19 muestra la deuda de un Estado donde el avance de la corrupción es ilimitado. Todo esto, en el marco de una crisis de valores y de credibilidad. La dirigencia ornamenta sus discursos hablando de las "políticas de inclusión social". Pero en los hechos la inclusión social se transforma solo en ayuda económica, "planes" o subsidios. La verdadera inclusión social es brindar oportunidades de futuro.

Cada vez más jóvenes dejan el secundario y se incorporan al grupo "ni ni", los que no estudian ni trabajan. Ellos están fuera de las estadísticas y del radar de los gobiernos a la hora de identificar los problemas. Son marginados e ignorados al momento de dictar medidas con miras a la inclusión social. El abandono de los jóvenes compromete el futuro.

Los jóvenes en esta situación, sin estudiar y sin empleo, son cada día más y, por usar un término de moda, "invisibilizados" para los gobiernos y la política. Es urgente tomar el toro por las astas: es imprescindible un censo, que permita relevar los indicadores de salud, niveles de instrucción, disposición para el trabajo y el grado de autoestima de estos jóvenes. Esconder el problema bajo la alfombra no ayuda a solucionarlo ni a dar un futuro a estos jóvenes.

Claro, los resultados de las políticas de real inclusión darán frutos luego de que finalicen los mandatos de los gobiernos, o sea no se van a "cosechar" votos. Ningún problema se soluciona gobernando solo para ganar elecciones. Los problemas crecen y el Estado también, mientras que las soluciones no aparecen.

Otro tema que queda afuera de consideración de los gobiernos es el relativo a las adicciones. Casi a diario conocemos casos de jóvenes que sufren brotes psicóticos por el consumo "recreativo" de sustancias alucinógenas naturales o sintéticas. Los que sufren este problema son argentinos y están casi abandonados, ¿dónde está el gobierno presente o la política de inclusión social? La falta de atención de este problema implica que se irá agravando en el futuro y alcanzará niveles imposibles de revertir.

La preocupación por la pandemia ha colocado en un plano inferior a la lucha contra el narcotráfico. Los controles y lucha a la narcocriminalidad parece haber pasado a una fase de baja intensidad. Si no se combate con todos los recursos disponibles el tráfico de estupefacientes la delincuencia terminará por hacerse del gobierno.

¿Qué espera el gobierno para destinar recursos a liberar al pueblo argentino de esta amenaza? ¿Acaso debemos esperar resignados que nuestro país y nuestra provincia esté gobernada por delincuentes? Los adultos mayores tienen problemas y su solución no está entre las prioridades de los gobiernos. ¿Por qué? Es cruel pero real; el abandono de los viejos es una muestra de la decadencia de la sociedad argentina.

Es imperioso que se apliquen políticas que contemplen la construcción y puesta en marcha de centros de salud especializados en los adultos mayores; hospitales especializados y con todo lo necesario para atender y contener las necesidades sanitarias para que los mayores no se vean obligados a peregrinar en búsqueda de tratamientos específi cos. Es hora de que los gobiernos se rijan con valores y garanticen la idoneidad de gestión. Es posible construir un futuro mejor, para ello es necesario balancear el poder entre oficialismo y oposición, poner atención en los problemas reales, recuperar los valores y ­ponerse a trabajar!

 

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