Wichis paralizaron al norte  por 3 días con el corte de la 34

"Disculpe, con quien está hablando su compañero?" pregunta un gendarme apostado en el corte de la ruta Nacional 34, al dirigente aborígen que en el tercer día consecutivo de corte, a la altura de la localidad de Coronel Cornejo, recibe una comunicación telefónica de quien se identifica como funcionario del área de Asuntos Indígenas del Gobierno de la Provincia de Salta.

El dirigente aborígen wichí pone el altavoz y le responde con cierto desdén: "Mis hermanos te están escuchando, deciles a ellos lo que tengas que decir porque acá decidimos todos si se levanta o no se levanta el corte de la ruta".

Los aborígenes comienzan a hablar entre ellos debajo de un sol abrasador; a pocos metros unas cubiertas arden al lado de unas ramas que atraviesan la cinta asfáltica mientras de uno y otro lado del corte, una fila de casi 5 kilómetros de vehículos de todo tipo aguardan para ver si podrán seguir viaje o deberán esperar hasta que los originarios deliberen y decidan qué hacer: si levantan las barricadas o si, como dice uno de ellos: "Acá nos vamos a quedar hasta que nos den respuestas".

Decididos a todo

El corte de la ruta nacional 34 comenzó el lunes pasado a las 8 de la mañana y hasta el jueves al mediodía, los originarios aseguraban que nadie los había llamado ni siquiera para preguntarles a qué se debía la protesta. "Vienen los gendarmes, los policías, llaman a las autoridades pero ni a ellos les contestan", dice una mujer wichí entrada en años.

A las 12 del jueves 20, hombres y mujeres de las 6 comunidades wichis de Cornejo deciden levantar el corte y comentan: "Si el lunes nos llamaban no hubiéramos estado cuatro días en la ruta. Pero no solo que nadie nos llama sino que cuando nosotros llamamos nadie nos contesta. La gente se enoja porque tiene razón, no es lindo estar horas esperando en los autos, en los camiones o en el ómnibus; pero a nosotros tampoco nos gusta estar en la ruta con las mujeres y los niños", dice Eduardo, dirigente de una de las comunidades que protestan y uno de los primeros en pedirles a sus hermanos que liberen el tránsito: "Ya está, eso era lo que queríamos, que nos llamen y así nosotros podemos presentarles varios pedidos", los persuade a los que muestran mayor resistencia a levantar la medida.

Desde el otro lado de la línea telefónica se escucha decir al funcionario: "Nosotros los esperamos el lunes, vamos a mandar para el pasaje y vengan 3 o 4 representantes, no pueden venir más por el tema del COVID, y el martes vemos todos los temas pero tienen que levantar el corte porque así no podemos negociar nada".

Certificación de obra

"Decile de los $180 mil pesos", le apunta José, un dirigente originario de otra comunidad a su hermano wichi que habla con el funcionario. El chico no debe tener más de 22 años pero su rostro, como el de todos sus hermanos, muestra el sufrimiento, las privaciones, la precariedad en la que viven y una notable delgadez.

"Nosotros queremos que nos paguen $180 mil pesos de la certificación de una obra que el gobierno se comprometió a darnos y nunca llegó; también que nos den proyectos de limpieza, desmalezado de las comunidades porque eso nos sirve para que nuestros hijos coman. Nosotros sabemos que molestamos a la gente que quiere trabajar pero no tenemos otra forma de hacernos escuchar. Nos tendrían que haber llamado el lunes y no hubieran pasado tantos días. Pero vamos a la municipalidad nadie atiende y dicen que es por el COVID. Llamamos por teléfono a Salta y tampoco, nadie nos da respuesta. Y la gente necesita comer", explica el muchacho, seguramente puesto en ese rol porque a pesar de su pobreza material es el que con más fluidez se expresa, mientras sus hermanos (hombres y mujeres wichís a quienes les cuesta expresarse en español), asienten con la cabeza.

Y es que si alguien del gobierno municipal, provincial o nacional se hubiera ocupado de gestionar los $180 mil pesos que reclaman de certificación de una obra menor (una suma tan exigua que puede representar menos de la mitad del sueldo de cualquier funcionario de segunda línea del gobierno), miles de norteños no hubieran tenido que pasarse horas en la ruta sin poder ejercer su derecho a desplazarse y cientos de choferes de camiones hubieran podido llegar con la mercadería, combustibles o cualquier otro tipo de carga a tiempo a su destino; como un médico que tímidamente les pedía permiso a los originarios para ir a tomar su turno al hospital Perón de Tartagal, o cientos de hombres, mujeres y niños que recién el jueves al mediodía pudieron seguir viaje cuando los originarios retiraron las ramas, las cubiertas encendidas del medio de la ruta nacional 34, la única vía de comunicación del norte salteño con el resto de la provincia y del país. Por eso cuando se corta en Mosconi, Coronel Cornejo o General Ballivián, las poblaciones de los departamentos Rivadavia y San Martín quedan incomunicadas.

Corte total si no cumplen

Pero una cosa los originarios dejaron bien en claro (delante de un par de gendarmes y otro par de policía que custodiaban no se sabe muy bien qué, de algunos camioneros que charlaban entre ellos o con los ocupantes de otros vehículos): "Nosotros levantamos el corte, pero si el lunes no nos reciben en Salta o no nos dan respuestas, vamos a volver y no va a ser como ahora que levantábamos cada dos horas. Vamos a cortar definitivo" explica un dirigente originario un poco mayor que el resto de los muchachos.

Si eso que los wichís de las seis comunidad de Coronel Cornejo anticipan desde esta semana, sucede, no serán los funcionarios provinciales que no dieron respuestas quienes padezcan el quedarse horas en medio de la nacional 34, en el impiadoso verano del norte; serán en su mayoría los pobladores del departamento San Martín quienes pagarán las consecuencias de las respuestas que nunca llegan.

Bagayeros y fleteros enfrentados en Mazza

Fleteros de Salvador Mazza realizaban un bloqueo de días en el camino a El Chorro, por diferentes reclamos. Pero el viernes fueron sorprendidos por cientos de bagayeros bolivianos, quienes increparon a los fleteros argentinos en territorio argentino, sin que la Gendarmería respondiera, de acuerdo a lo informado. Vecinos de El Chorro se acercaron al escuadrón 61 de Mazza para denunciar esta invasión y se sorprendieron con la respuesta de los centinelas de la patria, quienes dijeron que "no era de incumbencia de la fuerza federal", que se dirigieran a la policia provincial. Sin embargo, todos se preguntaron ¿por dónde ingresaron los bagayeros bolivianos? Se sabe que custodiar la frontera es responsabilidad de Gendarmería.

Vecinos del paraje El Chorro aseguraron a medios locales que "gendarmería libera la zona para que esto pase". En tanto, la policia de la provincia se hizo presente en el lugar gracias a un llamado de la FM Activa, y logró calmar los ánimos caldeados. (Corresponsalía Tartagal) 

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