El inoxidable Gildo Insfrán

Paul B. Preciado, en su descomunal "Dysphoria mundi", escribe: "No vemos ni entendemos el mundo, lo destrozamos a través de la estrechas categorías que nos habitan". íLo destrozamos! A través de las estrechas categorías que nos habitan. Quirúrgico. Hermoso. Inapelable.

Me pregunto cuán estrechas tienen que ser las ya de por sí estrechísimas categorías mentales de Gildo Insfrán, un individuo capaz de decir: "Yo creo que el atraso de ella debe ser mental"; cuando quiso retrucar a María Eugenia Vidal las críticas a su gobierno.

"Yo lo conozco a Gildo en su dimensión política, pero también en su dimensión humana, porque la política, todos los que abrazamos la política, abrazamos la política porque la política tiene un tema central que es ver de qué modo el ser humano vive mejor, progresa, se desarrolla (…) Gildo siempre que pide, pide para Formosa, siempre que trabaja, trabaja para Formosa, piensa la Argentina con una Formosa que sea parte de una Argentina próspera, pero pide prosperidad para Formosa. Y esos son los mejores políticos, y son los mejores seres humanos"; palabras confusas, aunque textuales del presidente de la Nación (extraído del sitio oficial de Casa Rosada), referidas al gobernador eterno de Formosa, una de las provincias más pauperizadas y subdesarrolladas del país.

"En ´Formosa da Gusto´ tenemos una noticia nueva. Gracias, señor gobernador, hoy producimos bizcochuelo de polenta", dice una joven en un posteo que se volvió viral y que termina con un primer plano del stand en el que, tras la leyenda "Programa de Soberanía Alimentaria", se puede ver el anuncio del nuevo plato regional formoseño. Biscochos de polenta y soberanía alimentaria. Formosa, una provincia gobernada por un señor feudal con una mentalidad medieval que resulta ser la perfecta síntesis de un tribalismo retrógrado.

Es sabido que cualquier opinión, calificación y con mucha más especificidad, cualquier descalificación, hablan más de quien las pronuncia que de la persona objeto de esas palabras. Las declaraciones de Alberto Fernández sobre Gildo Insfrán hablan del presidente de la Nación. Las palabras de Gildo Insfrán sobre Vidal, hablan del gobernador de Formosa.

"Yo creo que el atraso de ella debe ser mental". Gildo Insfrán, en una sola frase de diez palabras descalificó y agravió a dos colectivos: el de las mujeres y el de las personas con discapacidades cognitivas. Un machismo irrefrenable que lo lleva a insultar a una mujer antes que a rebatirla con argumentos. Y usando la palabra "retrasado" como insulto; clara muestra de discriminación y de un idiotismo moral irreparable. Un agravio a Vidal; al casi 53% de la población de este país por un lado; y al casi otro 1% de la población, por el otro.

Pero ni la titular del ministerio de la Mujer, Ayelén Mazzina; ni la del INADI, Victoria Donda; repudiaron esos dichos machistas, violentos, agraviantes y discriminatorios. Las mismas que accionaron con toda velocidad -con muchísima razón y justeza- por los dichos injustificables de Mauricio Macri sobre el gen superior alemán; callan ante la brutalidad de Gildo Insfrán tanto como callan, por ejemplo, ante el documental emitido por DeporTV -que depende de Tristán Bauer- en el que se habla del gen cultural de cada país mundialista. Parece que la pequeñez moral no es reprochable ni objeto de sanción cuando proviene de líneas ideológicas propias.

Me hacen pensar en el idiotismo moral que ostentaron Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir cuando dijeron que exponer las debilidades de la izquierda era fortalecer a la derecha. La Historia abunda en ejemplos de esta clase de carentes morales. Que, por estas latitudes y en esta época, sobreabundan. Y que tampoco pueden hacer gala ni de alguna estatura intelectual; menos de alguna ilustración.

Un dolor sin respiro y sin fin

Personajes que muestran su tosca brutalidad a diario con dichos aberrantes; con conductas atroces y desgarradoras; o con silencios desoladores y cómplices. Que nos llenan de sus conductas reprobables, sus dichos repudiables y sus hechos aberrantes que se suceden -una tras otro- sin solución de continuidad. Hasta con prisa. Apenas nos atropella una canallada; que ya vendrá otra detrás. A una velocidad que no da tiempo a absorberlas; a meditar sobre ellas ni sobre sus cuestiones de fondo. Que no nos deja ver ni dimensionar a los extravíos a los que nos llevan.

Que no nos deja cuestionarlas -a las conductas-, ni cuestionarlos a ellos -a los idiotas morales-. Que no nos dan tiempo a pensar en cómo cambiar las cosas. Que nos dejan sin ánimos; ni fuerzas. Que nos hace aceptarlo todo; como venga y de quien venga. Que nos hace quedarnos, quietos, pasivos; sólo esperando por la próxima cachetada.

Quizás el dolor que produce Argentina sea por la negativa a vivir como se nos quiere hacer vivir; en un estado de mera supervivencia, de decadencia descarnada; muchas veces, inhumana. Pero el dolor no produce acción. Sólo un adormecimiento que nos impide evitar el desastre hacia el cual nos dirigimos con tozudez y perseverancia.

Pocos días atrás, cerré una columna diciendo: "Argentina es un país que lastima. Que hace doler cada día. Que no da respiro. Que nos asfixia con su incesante e insensata insensibilidad". Me faltó agregar: "Que nos atropella día a día con la irracionalidad y la más absoluta falta de empatía y de visión de país tanto de sus gobernantes como de sus aspirantes a gobernarlo".

 

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