"Trabajamos la EIB en la comunidades con sus historias, sus culturas y sus prácticas"

Ziomara Garzón es una licenciada en Ciencias Políticas colombiana que nació en el Cauca, que estuvo acompañada por Alex Madroñero, su pareja pedagógica, que es geógrafo, del mismo lugar, y que juntos realizaron un trabajo de territorio y pedagogía con las comunidades indígenas en Santa Victoria Este, en el marco de un proyecto de Extensión de la Universidad de Luján.
Llegaron al Chaco salteño en agosto de 2020, en plena pandemia, con planes de quedarse solo por 6 meses. Pero como dicen los chaqueños que el monte te atrapa, recién salieron el 1 de febrero de ese territorio ralo, ardiente y mágico. Lo que iba a ser un semestre se extendió por un año y medio. La estadía se transformó en un encuentro de saberes, porque Ziomara pertenece al pueblo Pijao, y Alex, al Yanakuna.
El trabajo central comenzó en Alto de La Sierra, pero luego se fue avanzó a los parajes más profundos y cautivantes del monte chaqueño. Allí la selva colombiana se encontró con la llanura semidesértica...

¿De qué se trata el trabajo con las comunidades indígenas?
Emprendimos un ejercicio participativo pedagógico. Vinculamos extensión y educación. No solo trabajamos lo organizativo y político sino también la alimentación. El primer ejercicio que tuvimos es construir una currícula. ¿Qué quieren aprender?, ¿qué desean conocer? y en un espiral de conocimiento que armamos desde lo ambiental, desde las aves, los vuelos y sus cantos. En la cosmovisión wichi hay un vínculo muy grande con las aves. Pero adentrándonos en lo profundo del monte había una diversidad de aves con diversidad de significados. Trabajamos con jóvenes y adultos en un ejercicio desescolarizado, dos veces a la semana, con recorridos de observación, por los bañados (chowei). Nuestro objetivo fue estudiar esos chowei, los lugares de agua, de cosmovisión y de diversidades, con dos clanes que son muy importantes que son los lantawos y los naté. En ese ejercicio trabajamos cómo son las actividades en lengua wichi para salir del ejercicio científico sobre cómo se nombra desde la taxonomía de la biología. Cómo anidan, qué comen, dónde se bañan las aves. Después trabajamos las luchas por la Tierra, no solo en América Latina sino en los diversos momentos históricos, en los tiempos de los abuelos y los tatarabuelos que lucharon por la propiedad comunitaria. Cómo organizarse para el control territorial que implica reconocer que el monte nos da comida, que tenemos las mejores maderas, pero que todo es parte del extractivismo y de la ilegalidad. Estos árboles, como el palo santo, son parte de su arbolario con el reconocimiento de que curan enfermedades, con sus cortezas, las hojas y flores. 

Un diálogo de igual a igual...
Sí, ampliamos la mirada a organizarse en términos que los pueblos de Abya Yala somos muchos, en diferentes procesos y que también podemos generar hermanamientos. Al ser nosotros también de pueblos originarios hemos podido compartir y que no tengan la experiencia de los que vienen de afuera, la imposición, la amenaza del externo sino que pudiésemos reconocer que en ese intercambio que tuvimos pudimos animar un proceso de defensa, de liberación y de cuidado del territorio con principios muy claros, con identidad, autonomía y las culturas. Pudimos tener conversación con pueblos hermanos, aunque viniéramos de contexto muy distintos. 

¿Con qué edad trabajaron?
Trabajamos con jóvenes y adultos, pero también con niños, que son como centinelas que escuchan y aprenden.

¿Con las mujeres?
Con las mujeres trabajamos el tema de la alimentación. Es decir cuando se habla de pérdida de identidad o pérdida de alimentación ¿es como que se sospecha?, ¿será que sí se pierde? o hay otro tipo de mixturas que se están entretejiendo. La bola verde se sigue comiendo, se aprovechan sus flores que se comen con pescado, se aprovecha sus semillas, su pulpa; todo se aprovecha porque es muy nutritiva. Luego están la tunas, amarillas y rojas, que se hacen bien con el pescado por sus mixturas. Luego están las fructosas de los frutos del monte. Todo esos saberes están incorporados y se consumen a la par de los alimentos industrializados, que también llegan. Todavía en el monte se consumen carnes magras, como de la corzuela, del quirquincho o del chancho del monte. Entonces el monte como organismo vivo nos da de comer y también llegan los alimentos industrializados. Está en el pensamiento de que los pueblos originarios somos lineales y que no cambiamos; pues eso no se aplica.

La mayoría de cambios por la alimentación industrial son malos....
Detectamos la preocupación por ciertos alimentos que llegan y que generan obesidad en los niños y niñas. Sus cuerpos fueron cambiando, aunque la algarroba siga siendo la base nutricional del pueblo wichi. Pero hay otros frutos que son los chañares y los mistolares, que son alimentos muy ricos, pero que se dejan de comer porque el gusto se va transformando. Hicimos el ejercicio sobre cuando el gusto se va colonizando y lo que hay en el monte ya no gusta.

¿Cómo hacen con el agua?
Ellos tienen unos pozos de irrigación de agua, pero están pensando irse más adentro del monte. Se van acercando a sus orígenes, van volviendo al monte. La misión lo que hizo es acercarlos más a la vida citadina, urbana. Sin embargo, hay algunos que quieren volver al monte para que les queden más cerca los chaguarales y las comidas; es abrir la posibilidad de acceso a una mayor diversidad de comidas, de maderas, de los tejidos.

Y con su propia medicina...
Al estar la Iglesia Anglicana y la Asamblea de Dios no se habla del tema, porque lo prohíben, pero hay hueseros, parteros, curanderos. De eso se habla tímidamente, pero son saberes que están innatos. Saben qué planta baja la fiebre, cuál sirve para el dolor de cabeza, qué plantitas son para las quemaduras. También está la inmediatez de la píldora y de la inyección. Pero también están ambas medicinas, conviven. 

Las iglesias están como muy “avanzadas” en territorio indígena...
Nosotros lo que descubrimos y comprendimos es que la alfabetización con la segunda lengua la hizo muy bien la iglesia. Nosotros fuimos con una propuesta desescolarizada que tenía que ver con el contexto y nos llevamos una buena sorpresa porque vimos buenas rúbricas, buena comprensión lectora, donde se lee lento pero corrido y con mucha atención. Con mucho silencio y respeto hacia el otro. El saber de las lenguas maternas son más difíciles de comprender porque el fonema no corresponde al grafema; el castellano es simple y rápido. Las iglesias hicieron un buen trabajo en escritura, lectura y comprensión.

¿Es otra forma de educación?
Lo que tratamos de hacer con los procesos de educación intercultural bilingüe es tratar de trabajar con sus historias, sus culturas, con sus prácticas, buscando que se suelten a hablarlo en castellano. Trabajamos el proceso de organización territorial, en lo ambiental, en la alimentación y además en la defensa y la liberación del territorio. Y lo trabajamos con Lhaka Honat, con la idea de armar una cartilla; es decir con un camino inverso. No trabajamos con cartillas que ya vienen armadas, sino comenzar a construir en contexto situado. 
 

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