"Estamos solos", la dura realidad de los vecinos de El Encón

A pocos minutos de la capital salteña se encuentra el pueblo de El Encón Chico. Una zona que en su origen vivía de los tabacales y hoy, siendo un lugar residencial, es uno más de los tantos lugares olvidados por las autoridades.

Norma Chalco es una vecina de la zona y una de las mujeres que "de corazón" ayuda a sus pares siempre que puede. "Estamos solos" empezó diciendo Norma, "no tenemos salud ni servicios. Nos hace falta un sistema de salud con médico permanente. Tenemos un doctor que viene una o dos veces por semana y una enfermera que solo puede estar hasta el mediodía. Así que cuando algo pasa por la tarde o por la noche, nadie nos puede ayudar", explicó con claridad la mujer.

Según Norma, la comunidad que vive allí es muy unida, "nos conocemos de toda la vida así que somos como una gran familia. Estamos siempre atentos a lo que nos pasa para poder ayudarnos", aseguró.

El listado de necesitades y servicios básicos de los que carecen es bastante largo y quienes deberían ayudar no lo hacen.

"Solo aparecen cuando hay elecciones", dijo Norma.

Y explicó: "Las calles son de tierra y por eso no llegan los colectivos. Entonces, los chicos tiene que ir caminando hasta la escuela, unas 20 cuadras más o menos, por una ruta donde pasan camiones muy rápido. Además, los días de lluvia esa zona como tiene pozos, se inunda. Cuando hace calor no hay ni un árbol. Por ese lugar tienen que pasar nuestros chicos cada vez que quieren ir a estudiar".

"Y en verano, el agua de la cañería viene turbia así que la cortan para drenar la arena y nos quedamos sin agua", agregó la vecina.

En cuanto a la ayuda por parte de las autoridades o de alguna ONG, Norma comentó que es nula. "Acá no viene nadie. Hace algunos años hubo una tormenta con granizo que rompió todos los techos. Des la conuna se acercaron esa vez de forma burlona y nos ofrecieron unas placas de cartón y como alternativa nos dijeron que nos podían evacuar a la Municipalidad. Esa fue toda la ayuda. Tuvimos que salir adelante solos. Si esto vuelve a pasar nosotros no sabemos qué hacer. No hay ni un protocolo de acción. Tampoco hay bomberos para los incendios ni personal que pueda controlar las alimañas que hay por acá".

Norma afirmó que en esa zona crecen una gran cantidad de alimañas que pueden ser peligrosas, especialmente para los niños: "Acá, en verano, empiezan a salir las vívoras y hay alacranes también. Ahora estamos tratando de que los bomberos nos den una charla de como actuar si aparece alguno de estos bichitos para poder protegernos. El problema es que tenemos que hacer un montón de trámites y eso retrasa todo. Tuvimos que presentar papeles y permisos y todavía no tuvimos respuesta".

En esta línea de ayuda vecinal, Norma contó que hace un tiempo médicos de una conocida clínica del microcentro salteño, fueron a brindar una charla a los vecinos. "Uno de los médicos de la clínica vino con su equipo a enseñarnos RCP, aprendimos como salvar a una persona de cualquier edad y tamaño. Vinieron traumatólogos y dentistas a controlar a la gente de acá. Todo esto lo hicieron gratis, de corazón, porque hablamos con ellos y les pedimos que vinieran", relató.

Pero para la mujer, las charlas no son lo único que hace falta. "Hablé con una ginecóloga para que dé una clase de educación sexual pero nos dimos cuenta que una charla no es suficiente. Necesitamos soluciones", dijo.

Educación y una biblioteca

Norma aseguró que por una cuestión cultural es difícil que los chicos estudien. “Ellos ven que papá vivió toda su vida pensando en ir al boliche y tomando. Para ellos eso es lo normal y no debería ser así. Hacen falta cursos de oficios para que los chicos aprendan cosas y puedan salir adelante. Para que tengan en qué trabajar”.

“Para mí la educación y el trabajo son la forma de salir adelante, no los regalos y planes. Hay que crecer personalmente, por eso hay que trabajar y sentirse orgulloso de que lo que uno gana fue con sacrificio”, definió.

En esa línea, Norma tiene el proyecto de crear una pequeña biblioteca popular para los chicos del pueblo. “Tenemos un mueble que nos donaron, en la escuela de catequesis de la Iglesia y ya tenemos algunos libros. A los chicos les gusta ir a leer. Estaría bueno poder juntar más libros y hacer una biblioteca para que los chicos tengan opciones”, dijo. 

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