Zaira, bajo la lupa pública, podrá  tener una mejor calidad de vida

Que Zaira no se va a curar está claro, pues tiene un diagnóstico que es una condena: encefalopatía crónica evolutiva. Que hay que dejarla morir sin dignidad sería imperdonable. El miércoles, con cierta resistencia de su abuelo que quería que la internaran en el hospital Materno Infantil de Salta, enfermeros de Embarcación lograron convencerlo y llevaron a la niña al hospital San Roque de esa localidad, donde le realizaron estudios para que el equipo médico del Materno Infantil pudiera evaluarla ayer. Apenas tomó conocimiento de este caso el gobernador Gustavo Sáenz, ordenó la asistencia inmediata de la niña de 12 años que pesa poco más de 13 kilos y que hasta ahora no tuvo derecho ni siquiera a lo imprescindible.

El médico Federico Mangione, gerente general del Materno Infantil, fue a buscarla a Zaira a Embarcación en un vuelo sanitario. Cuenta que "cuando me vio el abuelo se largó a llorar y eso fue muy emocionante para mí. El quería que yo fuera a ver a su nieta y el gobernador dio la orden expresa de que la asistiéramos. Sáenz, apenas supo de la existencia de Zaira, puso todo a disposición. Son momentos muy sensibles y muy humanos que tiene el ejercicio de la medicina".

Ocurre que en estos últimos cinco años de franca involución de su salud, la niña de la comunidad wichi Misión Chaqueña fue internada una vez en el Materno Infantil donde le mejoraron mucho su condición inicial. El abuelo solo recordaba esa experiencia y necesitaba esta señal de humanidad de la medicina.

"Nosotros ya la recuperamos a la niña hace unos años en el hospital y la mandamos a su casa para internación domiciliaria en buenas condiciones de peso y estado general. Imagínese que no podemos saber lo que pasa después de las derivaciones con todos los pacientes que atiende el hospital, son los funcionarios de desarrollo social de los municipios y de los hospitales locales los que tienen que hacer el seguimiento de estos casos de familias tan vulnerables", señaló el doctor Mangione.

Agregó: "Zaira estaba en el hospital San Roque de Embarcación en un estado crónico con una enfermedad que se está estudiando, que es neuroproliferativa. Está en muy bajo peso, bien hidratada y decidimos traerla para intentar que aumente de peso, y estamos evaluando si es posible, más adelante, realizarle una intervención para ponerle un botón gástrico por donde podrá alimentarse mejor".

Aclaró que "Zaira padece una enfermedad degenerativa de mal pronóstico; sin embargo, lo que no se puede permitir es que no tenga la calidad de vida que corresponde".

Así empezó todo

Afortunadamente para Zaira, Diana Ferreyra acompañó hace diez días a su hermano a evangelizar en la Misión Chaqueña. Fue providencial que llegara hasta el precario rancho de los abuelos de la niña y que pudiera entrar hasta su habitación llena de tierra y agujeros para tomar sus manos frías y descubrir el abandono, la indiferencia colectiva.

De tanto estupor, la mujer inició una campaña solidaria en las redes sociales con la intención de juntar cobijas, ropa y todo... porque entre los wichis falta de todo. La impotencia de una mujer cristiana fue la llama que incendió de bochorno al Chaco salteño. Zaira, con su inocencia y su padecimiento, descubierta en una cama de madera, con los huesos sobre una colchoneta, mojada de orina, temblando de frío por el aire otoñal que se colaba por todos los agujeros de esa habitación con piso de tierra, con las manos mordidas por los cerdos, fue una dolorosa cachetada para esta sociedad negadora de la realidad, sumida en el egoísmo y la indiferencia.

Si hace al menos cuatro años Zaira presenta este deterioro, toca preguntarnos: ¿por qué llegó la imprescindible cama ortopédica recién hace unos días a su tapera? ¿Por qué la niña no cuenta con una silla ortopédica y con una habitación adecuada con, al menos, piso de cemento (y no de tierra), con ventana, puerta y techo?

Fue por esta precariedad que hace un año y medio los chanchos llegaron hasta su cama y le mordisquearon los dedos hasta comerle una falange del dedo medio de la mano izquierda.

Nadie de su entorno: familia, caciques de la comunidad, médicos y enfermeros, docentes de la escuela de Misión Chaqueña de la que Zaira fue alumna, funcionarios municipales, legisladores, Justicia... nadie queda libre de la responsabilidad por tanta indiferencia ante una situación que todos conocían.

 

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