No es ingenuidad: es ocultamiento 

El misterio que rodea al Boeing 747-300M de la empresa venezolana Emtrasur, con 19 personas a bordo, aparentemente tripulado por cinco iraníes y con 14 personas de nacionalidad venezolana (no son pasajeros porque se trata de un avión de carga) acumula una sucesión de errores y contradicciones que se podrían describir como bloopers si no fuera porque, en realidad, la nave y la empresa propietaria aparecen sospechadas de estar involucradas en acciones del terrorismo iraní. El mismo al que el Estado argentino tiene sindicado como responsable de los atentados genocidas contra la Embajada de Israel y la AMIA, ambos, en Buenos Aires. 

En ningún momento, el oficialismo demostró actuar con seriedad ni tener bajo control la seguridad del país. 

El ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, admitió la sospecha de que el avión y su extraña tripulación podrían estar vinculados con la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán. Cabe señalar que un ex integrante de esa fuerza, donde se desempeñó en la época de los atentados, hoy integra el gabinete del gobierno chiita. 

El jefe de Inteligencia recientemente nombrado por Alberto Fernández, Agustín Rossi, conjeturó que se trataba de un equipo de entrenadores de vuelo que preparaban a los venezolanos para pilotear el avión, hasta hace poco, de bandera iraní. Pero Rossi no podía no saber el gobierno de Paraguay, luego de la escala del avión en Ciudad del Este y, probablemente el de Estados Unidos ya habían avisado sobre la denuncia de que la nave había sido utilizada por los servicios iraníes para tareas de inteligencia y distribución de armas. La información estaba en conocimiento de los servicios de Inteligencia de varios países. Y lo sabían YPF y Shell, que se negaron a proveer el combustible, justamente, por esa razón. 

¿Cómo puede explicarse el uso de semejante avión y tan extravagante tripulación para un reparto de repuestos automotrices y de cigarrillos? 
Rossi (o sus antecesores) debían haber contado con toda la información desde antes del primer aterrizaje en Córdoba.

Fue la DAIA la que dio la señal de alerta. El misterio del avión tiene muchas reminiscencias de lo ocurrido hace tres décadas. Los protagonistas, las escalas, y la impericia de la Inteligencia argentina.
Nadie deja entrar a su casa a quien puede ser el enemigo. 

El intercambio de mutuas acusaciones entre algunos organismos manejados por La Cámpora (Administración Nacional de Aviación Civil, la Empresa Argentina de Navegación Aérea y Migraciones) podría ser una muestra de desconcierto. Pero no de ingenuidad. 

El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, pretendiendo acusar a la oposición y poniendo el acento en los cigarrillos que llevaba el avión aumenta los interrogantes sobre lo que se sabe y lo que se oculta 

Los atentados terroristas por los cuales Argentina acusó a Irán y a Hezbollah son una herida abierta. Pero en 2011, tras la muerte de Néstor Kirchner y a sugerencia del caudillo venezolano Hugo Chávez, el gobierno de Cristina Fernández resolvió llevar adelante un pacto con Irán, que en los hechos significaba olvidar la enemistad y empezar a hacer negocios. Todo el peronismo se alineó en ese cambio de rumbo. La muerte (caratulada como asesinato) del fiscal Alberto Nisman fue otro capítulo oscuro de esta historia sangrienta. Cuesta creer que Massa, Rossi y Aníbal Fernández estén actuando con la ingenuidad que ellos también muestran, porque no son ingenuos. 

Es muy prematuro dar una opinión definitiva acerca de los motivos de la presencia de ese avión en el país y nadie se hubiera enterado de no mediar la denuncia de la oposición. 

Y es muy prematuro, porque las conductas de los funcionarios son contradictorias. Pero la sospecha de que Irán utiliza a Ciudad del Este como base de operaciones no es de ahora. 

Sin embargo, la absolución a Irán parece tener la misma raíz que la defensa de dictaduras como las de Cuba, Venezuela y Nicaragua, y el apoyo a la invasión rusa a Ucrania: la decisión política del kirchnerismo de alinear al país con China. La imaginan como nueva potencia hegemónica en pocos años. Por lo pronto, representa la posibilidad inmediata de buenos negocios con el poderoso dragón asiático.

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