El país más extraño del mundo

El fallecimiento del jeque Jalifa bin Zayed, emir de Abu Dhabi y presidente de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), focalizó la atención sobre lo que podría caracterizarse como el país más extraño del mundo.

Hace medio siglo, su territorio estaba habitado por un conjunto de reinos tribales que poblaban el desierto de la Península Arábiga.

Hoy, erigido en uno de los principales exportadores mundiales de petróleo y gas, tiene ciudades con enormes rascacielos, entre ellos el edificio más alto del mundo y el hotel más lujoso (de siete estrellas), y autopistas que parecen extraídas de películas de ciencia ficción. Donde antes se buscaban perlas y se criaban camellos para sobrevivir, funciona el segundo centro comercial del mundo, una sucursal del Museo del Louvre y campos satélites de las universidades de la Sorbona y Nueva York. Ya han enviado varias misiones espaciales y fue el primer país en establecer una semana laboral de cuatro días y medio. Es también una de las autocracias más controvertidas del planeta.

El adversario de Irán

Jalifa bin Zayed encabezó esa formidable transformación, aunque desde 2014, cuando resultó afectado por un derrame cerebral, fue en la práctica sustituido por su hermanastro, Mohamed bin Zayed, conocido periodísticamente como MBZ, entonces príncipe heredero y ahora sucesor, quien tomó las riendas del gobierno y profundizó el camino emprendido. Pero el fallecido monarca, considerado también uno de los hombres más ricos del mundo, sigue siendo una presencia cotidiana para sus compatriotas: sus fotografías adornan las oficinas gubernamentales, vestíbulos de los hoteles e incluso las paredes de muchas tiendas y restaurantes.

Ese proceso de modernización estuvo acompañado por un fuerte protagonismo en la escena regional y global, signado por un firme alineamiento con Estados Unidos, una alianza incentivada por el conflicto con Irán, con quien EAU mantiene una histórica disputa por la soberanía de tres islas y por el hecho de que el régimen de Teherán alienta la disconformidad de la minoría chiita de la población de los emiratos.

En 1999, EAU fue el primer país árabe en enviar tropas para apoyar a las fuerzas de la OTAN en el conflicto de Kosovo y en Afganistán. En 2011 participó en la intervención contra Muammar Gaddafi en Libia y luego formó parte de la coalición internacional que enfrentó a ISIS.

Pero el punto de inflexión ocurrió en 2019, cuando se convirtió en el tercer país árabe en entablar relaciones diplomáticas con Israel, luego de Egipto en 1979 y Jordania en 1994, una iniciativa que fue imitada por Omán, Barhéin, Sudán y Marruecos.

Ante el fallecimiento de Jalifa bin Zayed, el canciller israelí Yair Lapid hizo un reconocimiento absolutamente infrecuente en su país a un líder del mundo árabe: "La historia se hace con gente que conoce la historia pero está dispuesta a cambiarla. Se hace con gente que prefiere el futuro al pasado".

Poderío económico

EAU surgió como estado en 1971 como resultado de la fusión de siete emiratos que habían estado bajo protectorado británico desde 1820: Abu Dhabi, Ajmán, Dubai, Fuyaira, Ras al- Jaima, Sarja y Umm al-Qaywyn.

Esta singularidad de origen signó su organización institucional, definible como una "monarquía federal". Cada emirato conserva su autonomía para sus asuntos internos pero la política exterior y el sistema de defensa están en manos de un Consejo Supremo Regional integrado por los siete emires. Por una norma consuetudinaria, ese Consejo es presidido por el monarca de Abu Dhabi (el emirato más relevante políticamente del septeto) y su vicepresidente es su colega de Dubai (el económicamente más poderoso). Zayed bin Sultan al-Nahayan (padre de Jalifa y de Mohamed) fue el primer presidente del flamante estado.

Junto al Consejo Supremo funciona una Asamblea Nacional, que es un órgano consultivo de cuarenta miembros, distribuidos proporcionalmente a la población de los emiratos e integrado por veinte representantes electos y otros veinte designados por los emires. Pero el sistema electoral tiene una particularidad que lo asemeja más a la Atenas del siglo V AC, donde el derecho a voto estaba limitado a la minoría de ciudadanos libres y no a los esclavos, que a las democracias modernas.

En EUA, como es internacionalmente de práctica, votan únicamente los ciudadanos (nativos y/o naturalizados). Pero la singularidad reside en una rareza demográfica: es el país con mayor porcentaje de población extranjera del mundo. El 90% de sus 9.300.000 habitantes son inmigrantes (la mayoría trabajadores temporarios palestinos o de origen asiático) y para adquirir la ciudadanía la ley exige un mínimo de veinte años de residencia, requisito de casi imposible cumplimiento. La consecuencia es que los ciudadanos con derecho a voto son menos del 6% de la población.

Estas restricciones convierten a EAU en una autocracia constitucional. No existen los partidos políticos y las libertades públicas están sometidas a la discrecionalidad estatal. Amnesty International denuncia sistemáticamente la violación de los derechos humanos. Sin embargo, el hecho de constituir el quinto país del mundo en ingreso por habitante y el 34´ en el Índice de Desarrollo Humano elaborado por las Naciones Unidas hace que no exista una oposición política significativa. La única excepción está constituida por las esporádicas manifestaciones de protesta de la minoría chiita de la población, patrocinadas por el vecino Irán. EAU es una curiosa expresión sobreviviente de "despotismo ilustrado" volcado al siglo XXI.

El éxito económico de las monarquías sunitas del Golfo Pérsico, una categoría que engloba a EAU con Arabia Saudita, Omán, Kuwait, Baréin y Qatar, responde a una estrategia inteligente y previsora orientada a redistribuir los ingresos provenientes del petróleo en inversiones dirigidas a la diversificación de sus economías.

Esa estrategia incluyó asociaciones con las corporaciones transnacionales occidentales y cuantiosas inversiones en el extranjero, canalizadas a través de fondos soberanos de enorme capacidad financiera. 

Solo el fondo soberano de Abu Dhabi administra un patrimonio de 700.000 millones de dólares. 
En el caso específico de EAU, Dubai creó en 1985 la zona franca de Jebel Alí, que es la más grande del mundo. Esas zonas francas aumentaron a treinta y atrajeron múltiples inversiones extranjeras seducidas por sus beneficios fiscales y aduaneros. Otros emiratos más pequeños se transformaron en grandes centros financieros y en paraísos fiscales y promovieron el turismo internacional de primera categoría. En el exterior, el dinero emiratí está invertido en compañías transnacionales, propiedades, instituciones financieras, marcas de lujo y clubes de fútbol como el Manchester City. 

Diversificación clave

El resultado fue una extraordinaria diversificación económica. La participación del petróleo en el producto bruto interno, que era del 80% en 1980, se redujo a un 38% en 2006 y a un 24% en 2021. El gobierno apuesta a las energías renovables. Ante el desafío ambiental y la perspectiva del agotamiento de los combustibles fósiles, pretende convertir al desierto en una gigantesca fuente de energía solar y eólica. Millones de paneles solares ya están en funcionamiento. Madar, una ciudad en construcción en medio del desierto, será la primera urbe en abastecerse exclusivamente con energía solar.
Sobre estas sólidas bases materiales y de un protagonismo internacional que tiene como eje una entente con Israel y las demás monarquías petroleras árabes para configurar una “OTAN de Medio Oriente”, concentrada en contener la expansión regional de Irán, Mohamed Bin Yazed parece destinado a convertirse en un personaje relevante de la política mundial de los próximos años.

    * Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico

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