Víctimas de mala praxis: El proyecto llegó a  Diputados de la Nación

Carmen Rosa Aráoz recuerda cada momento, cada detalle, de aquella madrugada del 18 de octubre del año 2015, cuando se celebraba el Día de la Madre. Recuerda la mirada implorante de su hijo que con el último aliento le decía: "Mamá, yo no me drogué, te lo juro mamá que nunca consumí esas cosas". Pasaron algunos minutos de las 6 de la mañana del día más triste que esta mamá tartagalense, empleada judicial, jamás hubiera imaginado vivir.

Su hijo de 28 años de edad moría víctima de hantavirus, pero más allá de eso dejaba de existir como consecuencia del mal diagnóstico que los médicos del hospital Juan Domingo Perón le dieron, quienes totalmente sueltos de cuerpo y en tono de reproche al muchacho y a su madre lo trataron por un supuesto síndrome de abstinencia de drogas.

Pasados 7 años Carmen Rosa tiene el dolor marcado en sus ojos, en su voz, y no deja de reprocharse por no haberlo sacado a tiempo del hospital "y llevármelo a una clínica. Pero yo confiaba porque eran médicos. Algunos después me decían cómo no tuviste miedo de que lo atiendan ahí; pero miedo se les tiene a los delincuentes, no a quien hizo un juramento de curar al enfermo. Pero esas mismas personas ni siquiera le dieron una muerte digna, porque a pesar de que ya casi no podía respirar, mi hijo trataba de explicarme que era mentira, que él nunca había tomado droga. Así se le fue la vida y así me sumió en este dolor", dijo.

Carmen Rosa Aráoz no fue la última mamá que perdió a su hijo en el hospital de Tartagal "y sin embargo muchas veces me siento sola en esta lucha, pero las entiendo a las madres porque este dolor, para el que ningún ser humano está preparado, te destruye", expresó.

"Entonces cuando alguna mamá me dice: no quiero que se investigue nada, quiero dejarlo a mi hijo en paz o no quiero volver a pasar por lo mismo, las comprendo; pero yo jamás me voy a quedar de brazos cruzados porque sería aceptar que la muerte de mi hijo sucedió por nada. Y eso nunca va a suceder mientras yo siga viva", agregó con convicción.

Muerte que pudo ser evitada

Al recordar su tragedia Carmen Rosa rememora que unos días antes de su fallecimiento acompañó a su hijo Javier al hospital Juan Domingo Perón, donde lo atendió el médico César Oviedo, quien le dijo que "no era nada, es una simple gripe", y lo mandó a la casa.

"Era la segunda vez que lo veía pero mi hijo cada hora que pasaba se ponía peor, le costaba cada vez más respirar. Lo llevé de vuelta al hospital, lo internaron y nunca olvidaré la imagen de la doctora Irene Zabzuck cuando yo le pedía que lo salvara, yo sentía que se estaba muriendo y ella a viva voz me decía: "Tu hijo está con un síndrome de abstinencia por falta de drogas'. Cuando comencé a gritar que lo atendieran porque él con el último aliento me decía que era mentira, que nunca se drogó, me mandaron a la seguridad del hospital para que "me calme', porque yo me había puesto violenta, según los médicos. A los minutos mi hijo murió y allí comenzó mi otro padecer: una cadena de mentiras, de encubrimientos, de adulterar la historia clínica, todos elementos que la Justicia jamás tuvo en cuenta", detalló Carmen Rosa.

Agregó: "Mi hija llegó una hora después de que Javier falleció a hacer la denuncia pero a los 15 días el fiscal penal Gonzalo Vega archivó la causa. El único médico que estaba imputado por homicidio culposo, el doctor Oviedo, fue sobreseído y yo quedé sin mi hijo y sin justicia por una muerte que se podía haber evitado, porque con hacerle un estudio hubieran determinado que era hantavirus".

Fue contundente al aclarar que "mi hijo, como él lo dijo en los últimos momentos, no se drogaba, sino que padecía una enfermedad endémica en el verano, que los médicos no supieron ver, porque tampoco cumplieron con los protocolos para un paciente febril. Para ellos fue más fácil decir que era un drogadicto y después encubrir todo lo mal que habían trabajado. Adulteraron la historia clínica y hasta llegaron a poner que el médico Oviedo lo mandó a la casa porque "la mamá lo quiso retirar', como si mi hijo hubiese sido un bebé. Tenía 28 años. Incluso viendo que apenas respiraba lo dejaron irse".

Según el certificado de defunción que se le otorgó a la familia, Javier Federico Cortez murió por una falla multiorgánica, "sin embargo, hubo un médico que en la causa declaró que tenía toda la sintomatología de hantavirus. El único médico imputado quedó sobreseído o sea que para la Justicia todos actuaron correctamente, algo que es totalmente falso. La historia clínica tenía hojas pegadas por encima, con el afán de encubrir los delitos que se cometieron con mi hijo. Por eso es que digo que fue una cadena de complicidades que les resultó muy bien, porque no hay un solo culpable por la muerte de mi amado hijo Javier".

Otras madres, el mismo dolor

Pasaron dos años en los que Carmen lloró día y noche: "Por lo que hicieron en el hospital con mi hijo y por la actitud de muchos funcionarios judiciales y del Ministerio Público que jamás hicieron nada para que se hiciera una investigación seria, lloré día y noche. Yo no podía vivir con ese dolor en mi pecho pensando que mi hijo había muerto en vano; hasta que comencé a contactarme con mamás de otros lugares del país que habían sufrido lo mismo que yo. Habían perdido a un hijo por una mala praxis médica que a los fines del derecho penal es homicidio culposo. Eso implica que tienen una pena de 5 años como máximo pero permanecen en libertad. Lo grave es que estos médicos, mientras dura el proceso siguen trabajando normalmente, poniendo en riesgo la vida de tantos otros pacientes. Si se los condena tampoco dejan de trabajar y como me lo dijo una médica pediatra del hospital Perón, a la que una vez me tocó tomarle declaración en mi condición de empleada judicial del Juzgado Penal: "Esto es una pérdida de tiempo'. Tenía razón esa mujer a la que se le murió un niño de 10 años también con hantavirus porque no supieron diagnosticarlo", explicó la mamá.

Con esas mujeres de diferentes provincias que sufrieron lo indecible por la pérdida de un hijo mientras eran atendidos por médicos en clínicas u hospitales, Carmen Rosa Aráoz trabajó codo a codo, de la mano de la abogada Gabriela Covelli, presidenta de la ONG "Por la Vida y la Salud", mamá de Nicolás Deanna, fallecido tambien por mala praxis.

Este mes, quizás sea ley

La abogada Covelli, quien conformó este grupo, elaboró el proyecto de ley que ya tiene estado parlamentario y que será tratado el próximo 26 de julio en la Cámara de Diputados de la Nación. "Soy la única que irá de Tartagal el día que se trate el proyecto pero no importa. Lo que buscamos es que la mala praxis sea visibilizada y que la Justicia tenga la perspectiva de las víctimas. Que los juicios dejen de ser eternos como es eterno nuestro padecimiento, mientras los médicos sospechosos de un delito siguen atendiendo y poniendo en riesgo la vida de tantos otros pacientes. Que alguien me cuente si en Tartagal alguna vez alguien ha visto que un médico cumpla una prisión efectiva por haber cometido una mala praxis. Eso jamás ha sucedido, porque se los imputa y en muy pocos casos se los condena solo por homicidio culposo", expresó Carmen Rosa Aráoz.

Convicción vs. indiferencia

“Lo que buscamos es establecer el marco jurídico, político e institucional para el pleno ejercicio del derecho a la vida, a la salud de los pacientes mediante un trato humanizado, indispensable en los servicios de salud. Nosotros lo llamamos al proyecto ‘ley Nicolás’ porque así se llamaba el hijo de esta abogada, la Dra. Covelli, que a pesar del dolor se volcó a trabajar de lleno en este proyecto de ley”, dijo Carmen Rosa.
Antes de llegar a la Cámara de Diputados de la Nación con la iniciativa de ella y de tantas otras madres, Carmen Rosa habló con concejales y legisladores provinciales y en este segundo caso la respuesta fue la indiferencia.
“Le presenté el proyecto a la diputada provincial la médica del hospital Perón Gladys Paredes y nunca me respondió; lo armé y lo presenté al Concejo Deliberante de Tartagal y fue el concejal Ernesto Restom quien lo presentó al cuerpo para que el día 17 de setiembre se haga una adhesión por el Día Mundial de la Seguridad del Paciente. Si bien se aprobó fue solo de compromiso, porque jamás se hizo nada de lo que yo propuse en el proyecto de resolución, como hacer un acto en la plaza o iluminar algunos edificios públicos, todo con el afán de crear conciencia. Siento que los políticos dicen: ‘Dale, aprobalo para que esta loca deje de molestar’. Yo jamás, en lo que me quede vida, voy a dejar de luchar; mi hijo ya no está, y eso hubiera querido de su madre, que luche”. 

CORRESPONSALÍA TARTAGAL

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