“Las estadísticas evidencian la precarización que hay en las condiciones de vida de la sociedad”    

El miércoles se dieron a conocer los resultados de una encuesta que realizó Unicef Argentina sobre la situación de la niñez y la adolescencia, que reflejó datos alarmantes: más de un millón de niños se saltean una de las cuatro comidas y más de uno de cada tres hogares dejaron de comprar algún alimento por falta de dinero. La mayoría de los hogares comen menos carne y casi la mitad comen menos frutas, verduras y lácteos.
Desde el organismo internacional advirtieron que esta situación, que se da a nivel nacional, se agudiza en las provincias del norte y en Salta en particular.
La presidenta del Colegio de Servicio Social y Trabajo Social de la Provincia de Salta, Natalia Aguilar, reflexionó a partir de estos datos y de la situación que ven los profesionales en su labor cotidiana.

¿Qué observa a partir de estos datos que se conocieron?
Es importante pensar que este informe devela o pone en evidencia lo que ya se viene planteando desde los diferentes sectores de la sociedad con respecto a la precarización que hay en relación a las condiciones de vida de la sociedad. Esto impacta en mayor medida en grupos sociales con mayores dificultades y en situaciones de mayor vulnerabilidad social, económica y habitacional.
Vemos que la respuesta del Estado a través de políticas sociales destinadas a cubrir necesidades básicas como alimentación resultan insuficientes porque hay un desajuste en cuanto a políticas destinadas a controlar las especulaciones del mercado.
Con la inflación, por más que haya aumento en asignaciones y respuestas del Estado en cuanto a dispositivos como Tarjeta Alimentar, Asignación Universal por Hijo o el dinero que se destina para merenderos resultan insuficientes. 
La especulación del mercado y la creciente inflación hacen que nunca podamos llegar a cubrir estas necesidades.

¿Cómo la alimentación?
La gente posterga cuestiones básicas. Empieza por lo menos impactante, como vestimenta, salidas o reduce la calidad de las cosas que compra. 
Con esta situación económica llega un punto en que las familias tienen que decidir quiénes comen, cuánto y la calidad de la alimentación.

¿A qué se refiere con especulación?
A la especulación de los precios. Alimentos de primera necesidad, que son de nutrición básica, tienen un valor tan excesivo que no son de fácil acceso para las personas: proteínas, como carne, huevos o lácteos; las verduras.
En las noticias vemos que hay productores que tiran su producción, como verduras o frutas. Hay una necesidad de ponernos a pensar en nuestra responsabilidad civil y ética como ciudadanos desde el lugar que nos toque.
En este momento vemos que hay una incidencia de las leyes del mercado por encima de las necesidades sociales.

¿Qué quiere decir?
El autor José Luis Coraggio, en su libro “De la emergencia a la estrategia: más allá del ‘alivio de la pobreza’”, cuestiona “el rol disciplinador que ejerce la economía de mercado en la vida de las personas” y nos propone “resignificar la economía como una herramienta al servicio de la gente”. 
Propone el enfoque de la economía del trabajo, “no como una respuesta para atenuar la crisis, sino como una política de Estado con efecto democratizador y redistributivo de largo plazo”.
El Estado capaz puede incrementar la cantidad de dinero que se otorga a través de los dispositivos pero, si no se atienden estas especulaciones, nos afecta a todos.

Y más, a los más vulnerables...
Claro, todas estas carencias en la alimentación y, más en un momento de crecimiento como la infancia y la adolescencia, tienen una consecuencia en el desarrollo, la escolarización, la salud. Después, resulta mucho más caro porque se atienden enfermedades, por ejemplo, crónicas que demandan otros recursos y atención.
Nosotros acompañamos a las familias en este proceso, pero es necesario un lugar más presente del Estado en relación con esta especulación. Las medidas que se toman resultan insuficientes y eso incide en el crecimiento de otras problemáticas, como adicción, violencia, malestar, inseguridad e intolerancia. En estos momentos, ante cualquier situación, la violencia se hace presente y eso se transmite a nuestras infancias y juventudes.

En la ciudad de Salta, ¿donde ven que está más complicada la situación?
En los barrios de la periferia, que siguen creciendo, se ve que son muy importantes las estrategias de supervivencia que se instalan, como la apertura de merenderos, donde muchas veces los niños, adolescentes y adultos mayores reciben la alimentación más fuerte. 
En la casa se prioriza a qué se destina ese recurso que llega. Si bien la Tarjeta Alimentar y la AUH cubren una parte, pero no todo.
A los merenderos accede un grupo y a veces la demanda es tanta que hay gente que queda en las márgenes, sobreviviendo con estrategias más precarias que otros.

¿Qué tipo de estrategias?
Las estrategias de conseguir el empleo diario, la famosa changuita, ha disminuido porque no hay una posibilidad de oferta laboral hasta en ese sentido. Está frenada la construcción y también hay una especulación con eso.
Hay una cadena que hace que las condiciones de vida tengan un impacto importante en lo cotidiano. Sin embargo, siempre decimos que no hay que pensar negativamente y ver por dónde podemos aportar algo para que nos ayude a transformar. Por ejemplo, funcionan huertas comunitarias o huertas familiares, como una forma de producción más bien doméstica, que sirven como para atravesar la urgencia del momento, aunque no tienen que ser la respuesta final.

Los jubilados también la pasan mal, ¿no?
Sí, los adultos mayores tienen un plus. El ingreso, por un lado, es muy bajo y, por otro, el acceso a los servicios de salud es limitado... Los que tienen jubilación tienen focalizado el acceso a la salud a determinados prestadores que responden al PAMI. Son muchísimas personas que atienden uno o dos profesionales y no llegan a cubrir la demanda de la gente. Esto, sumado al incremento de medicamentos.
Un adulto mayor necesita alimentación diferencial por el momento de la vida en que se encuentra, así como los niños.
Los ingresos con los que cuentan los jubilados resultan insuficientes y en los ingresos familiares cuentan con eso para cubrir la canasta del grupo familiar. Es importante la incidencia que esto tiene en los adultos mayores...    

Hace poco se conoció el suicidio de dos ancianos en Metán...
Hay una sensación de orfandad, de que estamos solos. La sociedad muchas veces siente eso. Lo importante es generar estrategias y acompañamiento a los grupos de mayor vulnerabilidad para que sientan la presencia de un otro ocupándose de ellos.    
Es importante pensar en la responsabilidad que tenemos. Desde nuestro lugar y nuestro quehacer cotidiano algo podemos hacer, como ciudadanos y profesionales.    
 

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