La impronta de Joaquín Castellanos

Cada etapa histórica se caracteriza por sucesos y protagonistas que de un modo u otro dejan su impronta en la vida de los pueblos, y de ese modo la definen. La azarosa, creativa, polémica, y por momentos inasible figura del escritor, abogado y exgobernador Joaquín Castellanos fue una de ellas, no solo para la Salta que lo vio nacer el 21 de abril de 1861, sino también en el escenario político y literario de nuestro país, donde desarrolló su existencia hasta su muerte, acaecida el 28 de septiembre de 1932, en Tigre (Buenos Aires). Fue esencialmente un humanista, con una visión universal y con un compromiso irrenunciable con su Patria. Desde joven se impregnó de la filosofía positivista imperante en su época, de igual modo se interesó por los nuevos movimientos intelectuales tan en boga en Europa, en esa etapa de transición entre los siglos XIX y XX.

Muchos salteños tienen un conocimiento parcial de su trayectoria; recuerdan al Joaquín Castellanos que en plena juventud saltó a la fama con su poema "El borracho", publicado en 1887, sin duda fue su obra literaria más popular, aunque no la más sobresaliente, como el Nuevo Edén, El viaje eterno, La gran querencia, Tierra madre, etc.

Con el transcurso del tiempo, cada vez con mayor intensidad, irrumpen en el alma del joven salteño dos pasiones que serían determinantes para su vida: la literatura y la política. Con igual empeño inició su carrera política, impregnada de idealismo y espíritu casi místico por la Argentina. Sus estudios los cursó primero en Salta, y luego los secundarios los concluyó en Rosario de Santa Fe.

Años después, radicado en Buenos Aires, vuelca sus inquietudes en el periodismo y la poesía, obteniendo logros en su producción intelectual: en 1884, su poema El viaje eterno fue merecedor del premio de honor, aclamado por el jurado por unanimidad y con entusiasmo.

Desde principios de 1890 una parte significativa de la comunidad nacional manifestó su repudio al orden político e institucional que encarnaba el sucesor del Gral. Roca, Dr. Juárez Celman. El joven Joaquín Castellanos integró el grupo de entusiastas simpatizantes del caudillo Leandro N. Alem. También tomaron parte de este movimiento otros comprovincianos, como Pablo Saravia, el subteniente José Félix Uriburu, Damián Torino, Martín Marcos Torino, Delfín Leguizamón, Aniceto Latorre entre los más recordados.

En la Asamblea Popular desarrollada en el teatro Onrubia el 13 de mayo de 1890, él estuvo entre los oradores, cuando le cupo dirigir la palabra Castellanos afirmó: "Los fraudes, las venalidades y los abusos no me sorprenden; son actos de hombre; con frecuencia se han cometido y nunca podrán extirparse en absoluto. Pero lo que distingue una administración honrada de un gobierno desmoralizado es que en aquella se castigan los actos punibles que en este se toleran. ¡¿Qué digo se toleran?! Entre nosotros se estimulan y se premian delitos que en otra parte harían que sus perpetradores llevaran remachado al pie un grillete de presidiario". La Unión Cívica celebra su primera Convención Nacional en Rosario a principios de 1891. Allí, Joaquín Castellanos propone que a partir de ese momento el partido se denomine Unión Cívica Radical.

Castellanos se impregnó del pensamiento liberal, no cabe duda, pero cuando se desglosan sus conceptos surge como evidencia tangible una visión nacionalista, muy arraigada en él, y como testimonio de lo afirmado, resulta indagar su labor parlamentaria, en sus cuatro períodos consecutivos como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal. Baste recordar la legislación contra el latifundio, la elaboración de programas de estudios para la enseñanza primaria y secundaria, su voto de apoyo a la sanción de la Ley del Servicio Militar Obligatorio. Al fundarse la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires fue designado como primer titular en la cátedra de Historia Argentina.

En 1916 asume la Presidencia de la Nación Hipólito Yrigoyen, y en Salta, como gobernador, Robustiano Patrón Costas. Pronto a concluir su mandato las fuerzas radicales solicitan al Poder Ejecutivo Nacional el envío de un interventor federal, invocando en dicha petición la inexistencia de garantías suficientes para que los próximos comicios estuvieran exentos de fraude.

Pese a ello, existió un hecho real, imposible de ocultar. El primero de todos los radicales que se resistía a que Joaquín Castellanos gobernase Salta era don Hipólito Yrigoyen, el mismo primer mandatario de la Nación, ya que los candidatos de su simpatía eran Aniceto Latorre o en su defecto Pablo Saravia. Ante la inminencia de los comicios y con el objeto de que no triunfasen los conservadores, que contaban como candidato a Manuel Alvarado, el radicalismo aunó criterios en torno a una figura con proyección nacional y postuló a Joaquín Castellanos, quien se convirtió en el primer gobernador radical de Salta. Su gobierno se extendió entre el 7 de enero 1919 hasta su renuncia, tras un pedido de intervención planteado en la Legislatura, el 25 de octubre de 1921.

¿Cómo calificar su gestión? Administrativamente puede conceptuarse ordenada, a pesar de incurrir en errores tales como solicitar licencia en su cargo al poco tiempo de asumir sus funciones, lo que provocó un gran descontento en las filas de su propio partido, en la oposición y sectores de la prensa. Pero sin duda lo determinante, lo que desequilibró el accionar gubernativo fue su relación compleja con ambas cámaras legislativas. Ese ambiente enrarecido desembocó en el pedido de una Intervención federal a la provincia, que se debatió en el Congreso Nacional.

Durante el gobierno de Castellanos, sin embargo, se elaboraron una serie de leyes tendientes a generar un mejor nivel de vida para todos sus habitantes. Como parte de los homenajes del dentenario de la muerte del Gral. Martín Miguel de Güemes, se dictaron las llamadas leyes libertadoras, rehabilitación del gaucho y del indio, y de protección a los trabajadores. La creación de la Escuela de Manualidades revela una visión social innovadora para la época, lo mismo que la creación del Departamento Provincial de Trabajo, la ley general de caminos de la Provincia y ley de riego.

Pero si alguna causa encontró a Castellanos firme como a un soldado fue la construcción del ferrocarril transandino llamado Huaytiquina. En carta pública al presidente Yrigoyen, el gobernador salteño le enrostró dilaciones para el envío de partidas presupuestarias y omisiones políticas.

Joaquín Castellanos fue el primer gobernador que reivindicó al Gral. Güemes Su admiración la plasmó en una conferencia ofrecida en Paraná, que luego sería editada como "Güemes ante la Historia", en 1925. El 6 de septiembre de 1930, el también salteño José Félix Uriburu destituyó a Yrigoyen. Castellanos, al principio fue activo simpatizante de dicha revolución, pero con el tiempo se desencanta, lo que impulsa al político y exgobernante a dirigir dos cartas al presidente de facto. En la primera advierte que los postulados de la revolución día a día se estaban desnaturalizando. En la segunda carta, el exgobernador impulsado ofrece sus servicios de abogado a título gratuito para ejercer la defensa del caudillo detenido. En 1931 la flamante Academia Argentina de Letras designó a Joaquín Castellanos como miembro correspondiente junto a Juan Carlos Dávalos y a Carlos Ibarguren, en representación de Salta.

El legado significativo de Joaquín Castellanos, a todas luces lo constituye su pensamiento progresista, como previendo los años por venir, fue discípulo consecuente de las ideas de los hombres de la Generación del 80, tuvo mucho de Alberdi y Sarmiento, a quien trató en tres ocasiones, pero defendió con denuedo sus raíces norteñas reivindicando al hombre salteño, los fundamentos de las leyes mencionadas dan testimonio de ello.

 

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