¿Oriente vs. Occidente?

 

Las recientes maniobras militares conjuntas entre China y Rusia, en el contexto de la guerra de Ucrania y las tensiones desatadas alrededor de Taiwán, obligan a revisar las hipótesis sobre las posibilidades reales de una confrontación bélica entre Oriente y Occidente. Si bien la tesis predominante sostiene que la interdependencia económica entre Estados Unidos y China es un disuasivo eficaz para conjurar un enfrentamiento armado entre ambas superpotencias, otras voces  consideran que esa visión subestima la importancia de  los imponderables políticos que suelen cambiar el curso de la historia.

“Vostok 2022” fue la denominación de esos ejercicios en el oriente de Rusia (Vostok en ruso significa “Este”), desarrollados en trece lugares diferentes del Distrito Militar del Extremo Oriente, que abarca desde el lejano este, cercano a la frontera con China, hasta las islas Kuriles, cuya soberanía reclama Japón. Participaron en las maniobras tropas de India, Bielorrusia, Mongolia, Tayikistán, Laos,  Nicaragua y Siria. El operativo involucró a 50.000 soldados, 140 aviones y 60 buques de guerra.

Los operativos Vostok no son una novedad. Ya se  habían realizado en 2018 y fueron suspendidos por la pandemia. Vostok 2018 fue el mayor ensayo militar desde la disolución de la Unión Soviética en 1991. El anterior había tenido lugar en 1981, en plena guerra fría, durante el gobierno de Leonid Brézhnev. En su momento, la reanudación fue visualizada como la ratificación  de la intención  de Vladimir Putin de devolver a Rusia su protagonismo en el escenario mundial.

Para Beijing y Moscú, estos ejercicios son una respuesta a la estrategia de la “Alianza de las Democracias”, definida en 2020  por el presidente demócrata Joe Biden como piedra angular de su política exterior. La política de expansión de la OTAN hacia el este y la firma de AUKUS, una alianza entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia para contrarrestar la expansión china en los mares del Asia Pacífico, apuntan en esa dirección. Biden calificó a ese desafío como “una batalla  entre la utilidad de las democracias en el siglo XXI y las autocracias”.

             Rusia en los mares 

Para Moscú, Vostok 2022 no es un episodio aislado.  El 31 de julio pasado, en el marco de otro impresionante despliegue militar, en este caso un desfile naval en San Petersburgo, la antigua capital imperial, a orillas del río Neva y frente a la estatua ecuestre del zar Pedro el Grande, Putin anunció la nueva doctrina naval de Rusia  El texto oficial aprecia que “la potencia estadounidense quiere alcanzar una superioridad abrumadora en el poder naval para controlar el acceso a los recursos de todos los océanos y a las rutas de transporte marítimo vitales, al tiempo  que busca impedirle el camino al resto de los países”.

Putin denunció que esa intención de Washington representa la principal amenaza a la seguridad nacional de Rusia. Recalcó que “las principales potencias mundiales, que poseen una importante capacidad marítima y un sistema desarrollado de bases, siguen aumentando su presencia naval en zonas geopolíticamente significativas de los océanos del mundo, incluidas las zonas limítrofes con el territorio de la Federación Rusa”.

El líder ruso advirtió que “nuestra flota es capaz de fulminar como un rayo a cualquiera que se atreva a amenazar nuestra soberanía y libertad. La situación actual en el mundo requiere que Rusia tome decisiones adecuadas, prontas y decisivas. Estoy convencido de que la actual generación de marineros y oficiales es un pilar confiable e indestructible de la Patria. Para todos nosotros, la Patria es una noción sagrada y su defensa es el alto deber y el sentido de la vida de cada uno de nosotros”.

Rusia tiene 37.650 kilómetros de costas que se extienden desde el Mar del Japón hasta el Mar Báltico. Su nueva doctrina naval destaca seis regiones prioritarias: el Ártico, el Océano Pacífico, el Atlántico (que incluye los mares Báltico, Azov, Negro y el sector del Mediterráneo bajo su égida), el Mar Caspio, el Océano Índico y  la región antártica. Putin aspira a convertir a su país en una potencia marítima. Para ello, proyecta abrir sitios de mantenimiento naval en otros países. En ese plano hay que inscribir su interés por Venezuela, cuya ubicación geográfica le permitiría un fuerte posicionamiento en el Mar Caribe y en las proximidades del estratégico canal de Panamá.

          ¿El peligro amarillo? 

En Estados Unidos, el “peligro amarillo”, agitado en la década del 60 para alertar sobre el avance del comunismo de Mao Zedong, ha vuelto por sus fueros.  Algunos medios periodísticos alertan que podría producirse un “nuevo Pearl Harbour”, en referencia al ataque japonés que en junio de 1941 determinó el ingreso estadounidense en la segunda guerra mundial. El blanco de ese ataque sería la pequeña isla de Guam, ubicada a casi 10.000 kilómetros de Washington pero a sólo 2.700 kilómetros de Taiwán y 3.440 kilómetros de Corea del Norte, donde está instalada una de las bases militares norteamericanas más importantes del mundo.

Ese peligro explica el aumento del armamento norteamericano en el Asia Pacífico. Los expertos estiman que las defensas instaladas en Guam son insuficientes para hacer frente a una ofensiva con misiles en gran escala. El vicealmirante Jon Hill, director de la Agencia de Defensa de Misiles, presentó el cronograma de las nuevas defensas que estarán listas en 2026. A la recíproca, los chinos temen que Guam sea empleada como una plataforma de agresión contra su territorio.

Guam tiene una rica historia. Descubierta por Fernando de Magallanes en su célebre primera vuelta al mundo en 1521, fue ocupada por España en 1565 e incorporada a la Capitanía General de Filipinas. En 1898 pasó a manos de  Estados Unidos como consecuencia de la guerra hispano- estadounidense. Según  el historiador estadounidense Greg Grandin, el objetivo de aquella guerra no fue sólo promover la independencia de Cuba y  la ocupación de Puerto Rico sino apropiarse de las posesiones asiáticas de España para tener un punto de apoyo en el Océano Pacífico.

El mantenimiento del dominio estadounidense sobre una isla económicamente insignificante y una población de 180.000 habitantes, ratificado después de la independencia de Filipinas de 1946, corroboraría esa interpretación. Para el Pentágono, Guam es una “punta de lanza” en la región. Durante la guerra de Vietnam, la isla resultó fundamental para los bombardeos norteamericanos. Allí se almacenaban las toneladas de bombas que llegaban desde Estados Unidos.

El agravamiento de las tensiones entre Washington y Beijing después de la visita a Taiwán de la titular de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi,  provocó la reanudación de las maniobras militares chinas en la región. Durante seis días, los chinos realizaron simulacros bélicos que incluyeron disparos de misiles y quedaron interrumpidos los vuelos y la navegación en una de las rutas más transitadas para el comercio mundial.

La sincronía entre el operativo “Vostok 2022” y las maniobras chinas alrededor de Taiwán encendió las luces rojas en la OTAN, cuyos analistas tienen presente un párrafo muy elocuente del documento conjunto firmado en febrero pasado por Xi Jinping y Putin: “Las nuevas relaciones entre Rusia y China son superiores a las alianzas políticas y militares de la era de la Guerra Fría. La amistad entre los dos estados no tiene límites, no hay áreas prohibidas de cooperación”.

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...