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Cuatro vectores para el abismo

Lunes, 21 de agosto de 2023 00:00

Cuatro vectores redefinieron la sociología argentina. Cada uno con consecuencias que convergieron en el último resultado electoral. Cada uno con consecuencias que exigen una mirada más allá de las pasiones.

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Cuatro vectores redefinieron la sociología argentina. Cada uno con consecuencias que convergieron en el último resultado electoral. Cada uno con consecuencias que exigen una mirada más allá de las pasiones.

El primero es la cuarentena. El encierro absurdamente prolongado causó efectos deformantes y de toda índole en la sociedad. El principal a estos fines: un estado de excepción permanente, que sentó las bases para una creencia de que todo es posible estirando los límites de las leyes y las instituciones como un acordeón. Un modo de instaurar un mundo de fantasía y desboque.

El segundo son las redes sociales, con una dinámica profundizada por la cuarentena. Estableció un nuevo espacio de intimidad: un régimen que provoca la reflexión desde la instantaneidad de imágenes y discursos efectivos; y un nuevo modo de interpretar e interpelar la realidad. Toda, también la política.

El tercero es el gobierno más exótico de los últimos años. Desde su conformación trinitaria, con un poder atomizado, con subyugaciones y rendiciones de cuentas nunca vistas. Hasta el grotesco de un ministro que copó el Poder Ejecutivo de la mano de un conflicto de intereses que terminó de estallar luego de la elección: quedó claro que aquellos del país son distintos a los electorales personales. Pero lo que más importa ahora: una hiperinflación en curso luego de una devaluación desordenada; de manual.

El cuarto son las elecciones PASO, sistema que tiene por propósito formal aumentar la participación democrática, pero ha tenido como causa final servir de vehículo para un modo de votar irresponsable, que desengancha al votante de las consecuencias de su voto. Lo vimos en 2019, lo volvemos a ver ahora.

Si se juntan los cuatro términos de la ecuación, el resultado está a la vista: una tangente al sistema, al menos en apariencia. Es cierto que estos giros a regímenes con inclinaciones orates y egotistas se vieron en varios países, muchos de derecha disfrazada de liberalismo: Estados Unidos, Brasil, Reino Unido, Italia y Francia (por poco); México, Chile, Colombia y Ecuador (por la izquierda). Por lo que mejor mirar con atención y aprender… La pasión dominante en todos los casos es la bronca, la furia antisistema. La dificultad de esa manifestación es el "¿cómo?". Puestos a pensar por un instante, las propuestas vehementes no tienen chance de ocurrir, salvo que sea rompiendo el sistema; no encontrando la vuelta, ni siquiera el atajo; destruyéndolo, por dos caminos de excepción: el estado plebiscitario permanente o la instauración de decretos de necesidad y urgencia como regla.

Es la mirada simplista y pacata de que el Congreso no existe, de que la justicia no existe, de que la burocracia estatal no existe. Nada sirve. Privaticemos o rompamos todo, vaya astucia. Después viene la frustración. Va bajando la espuma de la descarga emocional y aparece la chance de oponer la razón a los cantos de sirena, de tomar conciencia que siempre se puede saltar al vacío, pero que es difícil terminar bien, por la ley de gravedad.

 

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