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El plan geopolítico de Evo Morales

Miércoles, 31 de enero de 2024 02:07

¿Puede existir alguna analogía entre lo que sucede en el Cuerno de África entre Etiopía y Somalia con la búsqueda de una salida al mar de un país mediterráneo con una larga historia imperial, y lo que sucede con la reivindicación marítima de Bolivia a partir de la virtual sublevación de Evo Morales contra el gobierno del presidente Luis Arce a raíz del fallo de la Corte Suprema de Justicia que inhibió la candidatura del líder cocalero para las elecciones presidenciales de 2024?

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¿Puede existir alguna analogía entre lo que sucede en el Cuerno de África entre Etiopía y Somalia con la búsqueda de una salida al mar de un país mediterráneo con una larga historia imperial, y lo que sucede con la reivindicación marítima de Bolivia a partir de la virtual sublevación de Evo Morales contra el gobierno del presidente Luis Arce a raíz del fallo de la Corte Suprema de Justicia que inhibió la candidatura del líder cocalero para las elecciones presidenciales de 2024?

Hace muchos siglos los historiadores hablaban de lo que en la antigüedad llamaban Etiopía como un reino situado en el corazón del comercio global de la época. Los tesoros de Roma y de la India fluían por sus puertos en el Golfo de Adén y el Mar Rojo. Un historiador bizantino del siglo VI describió un reino "con una vasta flota de barcos de madera". Los antiguos griegos incluso llamaban al sur del Océano Atlántico, a miles de kilómetros de las tierras altas de Etiopía, como "Mar Etíope".

Pero la Etiopía moderna, que es la segunda nación más poblada de África, es una nación mediterránea. Salvo en unas pocas décadas del siglo XX, durante las cuales anexó a la vecina Eritrea, independizada en 1993, nunca más tuvo línea costera. Como Bolivia, el país tiene también una pequeña Armada. De allí la ambición del primer ministro etíope, Abiy Ahmed de que su país vuelva a llegar al mar. Ahmed se queja de la "cárcel geográfica" de su país.

Semanas atrás, Ahmed anunció que había llegado a un acuerdo con Muse Bihi Abdi, presidente de la república separatista de Somalilandia, que arrendaría a Etiopía veinte kilómetros de su costa junto al puerto de Berbera. A cambio, Somalilandia obtendría el ansiado reconocimiento diplomático del gobierno etíope.

Somalilandia declaró su independencia de Somalia en 1991. Su territorio está situado en el noroeste somalí. La república separatista imprime su moneda, creó sus propias instituciones políticas y ganó la reputación de ser uno de los rincones más estables del Cuerno de África. Sin embargo, no es reconocida por ningún Estado miembro de las Naciones Unidas. Su esperanza es que si Etiopía la reconoce, el resto de África la siga. No hay que olvidar que la Unión Africana tiene su sede en la capital etíope, Addis Abeba.

En represalia, Somalia retiró a su embajador en Addis Abeba. El presidente Hassan Sheikh Mohamud, firmó un proyecto de ley que anula simbólicamente el acuerdo. La Unión Europea (UE), la Unión Africana, la Liga Árabe y la Organización de Países Islámicos emitieron declaraciones en defensa de la integridad territorial somalí..

Para Ahmed es la oportunidad de rehabilitar su imagen pública dañada por la crisis económica que experimenta Etiopía. La salida al mar es un problema existencial para la dirigencia de Etiopía desde hace largos años y este nuevo acuerdo es todo ganancia política interna para Ahmed, que de esta forma quiere legitimar su mandato con el sueño del retorno a la "era dorada" de una Etiopía que volvería a convertirse en potencia regional.

Una solución incaica

A principios de 2022, mientras se realizaba en Buenos Aires la reunión de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC) y en Perú las movilizaciones campesinas contra la primera mandataria Dina Boluarte cercaban Lima, Morales aterrizó en la capital argentina para impulsar su iniciativa de la RUNASUR, orientada a crear una confederación sudamericana de comunidades indígenas, cuya sigla conjuga el término "runa" ("hombre" en idioma quechua) con la UNASUR.

Un hilo subterráneo vincula a estos episodios. La movilización campesina sobre la capital peruana fue bautizada la "Marcha de los Cuatro Suyos", nombre de las cuatro regiones en que estaba dividido el imperio incaico hasta 1533, fecha de su caída en manos de los conquistadores españoles. Los promotores de la protesta, que exigían la renuncia de Boluarte, el llamado a elecciones presidenciales y legislativas y la convocatoria a una asamblea constituyente, enarbolaban como bandera la reivindicación de las mayorías indígenas del interior contra los privilegios de la "clase política" enquistada en Lima.

El alzamiento contra Boluarte tuvo como epicentro el sur del país, antigua sede del imperio incaico, limítrofe con el norte de Chile y de Bolivia. Cuzco (la histórica residencia de los incas), Arequipa (la segunda ciudad del país), Puno y Ayacucho (cuna de la guerrilla "maoísta" de Sendero Luminoso) fueron los cuatro principales focos de la rebelión, que contó con el respaldo de las autoridades locales. El gobierno de Boluarte denunció que las protestas eran alentadas por Morales y encubrían un intento separatista orientado a crear una "Cataluña peruana".

Históricamente no se trata de una novedad. En 1825 Simón Bolívar ya había sugerido dividir Perú en los estados Norte y Sur, con capitales en Lima y Cuzco, respectivamente. En 1836 el presidente boliviano Andrés Santa Cruz intervino militarmente y promovió la creación de la Confederación Peruano - Boliviana, integrada por Bolivia, Perú del Norte y el Estado Sur-Peruano. El experimento naufragó por la intervención de los ejércitos de Chile y la Confederación Argentina..

El ex vicepresidente Álvaro García Linera, un intelectual marxista erigido en ideólogo de Morales, preconiza la institucionalización de las comunidades indígenas como entidades subnacionales autónomas dentro de sus respectivos estados nacionales. Puntualiza que "la plurinacionalidad es el reconocimiento de los pueblos indígenas como naciones previas a las naciones republicanas".

García Linera postula la "una gran nación continental plurinacional, a nivel de todo el continente, respetando, manteniendo y conservando las identidades republicana nacionales y plurinacionales de cada país". Este rediseño permitiría institucionalizar una acción coordinada, al margen de los gobiernos nacionales de sus países, entre esas unidades subnacionales que agruparían a las comunidades indígenas y en particular entre la Bolivia andina, que incluye a los departamentos de La Paz, Chuquisaca, Cochabamba, Oruro y Potosí y las provincias del sur peruano

La propuesta de García Linera tiene como modelo a la Constitución boliviana de 2009, que define al país como un "Estado plurinacional" y otorga a las comunidades aborígenes un amplio grado de autonomía política, incluidos el respeto a la legislación indígena tradicional y a un Poder Judicial propio, independiente del poder central.

Pero detrás de su pretensión de autonomización de las comunidades indígenas del Perú meridional Morales buscaría forjar un acuerdo entre Bolivia y los gobiernos subnacionales de la región, sin participación del Estado peruano, para recuperar la salida al mar, perdida con la derrota en la guerra del Pacífico, consagrada jurídicamente por el fallo del Tribunal Internacional de La Haya, que en 2020 desestimó la demanda de entablar negociaciones con Chile para resolver el litigio.

Morales tiene presente que antes de llamarse Bolivia, esa región del imperio incaico era conocida como el Alto Perú. En su perspectiva, el "Perú del Sur" sería para Bolivia equivalente a lo que es Somalilandia para Etiopía: un territorio autónomo, construido en el imaginario del "sueño incaico", que permitiría a Bolivia cumplimentar su acceso al Océano Pacífico.

Los enemigos de Morales, entre ellos funcionarios próximos a Arce, sospechan que detrás de ese objetivo estaría la intención de abrir una vía para la salida de drogas desde del sur peruano, una alternativa que se vería incentivada por lo que ocurre en Ecuador, donde el gobierno del presidente Daniel Noboa ordenó a las Fuerzas Armada controlar los puertos marítimos para frenar su utilización por el narcotráfico.

El panorama podría enrarecerse todavía más ante la hipótesis de que la inhabilitación de su candidatura pueda llevar a Morales a desconocer la legitimidad de las próximas elecciones y al mandatario que resulte electo y atrincherarse en su reducto de Cochabamba para instalar un gobierno paralelo en la región lindante con el sur peruano.

* Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico

 

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