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Las raíces del ataque de ISIS-K en Rusia

Martes, 02 de abril de 2024 01:27

El sangriento atentado terrorista que conmovió a Moscú volvió a focalizar la mirada internacional sobre la metamorfosis de ISIS, cuya actividad dejó de tener como eje a Medio Oriente para trasladarse a Afganistán, Pakistán e Irán, avanzar desde allí hacia el Asia Central musulmana y ahora a Rusia, cuyo aparato de inteligencia insiste en acusar a Ucrania y sus aliados occidentales de alentar al extremismo islámico a fin de generar un nuevo frente de conflicto que entorpezca su despliegue militar en Ucrania.

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El sangriento atentado terrorista que conmovió a Moscú volvió a focalizar la mirada internacional sobre la metamorfosis de ISIS, cuya actividad dejó de tener como eje a Medio Oriente para trasladarse a Afganistán, Pakistán e Irán, avanzar desde allí hacia el Asia Central musulmana y ahora a Rusia, cuyo aparato de inteligencia insiste en acusar a Ucrania y sus aliados occidentales de alentar al extremismo islámico a fin de generar un nuevo frente de conflicto que entorpezca su despliegue militar en Ucrania.

Tras la caída de sus últimos bastiones territoriales en Siria e Irak, en 2019, a manos una coalición internacional liderada por Estados Unidos pero con la activa participación de Rusia, el autoproclamado Califato Islámico, que en sus orígenes se había diferenciado de Al Qaeda por su pretensión de consolidar una estructura estatal capaz de expandirse y que en 2014 llegó a ocupar una superficie de 100.000 kilómetros cuadrados con una población de 12 millones de habitantes, tiende a convertirse en un grupo terrorista más tradicional, con una amplia red clandestina de células involucrada en ataques guerrilleros, atentados con bombas y asesinatos selectivos.

Pero ese viraje estratégico tuvo una excepción significativa en Afganistán porque, en medio de la guerra de veinte años que desde fines de 2001 libraron los talibanes contra las fuerzas estadounidenses, en 2014 surgió el ISIS K, reconocido oficialmente como una rama del ISIS originario. La "K" responde a la proclamación del "Estado Islámico del Gran Khorasan", nombre histórico de una región que incluye parte de Afganistán, Irán, Pakistán y Asia Central.

Esta nueva rama del terrorismo sunita, integrada por ex combatientes talibanes, se hizo fuerte en el noreste de Afganistán y diseminó células en Kabul y en algunas ciudades paquistaníes. Entre los detenidos por las autoridades rusas por el atentado en Moscú figuran un ciudadano nacido en Tayikistán, otro en Kirguistán y un tercero en Uzbekistán, tres países asiáticos de tradición musulmana que fueron parte de la Unión Soviética.

A diferencia de los talibanes, cuyo objetivo estuvo siempre circunscripto a establecer en Afganistán una "república islámica", tal cual lograron con la retirada estadounidense en 2021, el ISIS K pretende transformar el territorio afgano en la base territorial para la internacionalización de la "guerra santa". En ese sentido, su táctica se asemeja a la empleada por Bin Laden y sus seguidores de Al Qaeda, que utilizaron las montañas afganas como refugio tras los atentados de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

Esa diferencia estratégica derivó en enfrentamientos cruentos entre ambos bandos. El ISIS se opuso a las negociaciones entre los talibanes y Washington. En los meses posteriores a la retirada estadounidense de agosto de 2021, inició una escalada de atentados contra los efectivos talibanes apostados en barrios donde reside la minoría étnica hazara, de confesión chiita y por lo tanto asociada con la vecina Irán, capital del culto chiita, archienemigo de los sunitas en el mundo islámico. En ese breve lapso, la organización extendió sus redes a la casi totalidad de las 34 provincias afganas.

En 2022 los combatientes de ISIS K atacaron la embajada rusa en Kabul, intentaron asesinar al representante diplomático de Pakistán y buscaron también atentar contra un hotel de la capital afgana donde estaba alojada una delegación china. En todos estos casos, la intención fue entorpecer las relaciones entre el flamante gobierno talibán y los países vecinos. Pero en los últimos tiempos esos actos terroristas desbordaron las fronteras afganas. En julio de 2023 milicianos de ISIS K interrumpieron un evento en Pakistán y asesinaron a 43 personas y en enero de este año perpetraron dos atentados suicidas en Irán que costaron la vida de otras 84 personas.

Las autoridades de Kabul iniciaron represalias contra el ISIS K, aunque los supervisores de las Naciones Unidas advirtieron que esa estrategia antiterrorista "parecen más concentrada en la amenaza interna que representa el grupo que en sus operaciones en el extranjero". De todos modos, el gobierno talibán emitió un comunicado para condenar el atentado de Moscú, al que denunció como "una flagrante violación de los estándares humanos", una regla que el régimen no respeta en su propio suelo.

Una revancha histórica 

Colin Clarke, analista de Soufan Group, una consultora de seguridad con sede en Nueva York, señala que: "ISIS K ha estado obsesionado con Rusia en los últimos dos años". Explica que el grupo "acusa al Kremlin de tener sangre musulmana en sus manos", en alusión a las intervenciones de Moscú en Afganistán, Chechenia y Siria. Destaca también que un número significativo de los cuadros de la organización es de origen centroasiático y que hay una numerosa comunidad de ese origen que reside en Rusia.

Esta particularidad abre terreno al análisis de un hecho subestimado por los analistas occidentales: si bien en términos históricos y culturales el Islam es originario del mundo árabe, los cambios demográficos llevaron su epicentro desde Medio Oriente a Asia, una trasferencia comprensible si se recuerda que los musulmanes entraron en Asia en el siglo IX y desde entonces fueron un factor permanente de la política regional.

El imperio mogol, fundado por Gengis Kan en 1206, fue el segundo más extenso de la historia, después de Roma. En su momento de máximo esplendor alcanzó los 24 millones de kilómetros cuadrados, que incluían partes significativas de las superficies de China, India, Rusia e Irán. Su caída en 1368 no extinguió una presencia cultural perduró a través de los siglos.

De allí que no pueda llamar demasiado la atención que el país con la población musulmana más numerosa del mundo sea India. Resulta sí una paradoja que los ingleses, antes de retirarse de su antigua colonia, crearan a Pakistán como un estado independiente para albergar su comunidad islámica y protegerla de una mayoría de religión hinduista, con la que mantenía, y aún mantiene, una relación de abierta hostilidad. Esa paradoja es más patente si se repara en que, mucho antes que Afganistán, Pakistán fue la primera "república islámica" del mundo, lo que explica su apoyo a la resistencia islámica contra la ocupación soviética y, aunque subrepticiamente, a los talibanes ante la intervención estadounidense.

Pero en el caso específico de Rusia la historia arroja una explicación adicional. La desaparición de la Unión Soviética devolvió la independencia a las regiones de Asia Central que habían sido parte del imperio zarista. Hélene de Carrére, una célebre sovietóloga francesa, en su libro "Reforma y Revolución entre los musulmanes del imperio ruso", narra con precisión la trama de la ocupación bolchevique de los antiguos emiratos de Asia Central, sometidos luego a un proceso de "rusificación", que incluyó un masivo traslado de población rusa que pasó a convertirse en la minoría dirigente durante la era comunista. En medio del vacío dejado en 1991 por la caída del poder comunista, las ex repúblicas soviéticas de Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán iniciaron un conflictivo proceso de transición en el que la clase dirigente pro-rusa se mantuvo en el poder y enfrentó la rebeldía de una población que ya desde la década del 80, tras la victoria de la Revolución Iraní en 1979 y el impacto de la invasión soviética a Afganistán en 1980, experimentaba un renacimiento de sus tradiciones religiosas, traducido en frecuentes levantamientos populares sofocados y en la aparición de movimientos políticos que reivindican el islamismo.

En ese escenario convulsionado y caótico el ISIS K encontró un terreno fértil para su expansión. Sostenido por una memoria cultural aletargada pero jamás borrada definitivamente, el fundamentalismo islámico concibe el atentado de Moscú como parte de una revancha histórica.

* Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico

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