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Devoción en Cerrillos: la gruta de la calle Ushuaia reunió a los vecinos en torno a la Medalla Milagrosa

La devoción a la Virgen de la Medalla Milagrosa volvió a latir con fuerza en Cerrillos y convirtió a una gruta de barrio, sencilla pero llena de detalles, en el corazón de la fe y el encuentro entre vecinos, con misa, procesión y nueve días de oración compartida.
Domingo, 30 de noviembre de 2025 10:05

Durante nueve jornadas, la gruta ubicada sobre calle Ushuaia se transformó en punto de referencia para rezar, agradecer y pedir por la salud, el trabajo y la familia. Vecinos de la zona centro y de otros barrios se fueron sumando cada tarde, con sus sillas, estampitas y sus historias a cuestas. Lo que empezó como una simple novena se terminó convirtiendo en una auténtica fiesta del barrio.

La advocación de la Medalla Milagrosa, asociada a la protección, la sanación y la fortaleza para los creyentes, también fue el motor de algo muy simple pero profundo, la unión de la comunidad. Las oraciones se ofrecieron por enfermos, por personas sin trabajo, por los chicos y por las necesidades de cada familia. No faltaron los momentos de emoción, cuando la gente compartió sus pedidos para ser leídos en público.

En la fiesta central, la imagen de la Virgen de la gruta no estuvo sola. Llegaron también imágenes de otros barrios de Cerrillos y una réplica del Señor del Milagro, reforzando ese lazo tan salteño entre las distintas devociones. El espacio fue ornamentado con delicadas flores blancas, manteles y luces, que le dieron al lugar un clima especial, sencillo pero muy cuidado.

Más allá de lo estrictamente religioso, todo lo vivido fue resultado del trabajo silencioso de los propios vecinos. Entre los más mencionados aparecieron nombres como Matías Sayús García, María del Carmen Jora, Karina Burgos, Sergio Gareca y muchas otras personas que pusieron tiempo, ganas y habilidad para que todo saliera bien, desde limpiar y decorar, hasta organizar la misa y la procesión por las calles del centro cerrillano. A lo que se sumó un refrigerio a la canasta.

La celebración de la misa estuvo a cargo del cura párroco local, Pablo Romero, mientras que el acompañamiento musical lo brindó Carlos Valenzuela, que con cantos marianos fue marcando los momentos más fuertes de la ceremonia. Las voces del barrio le dieron un marco especial a la procesión, que recorrió las calles como una caravana de fe.

En medio de la celebración, Ana Marín se tomó un momento para recordar a los viejos impulsores de la devoción a la Virgen en Cerrillos, como el diácono Diego Guzmán, Francisco “Pancho” Díaz, Miguel Plaza, Pedro García, Mary Magno, Alberto Pastrana, Ema Romero y el señor Arias, entre otros. Todos ellos, allá por los años 80, trabajaron casi en silencio para sembrar la devoción a la Virgen María en el pueblo. Hoy, esa semilla sigue dando fruto en nuevas generaciones.

Cada 27 de noviembre, los católicos celebran a la Virgen de la Medalla Milagrosa, advocación nacida en Francia y extendida a todo el mundo. Su historia remite a las apariciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré, una humilde religiosa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, a quien le pidió que se acuñe una medalla como signo de gracia y protección para quienes la lleven con confianza.

Esa tradición, que cruzó océanos y siglos, encontró en Cerrillos un rincón propio, con acento bien salteño. Entre rezos, recuerdos y proyectos para el año que viene, los vecinos ya piensan en cómo seguir cuidando la gruta de calle Ushuaia, para que siga siendo un lugar de encuentro, esperanza y compañía en el día a día del barrio.

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