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Palabras y memorias compartidas por Melania Pérez, Severo Báez y Rubén Patagonia. Sembradores que, al partir, nos dejan el compromiso de habitar nuestro tiempo y territorio con la palabra propia.
Kopla Vera es el nombre del documental que hizo Norberto "Negro" Ramírez en los primeros años de este milenio. Jesús Ramón Vera es el Vera de la copla, y del título. Y protagonista de la película. Hay una escena en la casa de Rafaela Gaspar y Severo Báez, en Villa Primavera, en tiempo de carnaval; en esa película Ramón no es el único protagonista, me corrijo. No. Allí una Salta, un lugar, muchos lugares y voces y haceres lo son. He visto ese trabajo del Negro muchas veces. Dice mucho.
La primera vez fue en el 2004, creo, cuando se presentó en la Casa de la Cultura y estuvimos con Ramón, los amigos que –como en el 2001- acompañamos al poeta comparsero en el entonces Teatro de la Ciudad (hoy Tienda San Juan), cuando presentaba COM.PAR.SA.
Desde este 14 de enero, le estuve dando vueltas al álbum "Los pájaros de la memoria" y, por supuesto, me encontré con "Las madres de la plaza", de Gerardo Núñez y Ramón. Lo canta Melania Pérez, y antes de que su voz nos diga desde el amor/ dolor, otra voz, la del poeta Miguel Ángel Pérez, dice "Anoche lo nombramos", poema para Alberto Burnichon, el editor perseguido y asesinado por la dictadura por su trabajo, su apasionado trabajo.
Y también le daba vueltas a una entrevista que le hice a Melania hace un par de años, para El Tribuno. Y no pude escribir. Hasta ahora que las palabras se van diciendo solas, porque tienen sus tiempos.
La muerte de la cantora y coplera me inmovilizó, y no. En todo caso la inmovilidad estaba por fuera. Por dentro, un río torrentoso me hizo irme a esos lugares de la memoria. La quería mucho, conociéndola solo por su arte y por un par de charlas que tuvimos, entre ellas la entrevista del diario salteño.
Carlos Vargas me había escrito cerca de las 12 de ese día, el 14, con la noticia. La mala noticia. Y hoy recién puedo concluir ese silencio, empezar a decir. Dani, una amiga periodista, me escribió avisándome sobre la partida de Severo Báez, el 15. Pensé en doña Rafaela y en Viviana, y en los otros hijos de ese matrimonio de vallisto y puneña. Y en Villa Primavera, en el oeste de la ciudad. Y en los cerros y los pueblitos de estos lugares, que van con uno, que respiran con uno, incluso en la ciudad, en las ciudades, en los barrios y villas.
También ese día, un rato después, llegó la noticia de la muerte de Rubén Patagonia. Es mucho, me escribe Dani. Tiene razón. Y llegamos aquí. A leernos, leyéndonos. De eso se trata. Decir la palabra propia.
Voces que nos digan
Habitantes como somos de estas fronteras, de tiempos y lugares (en muchos sentidos), sabemos -quienes respiramos estos aires- que en ellos es necesario, imprescindible escuchar voces que nos digan. Para tomar nuestras propias voces, apropiarnos de ellas con ellas. Pensar, hacer, decir, sentir en comunidad. En comunalidad, diría Zulma Palermo, haciéndonos parte de un lugar colectivo que respira desde hace un tiempo en el continente. Y que muchos como esta mujer quieren recuperar, habitar.
Volviendo a los que han partido recientemente… Estos decidores y hacedores de nuestras cosas lo hicieron desde siempre. Desde el asombro entre los cerros de los Valles Calchaquíes, en su camino de llegada a la ciudad, con sus cositas de su pueblo, entre ellas la caja, en el caso de muchos como Severo y doña Rafaela; o en una Salta de techos bajos y de encuentros con amigos y amigas poetas, artistas, copleando, cantando, militando, Melania. En la inmensidad de la tierra y el mar de Comodoro Rivadavia, ese changuito nacido como Rubén Chauque y que adoptó su lugar como emblema y nombre. Y cantando, diciendo en mapudungun, su idioma, su cara de indio, su memoria de mapuche, su presente de indio.
Mucha historia y camino en estos caminantes de su propia memoria y de la que construyen los pueblos, a veces tan separadas, tan violentamente cercenadas de los cuerpos y territorios.
Liliana Herrero vino a Salta. Me puse a escuchar Fuera de lugar, su último disco. Tantas preguntas nacen de esa placa… Tanta vida y amor. Mariano Agustoni la acompaña al piano en "Somos" (poema de René Char), el primer tema. "Somos parecidos a esos sapos/ que en la austera noche de los pantanos/ se llaman sin verse, doblegando/ con su grito de amor/ toda la fatalidad del universo", dice Liliana palabras del poeta René Char.
Estas oraciones muy dispersas quieren volver sobre Rubén, sobre Melania, sobre Severo, sus voces, sus tiempos y memorias y no hay modo. O sí. Lo hay en este compartir con amigos/ amigas y, también, con lo que comunica el silencio y las palabras que nos habitan cuando sentimos y callados miramos para adentro muy lejos. Y encontramos esas voces que nos dicen.